10 junio 2020

REPARTO DE RESPONSABILIDADES


CRONICAS DEL CORONAVIRUS (II)
Empleamos una mirada exigente. Mientras no alcancemos el éxito- superar la pandemia y superar la parálisis económica – estamos instalados en el fracaso. Y siempre la pérdida de vidas oscurecerá este tiempo. Pero no por eso debemos dedicar nuestros esfuerzos a endosar la responsabilidad a otros, ese viejo expediente de buscar un culpable, siempre ajeno. Ese truco balsámico, pero poco certero. E inútil para alcanzar metas.
Xavier Vidal Folch.



El COVID-19 ha dejado patente la vulnerabilidad de nuestra sociedad, si recurrimos al léxico militar, aunque a algunos no le guste, hemos sufrido el equivalente a un ataque biológico secuencial, empezando por China, extendiéndose por Asia, atravesando el mundo hasta llegar a América pasando por Europa, Rusia y África en un trimestre. A la mayoría este ataque les ha cogido por sorpresa, aunque hayan podido tener algún tiempo para prepararse.

Hemos intentado buscar culpables, tarea inútil. El único culpable de esta pandemia es un virus, el recurso fácil es pagarla con la explicación más simple o la conspiración más rocambolesca, desde una sopa de murciélago, la celebración de una manifestación, soldados americanos esparciendo el virus en China o laboratorios chinos desarrollando este virus. Indudablemente, aunque no haya culpables, hay muchas responsabilidades.

En España tuvimos un aviso, la cancelación del Mobile World Congress, aunque ahora parezca justificada, en su momento trajo controversia tanto social como política. No sabemos, y probablemente nunca podremos saber, cómo influyó esta cancelación en el número de casos habidos en Barcelona y en la evolución de la enfermedad en esta ciudad. Si se celebró la FITUR en Madrid, tampoco sabremos cómo ha influido en los casos habidos en esta ciudad y nunca podremos determinar cuántos habría habido si no se hubiese celebrado. Lo que si puede ser cierto es que la celebración de la feria y la cancelación del congreso han influido, de acuerdo con lo publicado en elpais.com el 23 de abril, el coronavirus entró en España en febrero y por 15 vías distintas. Ya dentro de la pandemia, el 8 de marzo, se celebró una manifestación multitudinaria y feminista con eco en otras ciudades, está claro que muchas de las mujeres que participaron en ellas pudieron llegar a casa borrachas, pero no solas, sino acompañadas por un virus. Ese mismo día se celebró un congreso de VOX en la plaza de toros de Vistalegre en la que se reunieron 9000 personas (un ¿éxito? De convocatoria). También miles de personas asistieron a los estadios para ver jugar a sus equipos. Tampoco sabemos cuántos miles de personas visitaron bares, restaurantes y locales de ocio y copas ese fin de semana. También es verdad que esa misma semana se publicó y anunció en los medios de comunicación que las autoridades sanItarias europeas y la OMS consideraban que no era adecuado celebrar esas manifestaciones. También sabemos de las dudas que se planteaban para disputar los partidos de fútbol a puerta cerrada. ¿Hay responsables?

Por supuesto que hay responsables, pero no solo uno, deberíamos considerar que ha habido una cadena de responsabilidades en la que bastaba un eslabón para romperla. El primer eslabón de la cadena es el Gobierno por haber permitido, incluso animado, participar en cualquiera de estos actos, por supuesto, pero también es cierto que el Ejecutivo no estaba presionado para cancelar ninguno de ellos, de hecho habría sido muy criticado si hubiese cancelado cualquier evento. Indudablemente tiene su responsabilidad, y debería dar explicaciones y no delegarla los expertos (“nosotros hicimos lo que nos dijeron los expertos”). Los expertos establecen un escenario para facilitar la toma de decisiones, si tienen que explicar algo es porqué se equivocaron en el diseño de este escenario, si es que lo hicieron, y hasta ahí llega su responsabilidad, el Gobierno deberá explicar más detalladamente su decisión.

El segundo eslabón lo forman los diferentes organizadores de los eventos, la Comunidad de Madrid, su Ayuntamiento y su Cámara de Comercio pudieron cancelar la FITUR o posponerla, como hicieron los organizadores del Mobile World Congress pese a las presiones del Gobierno, la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona. También las delegaciones asistentes pudieron renunciar a participar. La dirección de VOX pudo también posponer su congreso o cancelarlo, pero prefirió celebrarlo (quizás como desafío a la manifestación). Las directivas de los clubes pudieron hacer que se disputasen los partidos a puerta cerrada, pero optaron por las multitudes. Los propietarios de bares y locales pudieron cerrarlos o limitar su aforo, pero tomaron otra decisión. Todos ellos tienen su cuota de responsabilidad, no sirve decir que no sabían nada y que nadie les indicó que debían cerrar su negocio, ninguno tenía la obligación de mantener abierto, o celebrar partidos y congresos.

Y hay un tercer eslabón, el formado por las personas, nadie estaba obligado a asistir, todos tuvimos la oportunidad y acceso a la información para tomar nuestra decisión. En todo caso la asistencia a ferias, congresos, manifestaciones, partidos y juergas fue un acto voluntario, fruto de una decisión de la que cada uno es responsable. Después de todo, las decisiones que toma cada uno son la base de su libertad individual.

El pretender hacer al Gobierno responsable exclusivo, delata la intención de hacer que el Estado asuma un papel tutelar sobre nuestra vida negándonos el ejercicio de nuestro propio albedrío. En resumen, debemos exigir muchas responsabilidades, empezando por nosotros mismos, y admitir que podemos ser parte del error.

En este ambiente, pensamos que estamos haciendo frente a una crisis sanitaria y que ésta implicará una crisis económica. Es quedarse corto, en realidad estamos haciendo frente a una crisis del sistema en la que diferentes ideologías quieren tomar o reafirmar posiciones. Antiglobalización contra globalización, república contra monarquía, ricos contra pobres, nacionalización contra privatización y un largo etcétera que podemos resumir en un enfrentamiento entre los que quieren liderar los cambios a los que tendremos que hacer frente, eso que han dado por llamar “la nueva normalidad”. Pero todos tienen el denominador común de tener una visión simplista y generalizada de la sociedad. A la hora de razonar, que pocas veces llega, generalmente se han justificado las ideas en condicional (si hubiésemos sido república…, si no hubiera habido recortes…, si fuésemos independientes…, si Pedro Sánchez no fuese presidente del Gobierno…, si no hubiese habido manifestación) que no dan, por sí, ningún rigor a la opinión limitándose a ser propaganda. El caso es que nos estamos moviendo entre la crítica más exacerbada y la autocomplacencia, sin permanecer en un punto medio que nos dé una perspectiva que permita contemplar la situación sin deformarla.

