Sobre el mundo digital.
Publica hoy ABC en la tercera un artículo mu interesante que escribe Jorge Volpi y se titula “Ciudadanos digitales”. En el se analiza la relación entre los ciudadanos y el mundo digital. La digitalización ha irrumpido en nuestras vidas. Hay formatos clásicos que han pasado del papel a la pantalla. Otros se han modificado y han pasado del tablero a la pantalla. También se han creado productos específicos.
Ha habido un progreso exponencial. En cincuenta años los ordenadores han pasado de ser un mamotreto elitista a ser un artilugio que llevamos en el bolsillo. Ahora empieza a irrumpir la inteligencia artificial que nos ahorra mucho trabajo y que casi piensa por nosotros. Poco a poco nos estamos haciendo ciudadanos digitales. Nos resulta cómodo, podemos pagar hacer operaciones bancarias con nuestro móvil. Ha venido a sustituir al cajero del banco. Las redes sociales permiten establecer foros de discusión entre tertulianos de diferentes partes del mundo. Es relativamente sencillo ver en televisión entrevistas que se hacen conectándose por cualquier aplicación de imagen. Hay muchos programas que tienen más el formato de un chat de red social que de un informativo. Es más, el porcentaje de público que se informa por las redes sociales va aumentando en perjuicio de la cantidad de los que se informa por los medios de información clásicos. También han desaparecido las relaciones epistolares ¿Quién necesita escribir una carta existiendo los emails? Las aplicaciones como whatsapp permiten que un miembro del grupo comente una información para que el resto de los componentes desate una cadena de opiniones. Son unos pocos ejemplos de las actuaciones y cambios que sufren los ciudadanos digitales.
¿Cuando remitió el último crisma? Ahora resulta más sencillo, cómodo y barato colgar un dibujito con el deseo a toda una lista de contactos y ya hemos cumplido. No es que sea un proceso bueno o malo. Es diferente y, sobre todo, cómodo. Dentro de este proceso hemos pasado de tener un televisor y un teléfono por hogar a disponer un móvil por cada miembro familiar. Los miembros de la familia suelen estar más atentos a su aparatito que a la televisión. Claro que disponiendo de ese celular se pueden ver películas, leer libros y noticias, escuchar música y, de vez en cuando, tener una conversación. No sólo eso, uno puede organizarse su vida en una agenda, incluir sus citas y notas, llevar su lista de contactos. Guardar sus contraseñas y fotografías. Colgar sus vacaciones, idas y venidas para que el mundo contemple su supuesta felicidad. Uno puede, queriendo o sin querer, meter su vida en el móvil. Y sin percatarse hacer que el móvil viva sin que su propietario viva.
Puede resultar lógico que se pretenda prohibir el uso de pantallas. Pero creo que sería como prohibir leer. En una ocasión oí al general Julio Rodriguez (cuando no era de Podemos decía cosas muy sensatas) contar una anécdota sobre un hombre que leía tanto que no pensaba y que, hace veinte años, uno podía cometer el error de acumular tanta información que al final no leyese. Nuestro acceso al mundo virtual se está convirtiendo en algo parecido. Yo lo compararía al hecho de que uno se enamore de la lectura y se dedique a leer continuamente sin enterarse de lo que lee. A mí me acusaban de leer muy despacio y hasta los cantos de las hojas, “pero me entero de lo que leo” era mi respuesta.
Y creo que no hay que rechazar este proceso de digitalización. Pero, como en todo, es necesaria una formación y una educación. Una formación en el sentido de saber lo que hacemos y una educación para saber dónde nos metemos y si lo que nos encontramos es bueno o malo. Ser conscientes de lo que dejamos al acceso de todos, por mucha privacidad que nos prometan. Y movernos con cuidado por una selva en la que hay un gran número de peligros. Saber que el mundo digital no es real. Lo mismo que no creemos en los cuentos de hadas, no podemos pensar que las mujeres disfrutan con lo que se ve en la pornografía. Y que lo mismo que sabemos que hay ciertas zonas que no se deben visitar, en el mundo digital hay ciertos lugares que mejor no acceder.
En definitiva, tener en cuenta que si podemos sacar parido de la digitalización, la digitalización puede sacar partido de nosotro.s.