¿A quién le importa?
Es una canción lanzada por Alaska y Dinarama, lo que quedaba de los Pegamoides, en 1986. Salía en medio de la movida y era uno de los temas del álbum "No es pecado". El mundo gay la acogió como himno, aunque en la canción no se le mencione. En realidad es la afirmación de un personaje (no sabemos de sus gustos, sus convicciones, o sus rarezas y manías) a seguir siendo como es. Con todo lo que ellos implique. Creo que se le puede aplicar a cualquier persona, sea la que sea.
Es una de esas canciones que podríamos llamar de "resiliencia", un equivalente a "yo sigo plantado es mis trece" lanzando una pregunta ¿A quién le importa? Sin preguntarse ¿A quien podría importarle?
En una ocasión un conductor casi se chocó con otro coche. Iba hablando por el móvil, una mano en el volante, la otra sujetando el teléfono y la atención en la conversación y la conducción. Un frenazo y una expresión que me salió del alma "Eso pasa por ir al móvil", dije, a lo que el conductor espetó más bien enfadado "¿Te importa?". "Si me puede atropellar, si", respondí.
Quiero con esto decir que la pregunta "¿A quien le importa?" tiene que ser primero respondida por el que la hace. La respuesta no radica en el qué dirán, ni siquiera en a quién molestará, sino en a quién y en qué puede afectarle. Todos merecemos y merecen respeto, hay que mantenerlo.
Por otra parte, también hay una epidemia de piel fina en la que resulta muy fácil ofenderse. Hay quien ofende sólo por opinar a favor o en contra. Hay a quien se le considera transgresor por disentir. En definitiva hay a quién se le considera raro por mantener una visión particular del mundo, algo muy normal ya que cada persona tiene su propia forma de ver y relacionarse con el mundo.
Hemos terminado por formar una sociedad en la que se espera de cada persona una especie de militancia, y que una vez esté identificada, se defina por unos rasgos que la identifiquen como parte de ese grupo. La forma de vestir, la forma de hablar, incluso la forma de comer, se tienen que ajustar a unos cánones. Podemos diferenciar, por ejemplo, la militancia de alguien que se refiere al público como "nosotras","nosotras y nosotros", "nosotros" o "nosotres". Los estereotipos adquieren ya tanta importa que anulan a la persona y sus cualidades.
Estás costumbres que vamos adquiriendo o nos van imponiendo nos están haciendo perder el aprecio por las personas cuando damos más importancia a su militancia que a lo que es. Pero eso ¿A quién le importa?