Nos han dicho que el virus no hace excepciones y que nos iguala a todos. Además han declarado día tras día, como un mantra y desde todas las tribunas y medios posibles que “nadie se va a quedar atrás”, pero a la fecha que se escribe ya se han quedado por el camino más de 27.000 personas. El 23 de abril el vicepresidente del Gobierno en rueda de prensa ha declamado que el virus no pregunta por ideologías y que no hace diferencias, pero los humanos preguntamos por la edad para establecer criterios de tratamiento en las unidades de cuidado intensivo. De una forma u otra tenemos que hacer diferencias.

Y es verdad que en esta súbita igualdad se han permitido excepciones, o se han pretendido establecer. Cada uno se ha fijado en su mundo, los deportistas han dicho que su trabajo es el deporte y, por tanto, podrían no estar sujetos al confinamiento, afortunadamente esta iniciativa no prosperó. También los diabéticos necesitaban caminar, como los autistas, y en vez de comprensión encontraron insultos y reproches desde las ventanas de sus vecinos, hasta el punto de llegar a haber una iniciativa de portar un brazalete azul para distinguirlos, algo tan necesario como como llevar una estrella de David bordada en la Alemania nazi. Un triste ejemplo de que también sale lo peor. Cuando la gente de la cultura ha visto que sus subvenciones podrían verse perjudicadas, cuando el ministro de cultura declaró que las ayudas tendrían que llegar cuando terminase la crisis, amenazaron con un silencio digital. Parece que la solidaridad de algunos artistas era un tanto interesada. Como deportistas y artistas, animalistas, ambientalistas y feministas han seguido a lo suyo.

Dentro de los privilegios también ha salido a relucir cierta hipocresía, muchos de los que han defendido vehementemente la sanidad pública y denostado a la privada han optado por tratarse en esta última. Es el caso de la ministra Carmen Calvo que fue ingresada en la clínica Ruber, se explicó que los funcionarios tienen un convenio, deberemos entender que este convenio beneficiará a unos funcionarios determinados, desde luego a todos no. En todo caso, no es una escenificación muy coherente con las ideas que se defienden.

Hay quien se ha escapado de la dictadura de los balcones y se ha ido a dar una vuelta fuera de su casa, con cualquier excusa (trabajo en Madrid, pero mi domicilio familiar está en Galicia) o sin ella. Muchos que ocupan, han ocupado o piensan ocupar un cargo en el que tienen dar ejemplo han faltado a este deber.

No podemos olvidar que asistimos a una crisis del sistema, la sanidad ha estado a punto de colapsar, el sistema económico tiene que recuperarse, en lo laboral ha aumentado el número de parados y habrá que financiar todas las subvenciones y pagas que se anuncian, lo cual obligará a modificar deuda e impuestos. ¿Y todo esto porqué?

El primer motivo es un mal endémico español, no ha habido un planeamiento nacional, se puede asegurar que en décadas no se ha contemplado cómo reaccionar ante una pandemia coordinadamente entre todas las instituciones nacionales y autonómicas. Podrían existir protocolos, pero aislados. La coordinación se ha tenido que hacer precipitadamente, ha sido improvisada, con desacuerdos y pocas referencias, que es lo que da el planeamiento. Y es que en España lleva tiempo siendo imposible planear a largo plazo o establecer una política nacional articulada debido a una manifiesta incapacidad para acordar, podemos comprobar que repercute en la sociedad. Se discute, se levanta la polémica, se toman posiciones inamovibles, la opinión prevalece sobre los objetivos a lograr y cuando llega el momento de actuar estamos inmersos en los desacuerdos y, cuando hace falta unidad, hay una multitud descoordinada afeándose actuaciones y diciendo lo que hay que hacer.

Nuestra sociedad, que ha sabido mantenerse unida en el confinamiento, se va crispando. Pese a las buenas intenciones mostradas al comienzo de esta especie de arresto; la industria textil se puso a hacer mascarillas (al menos así lo anunció el gobierno), talleres textiles se pusieron a hacer mascarillas de forma voluntaria (así se mostró en televisión); laboratorios de investigación se lanzaron a hacer respiradores. Otras industrias especializadas empezaron a hacer EPIs y otras test. Un mes más tarde sigue habiendo carencias, el proceso de homologación es un cuello de botella para todo el esfuerzo que se está haciendo. Tiene que haber responsables que sean capaces de explicarlo.

En la última semana de abril los parados están esperando una paga que llegará tarde, de nuevo hay un cuello de botella en la revisión de documentaciones. La burocracia no ha sido afectada por el virus, en vez de flexibilizarse o agilizarse, se ha vuelto más lenta si cabe. De esto tiene que haber responsables.

Por otra parte estamos pidiendo menos restricciones al confinamiento, aun cuando no se dan las garantías para que se pueda iniciar la desescalada. Y anuncian que ésta va comenzar antes de que se haga el estudio de seroprevalencia, que llevan dos semanas anunciando y retrasando.

Han salido por fin lo niños a la calle y, desde los balcones y las ventanas, resulta fácil ver con a los niños con más acompañantes de los que debería, en los patios y espacios abiertos jugando al fútbol sin mantener una distancia, se trata de un deporte de contacto, y algunos padres se ausentan para charlar entre ellos, asumiendo una separación  que se antoja muy lejana. Otra madre juega con su niña en los columpios, es comprensible el deseo irrefrenable de la niña, es difícil entender que la madre sea incapaz de frenarlo. Estas imágenes también se han repetido en la televisión. ¿Es posible que haya un repunte de la enfermedad?¿A quién se pedirá responsabilidades?

Cuando por fin se ha podido salir a dar un paseo o a hacer deporte, como es lógico, la gente ha ido donde le gusta ir a pasear o a correr. Lugares específicos para ello. Dentro de esta lógica, en los mejores lugares se han concentrado deportistas y viandantes. Y allí se han encontrado algunos deportistas en grupo, algunos ciclistas en pelotón y algunos peatones en corrillos. Donde todo el mundo va a lo largo del día, han tenido un total de siete horas, teniendo en cuenta que hay franjas horarias en que la presencia es testimonial, hay concentraciones, aunque unos intentan mantener las distancias, a  otros les da lo mismo. En realidad somos muy predecibles y difíciles de controlar. En fin que además de con el COVID-19 tenemos que convivir con irresponsables dispuestos a culpar y considerarse víctimas. 

Cada uno es responsable de sus decisiones, lo cual implica que nosotros, cada persona, tiene una responsabilidad individual.


Algunos artículos relacionados con este tema:

“Del fracaso y del éxito”, 30 de marzo de 2020, elpais.com. Xavier Vidal Folch. Artículo donde se toma el encabezamiento de este artículo, una reflexión conceptual de lo que son los objetivos.

“Pan y wifi”, 2 de abril de 2020, elpais.com. Luz Sánchez- Mellado. Sobre la gestión y la crítica de la misma. En mi opinión la izquierda progubernamental tiende a ejercer una especie de censura basada en lo políticamente correcto.

