LA VELETA.
Todos los días leo algunas noticias que me gustaría comentar.
No creo que sirva para mucho.
Pero es una forma de poner un granito de arena para cambiar un poco este mundo (o para que cambie de otra manera).
He dicho muchas veces, y creo que no me cansaré de hacerlo,
que la crisis que sufrimos es, sobre todo, moral. Más aún en este tiempo en
que una gran mayoría de los ciudadanos y la totalidad de los políticos ya
admite que el fin justifica los medios. No es sólo eso, también se predica
demasiado pero sin ejemplo. Ello motiva una escasísima fiabilidad de las élites gobernantes.
Si falla el ejemplo ¿qué referencias hay? Más bien pocas.
Nuestros dirigentes no dejan de solicitarnos que utilicemos el transporte
público, pero se trasladan en medios oficiales de propiedad pública y uso
estrictamente privado. Ensalzan la enseñanza pública y recomiendan que nuestros
educandos y estudiantes acudan a escuelas y universidades públicos, pero
matriculan a sus hijos en centros privados que, según ellos deberían estar
cerrados. Van contra los propietarios de viviendas, postulan que una vivienda
es, ni más ni menos, que para vivir, acusan a los poseedores de una vivienda y
lo tachan, por ser su dueño, de especulador. No obstante la Ministra de
Vivienda, por ejemplo, dispone de siete inmuebles. También disfruta de más de
una vivienda el matrimonio Pérez-Gómez, algunas alquiladas y cobrando un
alquiler tan abusivo como el de la media. Es ya famoso el tío de la coleta que
presumía de disfrutar de un piso en Vallecas y ahora está sufriendo en un chalet
de más de doscientos metros cuadrados.
También hemos comprobado que la idea de abolir la
prostitución ha sido, además de un imposible, un absurdo. Los dirigentes
socialistas que intentaban acabar con ella no han dejado de practicarla. Las socialistas no han dejado de
guardar silencio. Otro tanto podemos decir de los acosos.
Los que hablan de ser transparentes pocas veces dan
explicaciones. Acusan de bulos cuando la mejor forma de combatirlos es con una
información que no se da. Como si no fuesen conocedores de que la ausencia de
información siempre será rellenada con las más mínima pista hasta donde lleve.
El principal bulo es la opacidad y la verdad a medias.
En resumen, falta la ejemplaridad necesaria y sobra el
fanatismo de los acólitos.
La falta de ejemplaridad nos está llevando a una situación paradójica:
el líder en vez de unificar esfuerzos y voluntades las divide erigiéndose en un
muro que divide a los ciudadanos. En realidad no deja de levantar barreras por
cada asunto.
En fin que, manteniendo una política haz lo que diga pero
no lo que yo haga, no vamos a ninguna parte. Para eso hacen falta unas
referencias que no tenemos.
Nos estamos llevando últimamente muchas sorpresas. Quizás
equivoquemos términos, que Paraguay elimine a Alemania del mundial es una
sorpresa, que al PSOE le salga un imputado más empieza a ser costumbre. Que los
militantes del partido se lleven una sorpresa a estas alturas demuestra que
viven en un mundo aparte. No se enteran o no se quieren enterar.
Lo mismo podemos decir del hombre enamorado, entiendo que no
supiera de las andanzas de la fontanera, pero ignorar las de tu hermano, las de
tu señora, las de tus amigos de cerca y las de tus amigos de un poco más lejos
te hacen parecer vivir en la inopia. Con su historial es difícil creer que no
sabía nada.
Parece que el entramado era más extenso de lo previsto. Hay
conexiones entre la fontanería, Santos Cerdán, Ábalos y Koldo, Zapatero y, ahora,
el SEPI y la cúpula no sabía nada después de poner la mano en el fuego por toda
esta caterva. Tampoco es una sorpresa que no haya explicaciones. Sólo el
recurso a un plan de acoso y derribo, una conjura fascista-machista, que tiende
a contrarrestar las explicaciones que puedan extraerse de los procesos.
Si ha sido una sorpresa que en España haya más de un millón
de extranjeros pidiendo la normalización, se esperaba la mitad. Un fallo, uno
más, en la previsiones. También es una sorpresa que pueda haber casi de repente
dos millones y medio de españoles más. La verdad es que debió de haber
muchísimos exiliados y muy prolíficos.
Nos convoca nuestra amiga Rebeca desde su blog “crónicas de la loca que cazaba nubes” en la última convocatoria del reto fuego en las
palabras de este "curso", le agradecemos esta iniciativa y deseamos que disfrute del verano y regrese con la energía suficiente para regalarnos un nuevo "curso de fuego en las palabras". La temática tiene que encuadrarse en el ámbito educativo y debe
incorporarse al menos una de estas dos palabras: medallón o gárgola. No se
puede utilizar la palabra clase y el texto debe tener menos de 350 palabras.
He intentado hablar de educación y estudio, aunque saliéndome del ámbito
académico y entrando más en las aplicaciones del mismo en…
EL CUENTO DE LA ESCUELA DE LA VIDA.
