Nos convoca este jueves nuestra amiga Nuria desde su blog, “Bitácora literaria”. Ha denominado al reto “La nostalgia y el tiempo” y nos ha sugerido estas cinco frases para ayudarnos a escribir una historia de no más de 350 palabras.
«La nostalgia es ese perfume invisible que dejan los años en el alma; nadie lo percibe, pero lo reconoce en cada recuerdo».
«El tiempo te enseña a soltar las manos, pero no consigue que tu corazón aprenda a despedirse».
«A veces, la melancolía acaricia el alma con manos suaves y recuerda que vivir también consiste en aprender a echar de menos».
«La nostalgia es una carta que el pasado le escribe al corazón cuando el presente se queda demasiado callado».
«El tiempo pasa como la brisa entre los bambúes; solo el corazón sabe qué hojas cayeron y cuáles siguen temblando en su interior».
He fallado, me ha ocupado más de 350. Pero me parecía injusto quedarse sólo con una frase. He considerado a todas en el relato, aunque me he permitido la licencia de modificarlas un poco en.
El cuento de la nostalgia.
El capitán Ernesto llevaba ya unos meses fuera de casa. Era su cuarta rotación a uno de esos lugares a donde unos políticos mandan a los soldados para que parezca que arreglan el mundo. Estaba un poco cansado. El anzuelo de ver mundo deja de funcionar cuando lo que se ve es pobreza, miseria y mucha mala baba. Estaba en esos momentos en que pensaba que, cumpliendo una misión, no formaba hogar. En sus pertenencias permanecía el aroma de hogar, evocaba a su esposa e hijos, sin saber de ellos otra cosa que lo que le contaban. Y así reconocía su nostalgia como ese perfume invisible que dejan los años en el alma, que nadie percibe, pero que él podía reconocer en cada recuerdo.
El comandante Don Ernesto languidecía en su despacho. En los momentos que rompía la rutina de leer e informar sobre un papel tras otro se fijaba en las fotografías de un capitán más jóven. Ahora con la tranquilidad de un horario, pero con otra actividad que le mantenía lejano al hogar. El tiempo le había enseñado a soltar las manos, pero su corazón no había aprendido a despedirse.
El Teniente Coronel mandaba con mano férrea su grupo, los problemas se sucedían y su gente los solucionaba rápidamente. A veces encontraban tiempo para recordar los buenos tiempos del pasado y, entre todos, llegaban a la conclusión de que la melancolía acaricia el alma con manos suaves y les recordaba que saber echar de menos es algo que hay que aprender en la vida.
El Coronel Ríos terminaba su mando y no tenía más ambiciones que repetir su vida, se daba cuenta de que la nostalgia era como una carta que le escribia a su alma y ahora, el presente no le decía nada.
Don Ernesto ya está jubilado, esclavo de la rutina, en sus paseos se da cuenta que los ratos felices de su pasado son más fálices de recordar que los malos momentos, y llega a la conclusión de que el tiempo ha pasado como la brisa entre los árboles, y los recuerdos son como las hojas, unos han volado y otros quedan temblando entre el entramado de su pasado. De una forma u otra, por uno u otro motivo, la nostalgia le ha acompañado toda su vida.
Más reflexiones sobre la nostalgia y el tiempo aquí.