“La otra pandemia”, 4 de abril de 2020, elpais.com. Julio Llamazares. Una crítica a los que critican, pero un tanto falaz. Nadie se ha quejado de las medidas sanitarias que ha tomado el Gobierno, excepto el ruin Torra. Pero si se han quejado en algunos casos, con razón, de gestiones, actitudes y declaraciones. Efectivamente, no somos un país de expertos pero, en ocasiones, cuando distinguimos propaganda y maniqueos o no hay una respuesta a nuestras dudas, nos queda el derecho de protestar. 

“El gobierno y los expertos”, 6 de abril de 2020, elpais.com. Juan Luis Cebrián. El autor nos dice que la actual crisis ha puesto en evidencia al actual sistema.

“Los límites del capitalismo de vigilancia”, 8 de abril de 2020, el país.com. Andrés Ortega, José Balsa Barreiro, Manuel Cebrián. Sobre el fracaso de la tecnología y de las redes sociales en la prevención y control de la crisis.

“La ciencia española no ha funcionado bien”, 15 de abril de 2020, elpais.com. Javier Sampedro. Breve artículo en el que se denuncia que no ha habido una buena conexión entre los científicos (expertos) y los políticos (aunque creo que ellos no tienen buena conexión con nadie).

“Cómo es la gente”, 19 de abril de 2020, elpais.com. Elvira Lindo. Un delicioso artículo en tintes positivos que considera que la gente está a la altura y que los políticos, además de no estar a la altura, la subestiman.

“Lo nuestro”, 20 de abril de 2020, elpais.com. Almudena Grandes. Breve artículo sobre la solidaridad y la hipocresía, hay una alusión a los artistas-famosos

“Padres, disuélvanse”, 27 de abril de 2020, elpais.com. Íñigo Domínguez. Artículo en el que el autor explica que se saltó las normas, que no es tan importante respetarlas, y que  es más grave que un agente te recuerde que tienes que respetarlas. Según él sus hijos aprendieron tres cosas, pero después de leerlo creo que aprendieron una cuarta: su padre es todavía más tonto.


31 mayo 2020

PAISAJE DE UNA BATALLA


CRÓNICAS DEL CORONAVIRUS (I).



Desde que se anunció el estado de alarma se comparó la situación originada por las medidas para prevenir el contagio del COVID-19 con una lucha contra el virus, una guerra. Pero, seamos sinceros, el estado es de alarma y no de guerra, y la única lucha que se puede hacer contra el virus es la prevención, consistente en medidas pasivas, mientras no haya fármacos o vacunas la única opción es aguantar y esperar no contagiarse… minimizar los daños.

Se comentó que estamos en guerra contra el virus como se puede declarar la guerra a la droga, la trata de blancas o a la estupidez. De la misma forma que se evitó decir que había una guerra en Afganistán, no se ha tenido ningún reparo en anunciar una guerra contra el virus. Cosas de políticos que son los que definen los términos.

Pero entonces, ¿qué es lo que estamos viviendo? Hay quien le llama catástrofe, pero una catástrofe implica un fenómeno destructivo, como un terremoto o un derrumbamiento, es más calificativo que situación, también podría servir, pero no es una catástrofe. Por supuesto, se utiliza la palabra crisis, pero cuando hablamos de crisis nos referimos al colapso de un sistema, ya sea sanitario o económico, indudablemente esta situación implica una crisis que será paralela, pero que puede ser más larga o más corta de lo que dure la enfermedad. La palabra es pandemia, estamos inmersos en ella, su naturaleza es extenderse, ocupar nuestros cuerpos y perjudicar nuestra salud.

Pero, como en muchas situaciones, necesitamos referencias y, aunque podría haber otras, se ha tomado la de la guerra. Hay muchos opinadores que nos recuerdan que esto no es una guerra. Incluso dicen que el hecho de recurrir al léxico bélico es machismo. Pero ninguno se ha molestado en apuntar una referencia diferente. En medio de una situación tan grave que ha obligado a declarar el estado de alarma, plantearse si es una guerra o no es como discutir que los perros que nos van a dar caza son galgos o podencos.
Pero dado que se ha utilizado el término guerra y se ha intentado acudir al léxico bélico, podemos y debemos recurrir a las referencias militares, que no tiene otro sentido que hacernos una idea de la magnitud de cómo nos ha afectado y está afectando esta pandemia.

Así que, recurriendo al lenguaje militar, la primera medida adoptada para combatir el virus ha sido acuartelar a la población, también podría emplearse la palabra arrestar, sólo los que tienen un servicio que hacer pueden salir de su casa. En realidad, el confinamiento equivale a una vida cuartelera, de movimientos restringidos y con unos horarios de salida limitados por las aperturas de los comercios y las necesidades de las mascotas.

Igual que en la guerra, las familias se han visto repentinamente  amputadas, privadas de la presencia de un ser querido sin la oportunidad de darle un último adiós.

Igual que en la guerra, se ha exigido un esfuerzo general a toda la población e instituciones.

Resulta importante comparar situaciones, desde un punto de vista bélico, asumiendo que estamos en pie de guerra, aunque no sea un conflicto armado. Y esta guerra se acabará con el fin del virus, no del confinamiento/acuartelamiento, al finalizar éste podremos dar por terminada la primera batalla, pero no la guerra. No se cerrará la lista de fallecidos cuande deje de haber ruedas de prensa del Comité Técnico. Debemos ser conscientes que estamos asistiendo al desarrollo de una batalla, un enfrentamiento si lo prefieren, pero la “guerra” será más larga.

¿y cómo podríamos considerar esta batalla y su resultado final? Recurramos al pasado. En la batalla naval de Santiago de Cuba entre la marina estadounidense y la armada española la derrota se saldó con aproximadamente 500 muertos españoles, según datos de Wikipedia, y fue un desastre.  La Guerra Hispanoamericana arrojó unas pérdidas de más de 60.000 fallecidos (datos de Wikipedia), menos de 11.000 en combate, el resto en el proceso de repatriación víctimas de enfermedades (ése fue el verdadero desastre). Cuando se escribe esto el COVID-19 se ha cobrado más de 27.000 vidas en España. Recurriendo a batallas, no a guerras, hace casi cien años, en 1921, el ejército sufrió un descalabro en Annual que costó 14.000 vidas (también según Wikipedia), también se le llamó desastre. O sea que el resultado de esta batalla habrá que considerarlo, de momento, entre el Desastre de Annual o el Desastre del 98, en ambos casos desastres.

Quizás haya sido demasiado rígido al comparar lo que estamos viviendo con estas batallas, probablemente deberíamos compararlo con un episodio más semejante a los bombardeos soportados por los ciudadanos ingleses o alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, personas encerradas en sus casas esperando que las bombas cayesen en otras viviendas, salidas restringidas para permitir el paso de ambulancias, bomberos, policías y militares. Este escenario es más parecido si tenemos que encontrar una referencia, y recordar que el bombardeo de Dresde se saldó con la muerte de 25.000 personas (de nuevo datos de Wikipedia).

Creo que esto da una idea de la dimensión de la batalla que estamos librando y que ésta consiste en resistir. No tenemos, de momento, la oportunidad de devolver los golpes. Sólo podemos aguardar en casa y respetar las restricciones hasta que amaine el bombardeo, o la tempestad.

