Niña (Chorrada Modelna)
Es una canción bastante de verano del grupo Huachapa Combo que no va a ninguna parte. De esas que es mejor ver el espectáculo que se monta en torno a la canción que la calidad de la propia canción. Tuvo un éxito discreto. Cuando la comenté con un compañero la califiqué de chorrada con gracia. Y sin embargo recuerdo con mucho cariño a esta chorrada con gracia que se cantaba en verano y que a mí me dio por cantarla en noviembre.
Era mi tercer año de academia y empezamos a volar, se compaginaban
el curso de vuelo elemental y el de observador de aeroplano. En el primero se
trataba de aprender a volar y en el segundo de no perderse volando, en uno se salía de piloto y en el otro de navegante. El que realmente era
importante era el primero. En él te asignaban un instructor, “proto” en la
jerga , que era el que te iba a enseñar a volar. Al ir en el avión proto y
alumno, el uno estaba condenado a ser tu mejor amigo en vuelo. Más valía.
Debo admitir que en los primeros vuelos te enteras de pocas cosas.
Llevas a otro avión al lado y casi no lo ves, vas concentrado en lo que te
dicen. Y hay detalles que no notas. Ahora pienso que hay veces que el
instructor piensa que el alumno se ríe de él. A una pregunta tan evidente como la de “¿No notas que se te cae un plano?”
y la respuesta es “No”, uno puede reaccionar al principio con resignación y,
tras consumir su paciencia, con un seco “corrígelo ya de una vez”. El curso se
contempla de tres formas diferentes, primero a mejorar la coordinación con maniobras
como la chandelle o el ocho perezoso y algunas figuras acrobáticas como el
tonel, el looping y el tonel volado. Lo segundo es hacer frente a fallos ya
sean propios o del avión con toda clase de pérdidas, planeos y barrenas. Y la
tercera parte, fundamental, son los tráficos, un rectángulo en que la pista es uno
de sus lados y en el que el avión aterriza y despega una y otra vez. Cuando uno
ha demostrado tener, o parecer tener, la suficiente coordinación y la necesaria
habilidad como para volar y aterrizar permaneciendo vivo se le da la suelta.
La suelta consiste en que el alumno haga unos cuantos tráficos
solo, despega y aterriza sin novedad, es un vuelo muy corto. A mí la suelta me
llegó tarde, Dios en su santa voluntad me dotó con unas manos que parecen pies.
Creo que fue más mérito para mi proto que para mí, aunque no creo que él
pudiera estar más feliz que yo. El caso es que ahí me tenían volando, por fin,
solo. Siguiendo mecánicamente los procedimientos de subir y bajar tren y
flaps, meter o cortar gases y a un servidor en el tramo de viento en cola sólo
se le ocurre empezar a cantar algo de ponerse una cinta en la cadera, quitarse
una pierna de madera y sacar el cuerpo a pasear. No sé por qué cantar y no sé
por qué esta canción. Ahora es un recuerdo grato, muy grato, que forma parte de
uno de los días más felices de mi vida.
Luego vino la rapada de la “T”, invitar a puros a mis compañeros tras
la comida y a mi proto, como no fumaba, le regalé una botellita de whisky.
También vinieron momentos más duros y más vuelos solos, pero esos son otra
historia.