Entrevista para nacionalizarse.
— Buenos días, señor cónsul.
— Buenos días, usted dirá.
— Que quiero ser español.
— Muy bien, ahora es fácil serlo. Sobre todo, fuera de España. Si usted estuviese en España tendría que haber vivido allí unos diez años, aprobar un examen y pagar el trámite. Aquí, ya ve, le sale gratis y sin más esfuerzo que responder a unas preguntas.
— Perfecto, pues aquí me tiene.
— ¿Qué sabe usted de España?
— La verdad, no gran cosa. Es un país africano que da al Atlántico y al Pacífico.
— Empieza bien. Parece que ha estudiado geografía en la propia España. ¿Sabrá, por lo menos, la capital de España?
— Rabat.
— Puede valer. Realmente, gran parte de la política española se diseña desde allí.
— ¿Me podría aportar alguna documentación que demuestre que su abuelo era español?
— Por supuesto que no. Puedo proporcionarle un documento de identidad.
— Pero si me está enseñando un ticket de compra, de hace dos años.
— Me dijeron que en España servía.
— Está mezclando cosas, en España sí servía, pero fuera no sirve. Perdóneme, pero con esos rasgos no parece que sea descendiente de españoles.
— Ya me dijeron que eran racistas.
— No es racismo, pero, la verdad, es que parece más chino que español.
— Mire que es usted ignorante. ¿No sabe diferenciar a un chino de un filipino?
— Pues la verdad es que no. Pero nadie creería que su abuelo era español.
— Pues creo que hasta 1898, los filipinos eran también españoles. Lo cual me hace tataranieto de español.
— Pero su tatarabuelo no huyó de España.
— Mi abuelo se se fue de Filipinas por defender el socialismo.
— ¿Es usted socialista?
— De la Internacional Socialista.
— Eso lo cambia todo. Usted es, entonces, ciudadano del mundo y, por eso, también tiene algo de español.
— Ya me dijeron que ser socialista abre muchas puertas en España.
— Le dijeron bien. Pero siendo filipino, ¿qué hace en Argentina?
— Vine aquí sin papeles y, siendo español, puedo ir a España con los papeles regalados. Y mire si cumplo con la ley: mi abuelo era republicano, socialista y tuvo que irse fuera de su país.
— Visto así... Sabe cuál es la bandera de España.
— ¿Cómo no lo voy a saber? Roja con el escudo en medio.
— Veo que medio lo sabe. ¿Y el escudo?
— Se pueden utilizar dos: una hoz y un martillo, o un puño con una rosa.
— No va muy desencaminado. ¿Sabe quién es el Rey y el Presidente del Gobierno?
— El Rey, no lo tengo muy claro, me parece que Mohamed VI. Pero el Presidente, si lo sé: Mario Soares.
— Bueno, ése es el Secretario General de la ONU, pero fue presidente de la Internacional Socialista y, siendo de la ONU y socialista, está relacionado con España.
— Y dígame, ¿no le estoy demostrando mi españolidad?
— No tengo dudas sobre ello. Desde luego que merece la nacionalidad. Considérese español desde este momento.
— Muchas gracias. Aprovechando mi recién estrenada españolidad, ¿dónde tengo que solicitar el sueldo mínimo vital? Verá: es que no tengo ingresos.
— Sabe, me sorprende. No sólo parece un español de toda la vida, sino que parece de lo más granado del PSOE. ¿Quiere afiliarse al partido?
— Si me pagan, sí.
— El PSOE no le va a dar nada. Si acaso, le solicitará alguna donación. Pero tenga en cuenta que los ciudadanos, con sus impuestos, le van a dar de todo.
— Ahora empiezo a entender eso de “no tendréis nada y seréis felices”...