Pero los niños, y el mimo que reciben, demuestran que esto no es una guerra, confirmando que tampoco llega a ser una batalla, en este caso los padres nunca se plantearían que pudiesen salir de casa.

Pero, como en todas las batallas, queda un panorama que permite sentir cómo ha afectado la lucha, qué huellas van quedando, de qué manera nos ha afectado. La batalla nos va dejando una España ralentizada que ha modificado sus convenciones, ahora el transporte individual prima sobre el colectivo. España intenta ir enguantada y embozada tras una mascarilla, intenta ser lo más aséptica posible y los españoles mantienen las distancias, se hablan menos y más alto, y esperan más distanciados, quizás más estoicamente. Y este panorama, más suave o estricto,  durará hasta que haya una vacuna o fármacos eficaces, ese será nuestro contrataque, la batalla de la revancha.

Otra imagen que nos queda es la visión de la Plaza de Cibeles, las banderas de España que rodean la fuente, como las del ayuntamiento, están a media asta – siguiendo las instrucciones de la Comunidad Autónoma -  las banderas del Banco de España y del Cuartel General del Ejército en el Palacio de Buenavista están completamente izadas (según la normativa estatal). Se antoja como una evidencia de que en la España oficial no son capaces de ponerse de acuerdo ni para expresar el dolor.


Como en una guerra, los temas que ocupaban los titulares, máxima preocupación del gobierno, han pasado a un plano secundario, la violencia de género es un recordatorio que no ocupa mucho espacio en las noticias, el feminismo casi queda ridículo, el coronavirus ha dejado patente la igualdad en la vulnerabilidad y también algunos privilegios en la sociedad, y el cambio climático es casi un recordatorio.

También, como en una guerra, sale lo mejor y lo peor de nosotros, los actos desinteresados motivados por el hecho de querer aportar algo y colaborar en el enorme esfuerzo que estamos haciendo. También sale lo peor, siempre hay quien intenta beneficiarse de la situación y el que piensa en términos de yo y no nosotros. Y muchas veces sale lo más absurdo…

Indudablemente, en medio de una batalla, no podemos dejar de preguntarnos muchas cosas: ¿cómo hemos llegado aquí? ¿No iba a ser el paso del COVID-19 algo testimonial? ¿cómo es posible que en Irán haya menos muertos que en España? ¿no teníamos el mejor sistema de salud del mundo? ¿No estaba tan bien preparado? Se necesitan muchas respuestas, son necesarias para la próxima batalla.

Como en toda batalla, también hay órdenes y contraórdenes, la mascarilla no era algo necesario hasta el día 4 de abril en que se informó que iba a ser obligatorio portarla… cuando hubiese, hasta ese momento es recomendable. Un vaivén que deja constancia del desconocimiento sobre el virus y de los procesos de decisión ¿es un palo de ciego más o, por el contrario, tiene su lógica? Por supuesto si tiene su lógica ¿por qué no la hubo antes? Si en Oriente se empeñaban en llevar mascarillas y en España se explicaba que no eran necesarias ¿Qué ha pasado? ¿Es que es una manera de evitar decir que no había suficientes mascarillas? Parece que, un mes más tarde, sigue sin haberlas.

Como en el desarrollo de todas las batallas, ahora somos - o deberíamos ser - conscientes de nuestras debilidades y carencias. Ahora conocemos las consecuencias de una externalización que sólo ha atendido a criterios de beneficio económico, quizás olvidando los beneficios sociales. Ello se ha traducido en una carencia de Equipos de Protección Individual (EPIs), respiradores y mascarillas. En definitiva, hay muchas preguntas que responder y muchos problemas a los que hay que dar solución.

Pero dentro de este panorama no todo es desolación, a lo largo de este acuartelamiento a las ocho de la tarde los vecinos se han manifestado multitudinariamente reconociendo el esfuerzo de otros españoles. Un apoyo incondicional a aquellos que han hecho lo que debían hacer, lo que se esperaba de ellos, de forma incansable han seguido una rutina, en ocasiones agotadora y han satisfecho las necesidades de aquellos que han tenido que quedarse en casa y de los que han sido alcanzados por la enfermedad.

Siento tener que recurrir a las frases de dos personajes británicos para describir el comportamiento de la sociedad española, pero no encuentro frases parecidas formuladas por españoles en nuestra historia.

Refiriéndome a todos los españoles y parafraseando a Nelson antes de la batalla de Trafalgar: “España espera que cada uno cumpla con su deber”… y así lo ha hecho.

Refiriéndome a sanitarios, policías, guardias civiles, militares y personal de los supermercados y todos los trabajadores esenciales, acudiré a las palabras exactas de Churchill cuando terminó la batalla de Inglaterra: “Nunca tantos tuvieron tanto que agradecer a tan pocos”.
Algunos artículos relacionados con este tema:
“Esto no es una Guerra”. 3 de abril de 2020, Elpais.com. Nuria Labari. Un alegato feminista, según la autora el vocabulario bélico es debido a una gestión machista de la crisis. Hay una clara tendencia ideológica.
“El virus y el lenguaje militar”. 3 de abril de 2020. Elpais.com. Ramón Lobo. Alegato en defensa del Tercer Mundo, que en él la población si vive guerras y otras calamidades y en el que los fallecidos se cuentan por millones.
“La muerte de María Pascual: 20 días de hospital, 20 minutos de entierro”. 8 de abril de 2020. Elpais.com. Jesús García. Un artículo en el que se habla de imposiciones y en el que nos podeos plantear, una vez más, el enfrentamiento entre los derechos individuales y los deberes sociales.
“Liderazgos naturales”. 19 de abril de 2020. Elpais.com. Fernando Vallespín. Artículo de tinte feminista que acentúa la idea de que “los machos populistas y todos los que emprenden la lucha contra el virus como una confrontación bélica son los grandes fracasados”. Mezcla la falta de liderazgo con feminismo, es una interpretación sesgada e interesada. Muy simplista como solución.
“La experiencia española”. 20 de abril de 2020. Elpais.com. Javier Sampedro. Un resumen de lo que, según el autor, se ha hecho en España en relación al COVID-19. Un paradigma, según él, de cómo no se deben hacer las cosas.

06 diciembre 2019

La inmigración

Panorama X


La inmigración es, según los españoles, el octavo problema de España en importancia. Pero por otra parte, considerando cómo les afecta, lo sitúan en el puesto trece. Como consecuencia podemos decir que la inmigración es un problema más humano que nacional o, incluso, social. No parece que, en teoría, los españoles tengan inconvenientes en que arriben personas de otros países.

Sin embargo la inmigración es un caballo de batalla político y siempre hay espacio para este tema en los medios de información. Tampoco es un asunto que se quiera abordar de una forma integral. La política de inmigración la queremos hacer una responsabilidad europea, pero pretendemos que nos guste, en este caso los estados de la Unión Europea son como la persona que para ir a cenar fuera de casa le da lo mismo ir a cualquier sitio, pero no les gusta ninguna de las propuestas que se les hace. Como no hay un acuerdo comunitario cada Estado improvisa de acuerdo con los gobernantes del momento, ahora acojo inmigrantes, ahora no.

