La batalla de Nueva York
Un combate incruento, de una pugna constante, golpe y
contragolpe. Al final un cañonazo entró en la puerta argentina y dio la
victoria a España. Es la noticia de ayer que hoy encuentra un merecidísimo
hueco. A falta de tercios en Flandes, buena es la selección en América.
Y es que, tras la batalla de Nueva York, hemos ganado la
incruenta guerra del campeonato mundial. Aparentemente ha habido favoritismos
que no han llegado al amaño. Una sugerencia para que retiren una tarjeta roja y
un VAR cuyas revisiones han favorecido a Argentina, que no ha jugado mal. Ha
competido como todo un subcampeón con mal perder, no todo puede ser perfecto.
La selección española ha tenido la habilidad de hacer que,
jugando en equipo y bien, una gran mayoría de españoles les apoye y, de alguna
manera, hayan estado con ellos. Sólo en estas ocasiones se portan banderas rojo
y gualda y se lleva una especie de uniformidad roja sin que a uno le tachen de
facha por ello. Desgraciadamente esta unidad es pasajera e incompleta, no
durará siempre ni todos participan de ella. Como siempre tiene que haber esos
individuos que se enojan porque los demás disfrutan, que son violentos contra
los que no piensan como ellos y que, como los animales, pretenden marcar su
territorio diciendo lo que se puede o no se puede hacer. Mala gente que se cree
con la autoridad de ordenar a qué equipo apoyar. Tenemos que sufrirlos. Como
dijo el político: somos más.
Hay que agradecer que, por un día, esa especie de guerra
civil doctrinal y cognitiva que se está librando en nuestra sociedad haya quedado aparcada por un día.
Disfrutemos hoy, mañana será otro día.