PANORAMA INFORMATIVO (XVIII)
Nos dijo Clausewitz que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, y en la guerra se trata de imponer (o no dejarse imponer) una voluntad sobre el oponente. Hay ciertos temas sobre los que hay unanimidad y las discordias se dirimen con debate, si se trata de historia la discusión es más encendida cuanto más reciente es el tema tratado o cuando se compara la situación de entonces con la actual. Si se trata de ciencia, hay un debate de ideas enriquecedor, en este caso la confrontación aporta y facilita el entendimiento. Si se trata de deporte, se puede o no caldear un enfrentamiento pero los resultados están ahí y la discusión es un consuelo, Pero cuando se entre en la política se acabaron las buenas maneras, hay más enfrentamiento que debate. Las redes sociales tienden, encima, a polarizarlo y radicalizarlo. La discusión acaba derivando y ya no se trata de tener o no razón, sino de llevarse el gato al agua.
Los medios de comunicación, fieles a su línea editorial, favorecen el enfrentamiento e incluso lo llevan a otras áreas. Haciendo el juego a los políticos intencionadamente o no. La política se ha metido en el deporte, el FC Barcelona es más bandera del independentismo que del buen fútbol, se escala al Everest para hacer propaganda de ETA. Las opiniones, sobre todo las políticas, se imponen sobre la información y complementan cualquier actividad. No es de extrañar que los medios informativos se hayan convertido también en núcleos de opinión. La opinión llega a influir al punto de decidir qué se informa, cómo se informa y para qué se informa. Desde hace tiempo el diario El Pais decidió un trato especial sobre el boxeo, no se darían noticias que pudiesen favorecer su práctica, pero si aquellas que pudiesen ir en su detrimento, según esta disposición no se publicaba que un púgil había sido campeón de Europa, pero si que un luchador de un lugar recóndito había fallecido en un combate. No lo dudemos, la línea editorial influye en la información.
¿Y para que influir en la información? Sobre todo para influir en la sociedad, orientarla hacia una forma de pensar. A partir de este momento se deja a un lado el conocimiento, la información no se usa para enriquecerlo, sino para influir sobre la percepción de cada uno, la información cede ante la opinión y ésta empieza a ser propaganda. Y no se trata de exaltar las cualidades de una marca y los perjuicios de otra, sino de una ideología. Los medios no pueden evitar sustraerse y entran de lleno, es una pugna que sobrepasa lo económico y alcanza lo ideológico. La información pasa a ser un arma y todos, los políticos los primeros, buscan la manara de utilizarla en contra del adversario. Y dentro de los protocolos caben tanto el prejuicio como el perjuicio.
Y el papel del público es el de campo de batalla, inconsciente la mayor parte de las veces, del hecho de que es el objetivo de una manipulación de unos y otros, de inclinar su percepción hacia un sentido determinado. En definitiva, de que alguien intenta imponer una voluntad sobre otros. No hay disparos, pero hay consignas. A partir de aquí se originan muchas preguntas. Que cada uno se haga las que considere convenientes y se la responda como realmente crea. Estamos en guerra.