Como en muchos otros casos, la inmigración sirve para afear las decisiones del gobierno de turno. Aunque nos olvidamos de que los españoles, hasta hace relativamente poco, eran los que buscaban trabajo en el extranjero. También nos olvidamos de que dependemos, en gran medida, de los extranjeros; los millones de turistas que nos visitan y hacen gasto lo prueban. La verdad es que no hay una política coordinada, ya no entre los europeos, sino entre las propias instituciones españolas.

Por otra parte, da la impresión de que queremos un compromiso pero no queremos comprometernos. Cuando un ayuntamiento exhibe una pancarta con el texto “Welcome refugies” ¿Qué intenta decir además de bienvenidos refugiados? ¿Quiere decir que todas las competencias de inmigración son suyas? ¿Significa que esta bienvenida se traduce en alojamiento y trabajo para cada refugiado que llegue a este municipio? ¿Tiene capacidad para darlos? ¿O es más bien un brindis al sol, una mera declaración de intenciones? No pretendo afear a la antigua alcaldesa Carmena su gesto, pero si me gustaría reflexionar en lo que estoy dispuesto a hacer yo, como persona, para que sea realidad esta bienvenida. Esto lo hago extensivo a los demás, los españoles también tenemos responsabilidad en este tema, no es solo un asunto para los políticos o nuestras instituciones.

También caemos en los eufemismos, llamamos a los inmigrantes refugiados, como pretendiendo agravar su situación, alguien me dirá que huyen de la miseria y que buscan un futuro mejor (pero eso han sido los emigrantes de toda la vida), los verdaderos refugiados que huyen en busca de seguridad no tienen necesidad de hacer un viaje de miles de kilómetros a España para ponerse a salvo. Entiendo que de Marruecos, país amigo, vienen inmigrantes, pero no refugiados - ¿o es que tenemos relaciones cordiales con un régimen opresor? - creo que los verdaderos refugiados que huyen del régimen marroquí están en, por ejemplo, Tinduf.

Pero creo que, a poco que profundicemos, descubriremos que el verdadero problema es de crimen organizado. Trasladar personas de África a Europa es un negocio. Estrictamente hablando, no vienen los pobres, sino los que pueden o podrán pagar su viaje. Es negocio, tráfico de personas; los inmigrantes son entonces una mercancía que, con sus bolsillos vacíos, ha perdido su valor y puede ser abandonada a su suerte.

¿Se lucha contra este tráfico como se debería? La respuesta la encontramos en los medios de comunicación, solo hay que comparar el número de noticias que informan de la captura de un clan de la droga con las que se publican sobre la detención de redes de tráfico de personas. Desde luego la solución no es dejar morir a los emigrantes en su travesía, creo  que es necesario controlar el flujo de inmigrantes desde su origen y anteponer lo que la inmigración tiene de solución a lo que tiene de problema. Creo que sería más barato captarlos allí, en sus lugares de origen, que esperar a que vengan. Pero de eso hay gente que entiende más que yo y para eso les pagan.  

03 diciembre 2019

Los problemas relacionados con la calidad del empleo


Panorama  IX



He aquí el tercer problema que más afecta a los españoles, pero que estos consideran que es el sexto problema de España, y es que uno lee “los problemas relacionados con la calidad del empleo” y puede hacer varias preguntas, todas ellas referidas a la “calidad del empleo”. ¿A qué nos referimos?¿A la precariedad?¿A la falta de seguridad?¿A falta de equipación?¿A una alta exigencia? Creo, pero es mi impresión, que se refiere a la remuneración, siempre  resulta inferior al esfuerzo que le dedicamos. Pensamos que se nos paga poco y que nuestros méritos son reconocidos pocas veces.

Creo que debemos hacer unas reflexiones sobre la remuneración de nuestro trabajo. En muchas ocasiones he visto, y admito haber tenido, la impresión de que trabajamos más que los demás, de que el único esfuerzo que se hace es el que nosotros hacemos o impulsamos. Pero es un error, Creo que los dirigentes de la gestión de personal hacen que el rendimiento laboral se base en la competitividad, aunque intentando que el compañerismo – la armonía dentro de la empresa – no resulte muy perjudicada. Esto conduce a un sistema que hace que minusvaloremos los méritos ajenos y sintamos, a la vez, los propios ignorados. En definitiva, el actual sistema hace que nunca nos sintamos debidamente valorados y, por ende, recompensados.

También hay que tener en cuenta que en la situación actual, con más de tres millones de personas en paro, la ley de la oferta y la demanda tenga como consecuencia que el trabajador se vea obligado a aceptar un sueldo a la baja, si sobrasen puestos de trabajo y los trabajadores fuesen necesarios los sueldos serían más altos.

A estas dos leyes (oferta y demanda y rendimiento basado en la competitividad) tenemos que unir una tercera ley no escrita, más bien cantada: “todos queremos más”. No sólo pretendemos que se nos valore en el trabajo y que tengamos un buen sueldo, es que en ocasiones queremos llegar a ser ricos. Y olvidamos que los ricos en la sociedad son la punta del iceberg, solo vemos a los que han conseguido ese estatus, pero no tenemos noticias de los muchos que lo han intentado y no lo han logrado. No nos engañemos todo premio (remuneración) se basa en el esfuerzo y en el sacrificio, incluso habría que añadir un factor riesgo. El esfuerzo y los sacrificios se hacen necesarios desde que somos muy jóvenes, cuántas veces hemos dejado de ir de copas o a divertirnos porque había que estudiar, cuántas veces hemos quitado horas al sueño para dedicarlas a un esfuerzo. No termina ahí, ¿acaso a un abogado le gusta defender la inocencia de un violador? Esa remuneración que puede significar la riqueza, la comodidad o la vida asegurada muchas veces implica vender el alma y traicionar convicciones y amigos. Cada uno sabrá qué está dispuesto a pagar y si vale la pena.

Me atrevería a decir que en España no existe un problema relacionado con la calidad del empleo, pero que los españoles si lo tienen. Los españoles somos descontentos por naturaleza y siempre encontraremos motivos para quejarnos, independientemente de los méritos o deméritos que hagamos. Es verdad, que nunca se nos pagará por soportar a nuestro jefe y sus manías, por tener que lidiar con las reivindicaciones e incompetencia de los subordinados, por atender las quejas del público, por ser esclavos de la burocracia, o la inaccesibilidad de nuestros dirigentes. No está en nuestro contrato de trabajo, pero es ley de vida. La clave de ello, entender un día que lo importante es llegar a ser feliz y no rico.


