La crónica y la historia.
Me ha llamado la atención un artículo que publica Gonzalo Jiménez Tapia en la sección de historia de El Debate. Lleva por título “«Débil, imbécil y hechizado»: desmontando las ‘fake news’ históricas sobre Carlos II”. Y de eso va el artículo de defender la figura del rey Carlos II demostrando que no era tan débil, no era un imbécil y, desde luego, no estaba hechizado. En este mismo medio se publicaba una entrevista que Sarah Durwin hacía al historiador Jorge Álvarez, autor del ensayo “la alianza imposible” con un titular muy explícito: “Jorge Álvarez:«Fernando VII no fue un rey brillante, pero es injusto culparle de la caída de España»”. Alega el historiador que mucha de la mala fama de este rey se debe a que su historia la escribieron los liberales, pero que cuando él gobernaba los absolutistas eran mayoría.
Con respecto al primer artículo, se desmontan esas “fake news” históricas aludiendo como origen a una acción propagandística de Luis XIV que será asumida como cierta por los propios españoles. Es cierto que si se escarba en la vida de este rey hay más motivos de compasión que de reproche. La verdad es que los retazos que se me han quedado de mis libros de estudio se van cayendo. Según ellos, con Carlos II España fue a la deriva y Fernando VII fue lo más nefasto que le pudo pasar a nuestra nación. También hay cierta revisión hacia otros personajes: Tiberio no fue mal emperador, pero tuvo muy mala propaganda; Calígula tomó alguna que otra buena decisión, pero si estaba un poco loco; Claudio no era tan tonto y tomó buenas decisiones; y Nerón no era tan malo como le pintan y tomó buenas disposiciones para mitigar las consecuencias del incendio de Roma. Eran otros tiempos y las mociones de censura se resolvían de otra manera.
Quiere esto decir que la propaganda ha funcionado siempre. Sobre todo cuando los que cuentan la historia se mantienen más fieles a una ideología que a la verdad. He acudido muchas veces en este blog a una frase de Jardiel Poncela: “Historia es exactamente lo que se escribió, pero no sabemos lo que pasó”. Es cierto, hay una diferencia entre la crónica y la historia: la crónica se ajusta al hecho, lugar y fecha mientras que la historia añade un juicio. Y este juicio muchas veces permanece sobre los hechos. La historia se escribe todos los días y está en continua revisión. Prueba de ello es esa afirmación repetitiva de que Zapatero terminó con ETA que, si no tenemos cuidado, será lo que quede para el futuro.
La historia viene a ser lo que nos han contado, y es a lo que se agarran los estudiosos para escribir la crónica o la historia, ya decidirán, Siempre hay archivos a los que recurrir, fiables y poco fiables. Ya depende del historiador el valor que les dé. Desde luego, la historia de la España y la del mundo del siglo XXI cambiará mucho según la base documental que emplee el futuro historiador. Imagínense las diferencias entre recurrir a la hemeroteca de El País o a la de El Mundo.