DIETAS LUNARES
Me sorprende hoy El Debate con un titular que reza “El sorprendente sueldo de los astronautas de Artemis II: no cobrarán un euro más por ir a la Luna”, lo escribe Rubén Prieto y nos cuenta que los astronautas de
Artemis II, y todos los demás, no cobran un extra por estar en el
espacio, hace mención también de los dos astronautas que se quedaron varados en
la estación espacial y no cobraron ninguna indemnización por ello.
La misión Artemis, como la Apolo, tiene como objetivo que un
ser humano vuelva a pisar la superficie de nuestro satélite. Si tuviésemos que
hacer comparaciones la Artemis II sería el equivalente de la Apolo VIII. Ésta
última supuso el mérito de que el ser humano abandonase la órbita terrestre por
primera vez, la Artemis II repite esta hazaña unas décadas más tarde.
No deja de ser chocante que coincidan algo tan mundano y
ruin como la guerra en la superficie de nuestro planeta con algo tan supremo
como una pequeña odisea de ir y volver a la Luna. Ya pasó en 1969 a la vez que
Neil Amstrong pisaba la Luna, sin cobrar extras, el marine John Smith caminaba
por la jungla vietnamita cobrando un extra por estar allí y arriesgándose a pagar
con su vida su estancia.
Las dietas suponen un extra de cualquier sueldo por el hecho
de la persona que las percibe tiene que hacer frente a los gastos que motiva el
estar en un lugar diferente al que reside, fundamentalmente los que originan el viaje, la manutención y el alojamiento. Por eso un diputado por Burgos cobra unas
dietas que un diputado de Madrid no. Ya que suponemos que el primero se
traslada, duerme y tiene que comer en Madrid. Como la vida no cuesta lo mismo
en un lugar que en otro hay que compensarlo. Pagar el viaje, hotel y
restaurantes o darle un dinero para que se busque la vida y viaje por su
cuenta, elija dónde duerme y coma lo que quiera donde desee.
En el caso de los astronautas, el viaje está pagado, se les
proporciona manutención y alojamiento. No creo que en la Luna haya todavía hoteles
o restaurantes, lo mismo que todavía no hay una alternativa en órbita al menú y alojamiento servido en la estación espacial. No hay motivo para pagar unas dietas.
El trabajo de un astronauta consiste, como indica su nombre,
en navegar por los astros y realizar actividades en el espacio. Cobran y se
forman para ello. Es su afición y vocación y han pagado por ello estudiando y
preparándose para ser admitidos en un grupo selecto.
El titular del artículo nos deja en evidencia. Uno tiene que
ser pagado por hacer lo que tiene que hacer. Probablemente haber sido astronauta reportará otra clase de
beneficios a posteriori, pero el extra por ir al espacio se paga y cobra en especie,
cada día que pasa están sometidos a un control médico exhaustivo, a una dieta
de alimentos específica y a una atención constante. Se les está mimando entre
todas las limitaciones que supone estar en un módulo menor que una caravana del
que no pueden salir.
Posiblemente este artículo responda a la necesidad de
publicar en un viernes santo algo no relacionado con las procesiones o con una
guerra que va a durar dos semanas más después del anuncio de que le quedaban
dos semanas.