29 noviembre 2019

LA SANIDAD

Panorama VIII

La sanidad es percibida por los españoles como su sexto gran problema, pero es el quinto que más les afecta. Es a la vez la joya de la corona del que gobierna y el caballo de batalla de la oposición. Al ser una competencia de las autonomías podríamos dividir este problema en diecisiete, aunque políticamente pueda ser un factor de diferenciación, ya que al estar sometido a diecisiete gestiones diferentes, implica decisiones diversas, servicios diferentes e incluso prestaciones disimilares. Una sanidad universal, en un país que dispone las infraestructuras para que así sea, se ve limitada por las propias administraciones: un andaluz, por poner el caso, no tiene acceso a medicamentos subvencionados fuera de Andalucía (a no ser que se meta en trámites burocráticos) tampoco podrá ser citado en una consulta que no sea en urgencias fuera de Andalucía. Esto limita la sanidad de calidad a un ámbito local, lejos de la universalidad.  No soy un experto, pèro, creo que funciona,a pesar de todo, aunque se podría mejorar en este aspecto. Aunque ya entraríamos en un problema de autonomías y no sanitario.

Creo que lo que nos hace percibir a la sanidad como un problema es que no tenemos clara la organización sanitaria, quizás pretendemos que los servicios de urgencias nos presten prestaciones que se deberían prestar en consultas. Intentaré explicarme un servicio de urgencias es responsable de que un paciente no se muera, de administrar la primera cura y el primer diagnóstico, pero no tiene porqué sanar al enfermos. Para eso están las consultas, que no son tan urgentes, para seguir la evolución y establecer el tratamiento correcto.

Y en este punto entramos en la clave del problema: masificación. Uno pide cita y se le concede de forma relativamente rápida en consulta de medicina general, si es para un especialista el plazo de espera ya se dilata y si es para una intervención pasas a la lista de espera que ya te llamarán. Esta masificación además se agrava por el hecho de que un paciente puede estar esperando un largo tiempo para luego ser despachado en cinco minutos, cuando en realidad le gustaría esperar cinco minutos y ser atendido en una consulta durante horas En este sentido hay bastante falta de compresión, que aumenta cuando el personal sanitario se comporta como un oficinista.

Pero no podemos combatir a la realidad, nuestra estructura social (cada vez más urbana) facilita esa masificación, siempre habrá un número limitado de hospitales, de médicos y de personal sanitario. Hay figuras que se van perdiendo o han desaparecido, sobre todo en los pueblos, como son el médico en su consulta o las casas de socorro, aumentan los centros médicos que concentran servicios, pero que en el ámbito rural obliga a largos e inconvenientes desplazamientos. Máxime si hablamos de un pueblo “fronterizo” entre dos autonomías, en este caso el desplazamiento puede ser aún más largo.

Vemos, por tanto, que las principales raíces del problema de la sanidad son la masificación y las diferentes gestiones de la misma. La masificación es coyuntural, los medios siempre serán limitados. Pero si se puede mejorar en la coordinación de las diferentes gestiones administrativas.


26 noviembre 2019

LA FALTA DE ACUERDOS. SITUACIÓN POLÍTICA. INESTABILIDAD POLÍTICA.

Panorama VII

De nuevo hacemos de tres problemas uno. Pero en este caso podemos decir que la falta de acuerdos es algo permanente en España; la situación política sólo se soluciona cuando un partido obtiene mayoría absoluta; y que no hay un grado de inestabilidad política que resulte permanente.

La verdad es que desde la aprobación de la Constitución los españoles no hemos sido capaces de ponernos de acuerdo, fruto de ello es que en la actualidad no hay una política o plan de Estado de un plazo superior a una legislatura. ¿Qué origina esta incapacidad de acuerdos? Creo que no tenemos arte para negociar. En lo que se refiere a los políticos, éstos se creen valedores de sus votantes y se enrocan en sus posiciones pensando que así defienden los intereses de aquellos que depositaron su confianza, en realidad significa un perjuicio para todos. No hay posibilidad de un avance o mejora significativos si no se consensuan las posibles medidas. Un ejemplo de esta falta de acuerdo lo comprobamos, por ejemplo, en la Ley de la Memoria Histórica, que, sin tener por qué ser una mala iniciativa, si hace que un gran número de españoles la sientan como un intento de ganar una nieta por parte de los nietos de los que la perdieron y que otros piensen en ella como la hora de la revancha. También, fruto de esta falta de acuerdo, podemos decir que España no tiene articulada un política exterior y que esta depende, en gran parte, de lo que decida la Unión Europea (casi es lo mismo que decir que estamos subordinados a la política exterior de Francia y Alemania).

No parece que esta situación vaya a cambiar, la remarcada idea de progresismo resulta cada vez más de imponer que de conciliar, la postura que anuncia la oposición resulta también más numantina que colaborativa. No hay que esperar gran cosa.

De esta falta de acuerdo deriva la situación política, en primer lugar un cambio de gobierno viene a significar ruptura en vez de continuidad, esta falta de continuidad y una marcada falta de la gestión de los cambios provocan que haya descoordinación y que mucho de los que se ha hecho se tenga que deshacer sin beneficiarse en absoluto de ello. Podemos decir que la situación política hace de España esa calle levantada en la que siempre están haciendo obras continuamente y por la que es difícil transitar. Ejemplo de este rupturismo es que nos gusta recalcar los cambios, si pasamos de monarquía a república tenemos que cambiar la bandera; como resultado de este capricho de 1931, siempre habrá españoles que no se sientan amparados por esta bandera. Otro ejemplo, como hemos cambiado de gobierno y ahora somos más progresistas lo que era “marca España” ahora es “España global” con los mismos cometidos y funciones, pero dejando patente que hay un cambio y manda otro. Esto es a un nivel alto, pero a niveles medios siempre hay una purga de cargos, independientemente de su capacidad, en la que se pondrán cargos afines… que, por otra parte, su primer objetivo será marcar su impronta.

Tampoco parece que este problema tenga otra solución que sea la de que un partido o coalición obtenga la mayoría absoluta en legislaturas consecutivas, es la única manera de que se estructuren planes y políticas a largo plazo y asegurar continuidad en su cumplimiento.

Con respecto a la inestabilidad política, pues se ha demostrado que al final a pocos le quita el sueño y se puede vivir con ella. El problema de esta inestabilidad es la incertidumbre que genera, qué cambios va a haber y cómo nos pueden afectar. Aunque parezca de índole económico, paraliza nuestras vidas: Se dice que se va a promulgar una ley de alquileres ¿Esperamos a alquilar una casa o ahorramos para comprar una?¿Qué va a pasar con nuestros ahorros si los tenemos depositados en un banco determinado?¿Hay que cambiar de banco?¿A que colegio van a poder ir mis hijos?¿Va a ser necesario cambiarles de colegio?¿¿Voy a pagar más para que sigan yendo al mismo? En fin, es una incertidumbre que no será permanente, pero que tampoco implica que las cosas vayan a mejor o peor.

Pero si podemos decir que este problema es transitorio, aunque es posible que genere otros problemas que son impredecibles. El caso es que alguien tiene que pagar las promesas de unos y los cambios que implican, no sé si hay tanto crédito.



