Nos convoca este jueves otra vez nuestra amiga Mónica desde
su blog “Neogéminis”, ya son dos semanas seguidas por lo que agradecemos su
esfuerzo. En este jueves el reto se llama
“Historia para un paisaje” y se trata de
ambientar una historia que no exceda de las 350 palabras en uno de los
paisajes propuestos. La verdad es que puede haber muchas historias en un
paisaje y muchos paisajes en una historia, también un paisaje puede ir variando a lo largo de una vida, y creo que
eso es lo que vamos a contar en…
El cuento de una vida a través de un paisaje.
No tenía claro si era una foto o un grabado, pero siempre
había estado en el salón de la casa familiar.
Cuando Antonio de León era un niño el paisaje evocaba los juegos
del veraneo. El baño en el mar, las olas que levantaban a la criatura y la
posibilidad de aprender a volar una cometa, en ese momento lo más cercano que
concebía como volar. El horizonte sugería un lugar donde el mar se desaguaba
dejando caer el agua a ninguna parte. Ojalá pudiese estar en la cometa para
poder verlo un poco más cerca.
Cuando Antonio de León se hizo joven aprendió que detrás del
horizonte había más mar y que su inmensidad se confundía con la del cielo, ya
no le sugería juego sino aventura y contemplaba la posibilidad de volar en algo
que no fuese una cometa y viajar más allá. Sabía que aún en la inmensidad si se
movía en línea recta llegaría exactamente hasta donde estaba, después de ver
mucho mar y mucha tierra.
Cuando Antonio de León era padre de familia contemplaba al
mar como un refugio al que acudir en si vida ajetreada. Un lugar idílico donde
descansar y disfrutar de su familia, en el que era más padre y esposo que
cuidador. También el mar provocaba sus temores, las corrientes podían jugar con
sus hijos y ocasionarles alguna desgracia. No tenía tiempo en ese momento para
pensar en el horizonte. El mar se había convertido más en un testigo de su
existencia que en algo evocador.
Ahora Antonio de León contempla más a menudo el paisaje, los
años le han hecho saber que es una representación de la mar. En ocasiones se le
antoja llamarle ” la mar” en vez de “el mar”. Lo que más le atrae es el horizonte
y se pregunta qué cosas habrá detrás. Ahora la mar es además de una incógnita,
un camino. Tenía el sentimiento de despedirse del paisaje más que de contemplarlo.
Mas historias de paisajes en este enlace.