Nueva implantación del sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR).
Nos informa hoy Álvaro García en La Razón que “Es oficial: estees el nuevo suplemento que pagará por las bebidas desde el 12 de agosto”, se
hace público el día del eclipse en medio de las vacaciones de verano. En teoría
se empieza a practicar algo que ya se aplica en otros países de la UE y que
también se hacía en tiempos de Franco: la devolución de envases.
El usuario pagará diez céntimos extras por la compra de cada lata,
botella de plástico de un solo uso o brik de más de tres litros. Este
suplemento se reflejará de forma independiente en el ticket de compra y se
reintegrará cuando se devuelvan los envases. Es lo que se llama el sistema de
depósito, devolución y retorno (SDDR) con ello se pretende reciclar el vidrio,
el plástico y, me imagino, que el aluminio. Parece que la gente no estaba por
labor de utilizar los contenedores verdes (los de vidrio) o los amarillos
(plástico y metal). De esta forma, sin informar sobre la devolución de envases y
sin instalar una maldita máquina que permita devolver las diferentes latas,
botellas y briks se impone cobrar un suplemento sin que se haya implementado
del SDDR nada más que el cobro del suplemento.
Habrá que habilitar en su casa, si dispone de espacio, un almacén
de latas vacías, botellas de plástico huecas y bricks consumidos. Surgen varias
preguntas ¿Pueden estar abolladas las latas? Se traslada las preguntas a las
botellas de plástico y a los brick. ¿Se puede ir con una botella de plástico
comprimida o con un brik doblado? Si no se pueden deformar se encontrará con
un depósito, fundamentalmente, de aire y se verá obligado a cargar con todo ese
aire y los envases a su centro comercial.
No nos engañemos, el centro comercial que estaba dispuesto a
vender una lata de aceitunas abollada, puede decirle que esa lata que podía ser
vendida no puede ser aceptada y que viniendo abierta ha perdido integridad.
No sé cómo será de eficaz el SDDR, pero no me cabe duda que ya
hemos empezado a pagar por nada.
Se añade a esta disposición la gradual eliminación de dosis
individuales, así que vaya despidiéndose del sobre de azúcar o del cubilete de
aceite y vinagre. Volvemos a las aceiteras y al azucarero que se eliminaron por
higiene, ahora vuelven por medio ambiente. La normativa europea se vuelve a
liar. Pero mientras elucubra sobre un resultado usted pague el suplemento, lleve
su azucarero y sírvase su propio aceite y luego devuelva el envase. Si sabe cómo
hacerlo recuperará su dinero y sabrá que ha colaborado a una Europa más limpia
y recaudadora.
Espere luego a la próxima norma y piense que Europa justifica su existencia
con una normativa de la que pocos se benefician y todos pagan.