25 noviembre 2019

LA CORRUPCIÓN Y EL FRAUDE

Panorama VI


La corrupción y el fraude es el cuarto problema de España, según los españoles, en realidad estamos haciendo de dos problemas uno, lo cual hace suponer que fraude y corrupción están relacionados, pero no se ha establecido la relación entre uno y otro, al menos nadie se ha molestado en explicarlo. Entiendo que hay una relación entre soborno y corrupción, el que se deja sobornar es corrupto; entre fraude y robo, el que defrauda puede ser un ladrón. Pero  no tengo muy claro que la corrupción sea fraudulenta, aunque si pueda defraudar. Tampoco tengo claro que el que defraude sea un corrupto. La relación entre ambos es que el sistema de control de cuentas deja algo que desear. También es una cuestión de semántica, los políticos no dejan de defraudar a los españoles, aunque no siempre malgasten su dinero si logran echar por tierra sus ilusiones.

También hay que plantearse si España es territorio abonado para la corrupción y el fraude. Intentaré explicarme: hay que preguntarse hasta qué punto los españoles son solución a este problema. O es que pensamos que la solución tiene que venir de manos de los políticos. Por poner un ejemplo: Oficialmente se ha instado a ciudadanos a denunciar locales que no rotulen en catalán, se pide la colaboración ciudadana para poder detener a un delincuente, pero no se invita a informar sobre quien defrauda o está sobornando. Imaginemos que descubrimos que hay un fallo en la declaración de hacienda por el cual se nos paga una cantidad determinada ¿qué haremos? Informar a Hacienda de su error o llamar a familiares y amigos para que ellos tengan la oportunidad de obtener la misma cantidad. La respuesta sobre cuál cree que será el comportamiento del español medio indica lo abonada que está España para la corrupción y el fraude.

Y es que la corrupción está más extendida de lo que pensamos. En mayor o menor medida gran parte de la población se ha llevado algo de su empresa, o se ha ido sin pagar o ha aceptado una factura sin IVA. Si nuestros diputados cobran de más en las dietas, ¿qué no harán los que no lo son? Otro indicativo de la disposición a corromperse o defraudar está marcada por todos aquellos que están dispuestos a cobrar mucho por no hacer nada (es lo que hace un testaferro). ¿Cuántos conocemos que trabajan en negro? ¿Cuántos participan de la economía sumergida? ¿Cuántos disfrutan de subvenciones que no necesitan? Nos gusta pensar que los políticos son los protagonistas de la corrupción y el fraude, pero solo son la punta del iceberg.

La otra verdad es que los mecanismos de control de cuentas también favorecen la corrupción y el fraude. Es difícil explicar por qué el marco de un cuadro ofertado en 3 euros en un centro comercial pase a costar 20 euros cuando lo compra un organismo oficial. En este caso la lógica no funciona, no se entiende que una bombilla para una oficina del Estado resulte mucho más cara que una bombilla para el salón de un domicilio. No entraré en los plazos de reparación, también gana el domicilio.

Podríamos llegar a la conclusión, entonces, de que España es un terreno abonado para la corrupción y el fraude, pero también podemos consolarnos con que puede estar extendido en otros países en mayor o menor medida. No sabemos las mordidas que se pagan en otros lares, es más, hay naciones en que la corrupción es un sobresueldo, y así se admite. Por todo ello podríamos decir que a la corrupción y al fraude no tiene que ponerle freno tanto el Estado como los ciudadanos. Si consideramos que denunciar a un maltratador es un deber cívico, si hay quien considera patriotismo denunciar el uso del castellano, deberemos de dejar de considerar la denuncia del fraude y de la corrupción una delación o un chivatazo, después de todo los beneficiados seremos nosotros.

Y después de todo lo dicho, si la solución al problema somos los ciudadanos, ¿por dónde deberíamos empezar? En mi opinión por la educación. Erradicarlos de nuestra cultura, si no díganme en las películas y series si no se contempla con cierta benevolencia al pícaro que defrauda.

16 noviembre 2019

LOS PROBLEMAS ECONÓMICOS

Panorama V

Cuando un español define su tercera preocupación como “los problemas de índole económico” está siendo deliberadamente ambiguo. No creo que le quite el sueño la calificación de la agencia Moody’s, si el PIB crece mucho o poco el último trimestre o si han aumentado o disminuido las importaciones. Es posible que preste un poco más de atención al IPC, por cómo puede influir en el alquiler, o al precio del dinero por cómo influye en su hipoteca. En realidad, creo que problemas de índole económico es un eufemismo de problemas para llegar a fin de mes.

Generalmente, excepto en muy contados casos, los ingresos no están a la altura de nuestros deseos. Peor es aquel en que los ingresos de no llegan para satisfacer las necesidades. Tenemos que tener en cuenta que para satisfacer una necesidad hay que renunciar a otra cosa que puede ser menos necesaria o de peor calidad.

Hay necesidades que nos hemos creado y a las que no es fácil renunciar, me viene a la cabeza el fenómeno del teléfono móvil y de aquellos que gastan lo que haga falta en mantenerse en la última generación. Pienso en los emigrantes que se suben en la patera sin dinero, huyendo de la pobreza… pero con móvil. No sé lo puntual o no de estos casos y reconozco que generalizar es caer en la falsedad, pero hay que admitir que lo descrito sucede.

La realidad es tozuda y las personas no son iguales unas a otras, por esta razón habrá necesidades diferentes, gastamos de diferente manera  y, por mucho que se empeñe un gobierno, siempre habrá desigualdad en forma de ricos y pobres, y todos llegaremos a fin de mes dejando algo que nos habría gustado comprar. No queda más remedio que la resignación y, con ella, la queja. Ya lo dice la canción: “Todos queremos más”.

El problema de llegar a fin de mes deriva de dos circunstancias. La primera depende de lo manirrotos que seamos, si nos metemos en más gastos de los que podamos hacer frente o si somos poco previsores y cantos de sirena nos hacen vivir el cuento de la lechera, sobre esta circunstancia tenemos control y no hay otra responsable que no seamos nosotros. La segunda se origina cuando hay un cambio repentino – hay recortes en el sueldo, una enfermedad que requiere atender a unos gastos – y ya no tenemos control, implica unos ajustes en el mejor de los casos, sacrificios en el peor. Pero nadie puede evitarlo.

Por tanto, este problema viene desde hace tiempo y persistirá, la solución del mismo depende más de que las personas sean capaces de equilibrar sus ingresos con sus necesidades y que el estado o la sociedad sean capaces de satisfacer las necesidades más básicas de aquellos que no tienen suficientes ingresos, de mitigar las consecuencias de la segunda circunstancia. Aunque con ello entraríamos en un nuevo debate sobre qué consideraríamos ingresos suficientes, que no se corresponden con las personas, sino con el trabajo que realizan.

Para ello debemos tener en cuenta algo de lo que siempre nos damos cuenta tarde: no existe la vida regalada, todo requiere un esfuerzo que vamos a tener que hacer antes o después. Sacrificar la comodidad en beneficio de la formación nos dirige a un buen trabajo y un sueldo aceptable. Sacrificar la formación siempre nos va a limitar nuestro acceso al mundo laboral y, por ello, nuestros ingresos. Desgraciadamente hay lecciones que se aprenden tarde y nadie escarmienta en cabeza ajena.

