Del uso de la bandera.
El pasado miércoles fui a la manifestación en apoyo a Ceuta celebrada en Madrid. No sé quién tendrá razón en el baile de cifras, pero a mí me pareció que había mucha gente. Por extensión, ya había personas desde el comienzo de la Gran Vía hasta la puerta de Alcalá; no sé hasta dónde llegaría en las concurrencias de la Castellana y el Paseo del Prado. No me preocupa mucho, si no sabemos cuántos inmigrantes hay en Ceuta no vamos a adivinar los asistentes a una manifestación en una tarde.
Me gustó ver tanta bandera de nuestra patria; cada uno puede lucirla como quiera. Y así vemos que hay quien la lleva de capa, otros de falda y otros de mantilla. Aunque, puestos así, podían llevar una capa, una falda o una mantilla con los colores de la bandera.
Lo que ya no me gustó fue ver que cuando se acabó la manifestación, muchos no sabían qué hacer con la bandera que habían lucido. De buenas a primeras pasaban a cargar con una especie de pañuelo o un trapo que ya era molesto de llevar. Es entonces cuando se me antojó que además de demostrar el apoyo a la ciudad invadida y, de paso, el rechazo a la gestión del Gobierno, había una dosis de postureo.
Y es que la bandera no se luce, se exhibe, y se porta con orgullo, dignidad y respeto, éste además se exige. Y si no puedes portarla así, se dobla y se guarda. Y es que portar la bandera no es una carga, pero sí una responsabilidad. Vemos que muchos volvían a su casa cargando con un trapo, y a estos les supongo más postureo que compromiso.
Me inclino a pensar que hay mucho de no saber, que nos falta una cultura de cómo tratar y comportarnos con ciertos símbolos. No es reprochable, si no saben hacerlo nuestros dirigentes, no se le puede exigir a los dirigidos. Es de esa educación que si no se enseña, no se aprende.