Un problema de familia o prestidigitación.
Las cosas vinieron muy deprisa la semana pasada. El aniversario del 23F, la desclasificación de la documentación, el papel que tuvo Juan Carlos I y la solicitud de que vuelva a España. Han ocupado nuestra semana política nacional. Quedan en la sombra los dos decretos ley rechazados en el parlamento, y más en la sombra, los dos aprobados.
Pese a la desclasificación de lo acontecido el 23 F, no ha aparecido nada nuevo bajo el sol. Los que esperaban y estaban convencidos de la implicación del rey Juan Carlos en la intentona, siguen convencidos de ello. Mientras los convencidos de que rescató a la democracia han visto bien apoyados sus argumentos. Por otra parte, poco podría aportar una desclasificación después de un juicio en el que se han acumulado millones de papeles y declaraciones públicas.
Nos sorprende esta vez el PP solicitando la vuelta del rey, que está viviendo en algo parecido a un exilio acordado. Por supuesto que ha tenido la respuesta del Gobierno. Y más tarde de la propia Casa Real, que ha puesto condiciones. Entre ellas que fije un domicilio. Parece que tiene problemas para vivir en La Zarzuela y que el Rey emérito es allí donde le gustaría instalarse. Un problema típico familiar en el que no se debe entrar.
Juan Carlos I ha sido, en mi opinión, un buen rey y un buen Jefe del Estado, aparte de las debilidades personales. Sobre ello la opinión no tiene importancia. Y creo que ha sido algo chocante celebrar el aniversario de la Constitución con la presencia de los que la redactaron y los presidentes de gobierno que la han aplicado y están vivos. Pero la ausencia del que la firmó y sancionó es algo que me resulta poco lógico.
Y creo que la llegada de Juan Carlos I sería fundamental si se redujesen el paro, si los españoles tuvieran viviendas y si, en definitiva, hubiese menos problemas y menos asuntos por los que enfrentarse. Lo que no puede ser la llegada o ausencia del rey es un motivo para de confrontación. Salen últimamente muchos asuntos que no solucionan nada, que distraen de los problemas principales que sufrimos y a los que se dedican demasiados esfuerzos y atención.