14 noviembre 2019

LOS POLÍTICOS

Panomara IV


Los políticos es una forma de referirse a “los/as políticos/as en general, los partidos y la política”, el segundo problema en la percepción de los españoles, es un concepto ambiguo, resultaría harto difícil describir los problemas que nos originan los políticos y en qué nos afectan, posiblemente la consideración que tienen  deriven de que no son  solución.

Los políticos han hecho de la política su medio de vid.  El político es una persona, ya sea abogado,  economista, profesor o cualquier otro profesional, que al no prosperar; decide armarse de ideales y principios y dedicarse a la política. Es una forma de vivir de los presupuestos sin ser funcionario y de tener un sueldo sin más mérito que estar en una lista a la que han votado. Es un oficio en el que se trata de alcanzar el poder defendiendo unos principios e  ideales que serán traicionados y haciendo unas promesas que serán olvidadas.

El político es un charlatán que siempre está ofreciendo gangas y siempre nos está haciendo favores que no se le han solicitado. Cuando se juntan los políticos envenenan  la sociedad, siembra la discordia y se atribuyen un papel tutelar sobre los ciudadanos que ahoga su opinión. Los políticos hacen de la opinión un catálogo de opciones, y en ello acaba radicando nuestra libertad de elección. El sistema, nuestra democracia, garantiza que nuestra voz pueda ser oída, pero los políticos no la escuchan o hacen una interpretación interesada de la misma.
Los políticos tienden a olvidar que representan una opción apoyada por muchos ciudadanos en forma de voto, interpretan que los votos son el apoyo a su persona y que están al servicio de la opción que representan ser. También olvidan el apoyo obtenido por otras opciones y al final se trata más de gobernar que de gestionar.

En España los políticos siguen siendo de izquierda y derecha, y todos los asuntos se contemplan desde esta perspectiva decimonónica, son tan irreconciliables en el siglo XIX como en el siglo XXI. Su caínismo ha motivado que desde 1978 vayan desgastándose una y otra en beneficio de nacionalismos que, no podía ser de otra manera, también son de izquierdas y derechas pero capaces de unirse en su paisanismo. Los políticos y, por tanto, la política son incapaces de aceptar otra solución que no sea la suya o de admitir los aciertos de sus oponentes. Como consecuencia los políticos solo son capaces de aportar una solución (la suya) a su problemas pero no pueden dar la solución a los problemas de todos.

Asistimos también al nacimiento de los populismos, también de izquierda y derecha, y es que en la sociedad también existe el principio de acción y reacción. Ello hace que la política (los políticos) sea un peligro si no es una solución. Recuerden que la guerra es la política por otros medios.

13 noviembre 2019

EL PARO


Panorama III


Los españoles perciben el paro como el problema más grave de España, además con diferencia sobre todos los demás.  De hecho, el primer punto  del acuerdo de pregobierno firmado entre el PSOE y Unidas Podemos se dedica al trabajo y reza así: ”Consolidar el crecimiento y la creación de empleo. Combatir la precariedad del mercado laboral y garantizar trabajo digno, estable y de calidad”. No anuncia medidas, por lo que no podremos ver si hay eficacia para combatir este problema.

Pero no hay que olvidar algunas obviedades. Actualmente los generadores de empleo son las empresas (grandes, medianas y pequeñas) y los propietarios de esas empresas y algunos negocios. La razón de ser de empresas y negocios, según la teoría económica, es ganar dinero, su objetivo y necesidad son los beneficios, esto nos lleva a pensar que las empresas sólo generarán trabajo para obtener beneficios. La estructura de nuestra economía, en la que el sector servicios tiene una gran peso, y dentro de este sector el turismo, implica una temporalidad que aumenta la del sector agrario (temporalidad de las campañas de recogida de ciertas cosechas) e industrial (la cartera de pedidos influye en la contratación). Esta temporalidad, como dijimos, es estructural y difícil de regular. Por otra parte si la regulación consiste en imposiciones y limitaciones (por ejemplo condicionarla exportación de armamento o supeditar ciertas producciones a las necesidades del medio ambiente) provocarán que el mercado laboral sea más precario.

Independientemente de todo ello hay que plantearse que España ha llegado a soportar un índice de paro de casi el 25%, casi una cuarta parte de los españoles que podían trabajar estaban parados, sin que haya habido una convulsión social. Ello nos debe obligar a pensar que hay un mercado laboral en negro, en que contratantes y contratados huyen de pagar los extras que impone la ley (seguridad social e impuestos). La erradicación de este trabajo sumergido debería estar incluido en el propósito de consolidar el crecimiento y la creación del empleo, pero implicaría un coste político. Nos guste o no, es también otra forma de corrupción más popular.

Pero a la estructura de nuestra economía hay que añadir nuestra estructura social. Nuestra sociedad es cada vez más urbana  y sedentaria. No es solo que una ciudad tenga limitaciones laborales (por ejemplo un empleo para un ingeniero naval estará muy limitado en una ciudad de interior), es que también hay poca disposición para abandonar una ciudad e ir a otra a trabajar, y en ocasiones el traslado y la nueva vida es algo oneroso. Lo hemos hecho así y, por duro que resulte decirlo, exigimos trabajar en lo que queremos y donde queremos, ello no siempre es posible.

Hay un tercer factor coyuntural que es la conflictividad entre los contratantes y contratados, los primeros podrán quejarse siempre de la poca eficacia de los trabajadores a la vez que los segundos siempre estarán descontentos con las condiciones de su empleo. Lo primero hace preferir que los empresarios trabajen con máquinas (que solo se rompen) mientras que los trabajadores recelan de cualquier cambio. No hay confianza entre unos y otros.

Todo lo anteriormente expuesto nos obliga  a plantear si nuestro sistema laboral es lo que se llamaría un juego de suma cero. Hay una actividad determinada que es el motor laboral (en su momento fue la construcción) todo lo que afecte a esta actividad afectará al mercado laboral, esto significa que las actividades están relacionadas y que el sistema es capaz de mantener un número determinado de trabajadores que no aumentará si no aumentan las actividades. Por todo ello podemos deducir que limitar alguna actividad cercenará el mercado de trabajo si no se ofrece una alternativa capaz de relacionarse con más actividades. Intentaré poner un ejemplo: irse a pasear al campo en un medio de transporte público puede resultar muy respetuoso con el medio ambiente pero no va a mejorar el mercado laboral, el empleado de la gasolinera no nos va llenar el depósito del coche y el obrero de la fábrica de coches no tendrá necesidad de fabricar coches.

Se trata, en consecuencia, de hacer que el sistema laboral sea un juego colaborativo en el que haya una interelación de actividades que permitan crear empleos estables y que facilite, bien la movilidad dentro de la geografía española, o bien de aumentar el abanico de trabajo en una localidad.