Polarización.
Vivimos en un mundo cada vez más polarizado. Creo que uno puede y debe pensar con independencia y, fruto de ello, militar en la creencia que le complazca. El problema de esta polarización es que suele venir acompañada de radicalización. Ésta hace el papel de esas orejeras que se pone a las acémilas para limitar su visión y hacer que sólo miren adelante. Una persona radicalizada sólo piensa en una dirección y en un sentido. No llega a entender ninguna alternativa o modo de actuación que no sea el que le dictan sus principios.
Asistimos a expresiones que admitimos y decimos como lo más lógico dentro de esta polarización. Nuestro radicalismo acalla mucho la crítica hacia los de nuestra cuerda y la acentúa hacia los de la contraria. Nos hace aceptar nuestra militancia demasiados conceptos sin atender explicaciones. Nos hace olvidar lo bueno de una idea para centrarnos sólo en lo malo. Nos hace evitar la reflexión. Nos hace olvidar de las consecuencias. En definitiva, acabamos perdiendo la noción de la realidad y percibimos el mundo tal como quieren representarlo. Como ya he dicho muchas veces: somos el campo de batalla de muchas guerras.
Intentaré hacer mención a algunas expresiones radicales que he oído últimamente: “Nacionalizar a todos para acabar con el fascismo”; “Es que se dejan llevar por la ideología en la gestión”; “El peligro de la derecha extrema y la extrema derecha”; “Prioridad nacional”... Son expresiones que habría que explicar y dejar muy bien claro su concepto. No me consta que los nacionalizados vayan a votar ideologías que no sean fascistas, de hecho podrán votar lo que quieran y no lo que les digan los que los nacionalicen “por agradecimiento”. Si uno está en el poder lo está en concordancia con una ideología que tiene que influir en la gestión. No me constan donde gobierna la derecha y la extrema derecha se hayan cometido más o menos atrocidades que donde gobierna la izquierda o la extrema izquierda, desgraciadamente, hay demasiados ejemplos para todos. Lo de prioridad nacional se ha convertido en una expresión comodín que, si no se explica bien, vale para todo y no vale para nada. Arrinconar un idioma, por ejemplo, es también seguir el dictado de una “prioridad nacional”.
Hay temas que favorecen la radicalización, religiosos, políticos o sociales, añadiría que también los medioambientales. La polarización en estos temas nos lleva también a un negacionismo o reafirmación que rozan el absurdo y nos hacen olvidar del verdadero objetivo. Si el compromiso de una sociedad con sus ciudadanos es que la enseñanza y la sanidad sean gratuitas y de calidad, lo de menos es que sean pública o privada.
Creo que el ejemplo más patente de nuestro radicalismo está en que llevamos tres años sin presupuestos. Esto significa un trienio sin capacidad de diálogo. El hecho de que en el congreso no se hayan presentado unos presupuestos no pone sólo en evidencia el incumplimiento de un gobierno, sino la de la cámara que representa a todos los ciudadanos. Pero nosotros, todos, erre que erre a ver si conseguimos estar una legislatura sin presupuestos... triste record.