Amo de casa.
Mi mujer ha tenido un esguince y tiene que hacer reposo. No hay peligro, pero tiene el pie tan hinchado que necesita una talla del doble de la que calza. Osea que está en casa y con la pata quebrada, literalmente. Yo no tengo más remedio que hacerme cargo de todas las tareas. O sea, que ahora además de desordenar, ordeno. Y además de ensuciar, limpio algo..
Ha habido ocasiones que he ejercido de amo de casa por razones de trabajo o por que mi mujer ha tenido que ir a cuidar de sus padres.. Como estaba solo, no había más desavenencias que las que provocaba el choque del regreso de mi mujer a la realidad alternativa que habían creado mis labores en el hogar. Tampoco estaba mucho tiempo en casa ya que trabajaba.
Pero ahora las desavenencias son continuas porque tenemos diferentes conceptos del cuidado del hogar. Intentaré describirlo secuencialmente.
Preparar el desayuno no suele ser un problema, es algo que tenemos dividido y las disquisiciones son las de siempre, si una o dos tostadas y si con mantequilla o mermelada, pecata minuta.
Luego me dispongo a fregar las tazas y colocar el resto en el lavavajillas. Y ahí empezamos ya con nuestros diferentes proc edimientos.. A lo que yo considero un lavado exhaustivo de las tazas y los platos mi esposa lo llama enjuague. Por más que le digo que es con agua caliente, ella me dice que no es suficiente. Menos mal que en el secado estamos de acuerdo.
Luego empiezo a ordenar la cocina. Creo que colocar los platos en la alacena es un absurdo, los dejo en la encimera. Total si vamos a comer más tarde ¿para que guardarlos? Me pregunta mi mujer con un poco de ironía (debo admitir que he tardado en descubrirlo) “¿y a tí te gusta cada cosa en su sitio?”. Luego me hace otra pregunta retórica de la que, para mi desbracia, ya sabemos la respuesta “¿Habrás limpiado la encimera?” Guardo silencio, pero una voz interior me dice: “Ups”.
Y llega la hora de hacer la cama, también hay diferentes puntos de vista. A mi me gustan las mantas y sábanas remetidas debajo del colchón. A mi mujer le agobia. Yo transijo y dejo la ropa colgando, se acabaron los problemas. No, por lo visto hay que estirar la ropa hacia arriba y tener cuidado de que la ropa cuelgue de un lado lo mismo que del otro. El caso es que no he conseguido hacer la cama bien un día.
Pero todo lo anterior es nada si lo comparamos con la colada. Creo que lavadora y mi mujer se han aliado.. Empezamos por la ropa a lavar, tenemos diferentes criterios. Yo mantengo que si no huele, no hace falta lavar. El criterio con los calcetines es diferente, si no se quedan pegados en el techo, no hace falta lavarlos. Pero parece que las cosas no son así. Así que conciliador y sumiso he decidido lavar toda la ropa que esté en el suelo. Pero luego llega la siguiente crisis en forma de pregunta
— ¿No vas a separar la ropa de color, lo oscuro de lo claro?”.
— Cabe todo junto, — es mi respuesta.
— Te arriesgas a que todo junto salga del mismo color....
Y vuelvo a claudicar.
La lavadora hiere mi orgullo, acostumbrado a vigilar los relojitos del avión y ver controlar que las agujas están en su sitio, ese aparato de una rueda y tres botones me hacen sentir perdido. Me parece humillante pedir ayuda, pero sería peor cargarme el electrodoméstico. Tras tres intentos consigo lavar la ropa. Agradezco que la lavadora no tenga inteligencia artificial, no sé el tiempo que perdería discutiendo con ella.
Y llega el planchado, mi teoría es sencilla, no se hace el centrifugado y la ropa se tiende mojada. El peso del agua la estira. Si no quedan bien los pantalones se colocan debajo del colchón y al día siguiente ya están. Como era de esperar no estamos de acuerdo, hay que cetrifugar y tender. Sin problemas, tiendo la ropa y a la hora de pasar la plancha se me ocurre comentar sin mucho convencimiento:
— La arruga es bella, por lo menos eso decían cuando éramos jóvenes.
— Tienes razón.— Me dice mi mujer con el mismo convencimiento que yo he puesto.
Tengo la seguridad de que me ve como un peligro para la ropa planchando. Por otra parte, en casa y con la pata quebrada haciendo reposo no necesita ir con ropa planchada.
Agradezco su paciencia y espero que ella entienda mis esfuerzos... .