Terminó el curso. Es posible que sea un hito, pero está muy
lejos de ser un antes y un después. Pensó, iluso de él, que — habiendo obtenido
su graduación y el medallón que lo acreditaba — se acabó estudiar. Peor
todavía, se consideró completamente educado.
El paso de los años demostró que hay que actualizarse, que
es lo mismo que seguir estudiando. Se encontró en la situación de tener que
desaprender para entendernuevas
situaciones.
Experimentó en propias carnes que si no se gana en educación,
se acaba perdiendo.
Tras mucho tiempo comprueba que el mundo es más complejo,
casi imposible de entender. Ahora, más que estudiar, debe descubrir cómo estar
en este mundo. Y para eso no aprendió todo lo que debería.
Ya ha perdido la ambición, se conforma con intentar saber
estar. Mira al mundo de una forma ambigua para tener, al menos, un boceto del
mismo. También percibe que, siendo más educado, sus relaciones con los demás
mejoran. No por ello sabe cuál es su lugar en el mundo, pero está más a gusto en
él.
Se da cuenta, en definitiva, que realmente no hay un fin de
curso, sólo cambios de situación y que para vivir la vida hay que prepararse
día a día.
El paso de los años le ha demostrado que no hay más fin que
la muerte. Hasta que ella no llega todo es irse transformando y que uno de los
mayores errores es creerse lo suficientemente educado y estudiado. Cambia de
opinión, el fallo más grave es acumular conocimiento para uno mismo sin aportar
nada, la existencia en este caso es tan estéril como una gárgola de piedra en
el tejado de una catedral.
Siempre queda mucho por aprender y siempre hay alguna
persona lo suficientemente rara para poner a prueba nuestra educación.
Si lo juzgamos con perspectiva, la vida es un relato
continuo, con dos grandes hitos: el nacimiento y la muerte. El uno es el inicio
del camino, la educación nos enseñará a recorrerlo y prepararnos para el
segundo.
En 1974 Las Grecas lanzaron este éxito al mercado en LP que daba nombre a un género de canción: el gipsy rock. La canción constan de dos partes exactamente iguales y relata los sentimientos de una enamorada que está perdida ante su galán. No tiene, en mi opinión, un mensaje muy profundo ni mucha calidad. Pero ahí quedó y dio el rendimiento suficiente, De hecho el nainonaino creó tendencia y ya hemos oído algunas canciones famosas cantadas de esta manera.
Algunas canciones, en momentos y circunstancias determinadas, permiten despertar la empatía con cierta gente. El momento es el actual del principal partido de un Gobierno que ya no tiene el apoyo del Congreso y que ya gobierna sin el legislativo, más bien en contra del mismo. Y la circunstancia la reunión del Comité Federal del PSOE que ha vuelto a cerrar filas en torno a Sánchez. Las esperanzas de que alguien solicitase la dimisión o una crítica se han quedado en nada. El objetivo de Sánchez, y el del PSOE, ya es el mismo que el del humorista argentino Joe Rigoli, en su papel de Felipito Takatún, que se puso de moda en la misma época de la canción: "Yo sigo".
Y me despierta cierta empatía con el votante del Partido Socialista Obrero Español, en todo lo que es su letra. Especialmente en las estrofas que dicen eso de "quisiera que me comprendieras y, sin darte cuenta, te alejas de mí". Ello nos lleva a determinar la actitud ante su voto: "prefiero no pensar, prefiero no sufrir". Y luego formular un deseo siendo conscientes de una realidad: "Lo que quiero es que me beses. Recuerda que deseo tenerte muy cerca pero, sin darte cuenta te alejas de mí". Al final llega a una solución conformista. "Si me aconvenzo, si me aconvenzo, dame tu ausensi, que sabe a besos". Y es lo que ocurre con el votante, se "aconvence" se conforma con una ausencia y se siente feliz. El votante vota por amor, no espera nada a cambio que no sea esa lejanía.
Y sus dirigentes, empezando por Pedro Sánchez, les envía un mensaje con el mismo significado que un "nainonaino" que puede sonar muy bien o recordar a una canción pero que no significa nada.
Hoy hay muchos temas de los que se podrían hablar. Cualquier otro día resultarían sustanciosos. Pero el asentamiento de la partitocracia en España, el mundial de fútbol que se estira o ese juego de mentiras que se da en la guerra o paz, no se sabe bien, del Golfo Pérsico me parecen baladíes. Ya nos preocuparemos por ello otro día.
La tierra ha temblado en Venezuela dos veces, tras más de veinticuatro horas desconocemos la magnitud del desastre. Es innecesario, nos bastaría saber que es un desastre y que ya hay muchas víctimas que lo están sufriendo. Para colmo, cada vez hay más desorden. Los estómagos vacíos y la incertidumbre creciente impulsan a una sensación de "sálvese el que pueda", quedémonos con lo bueno, también hay ayudas desinteresadas y colaboración entre los que han sobrevivido.
Creo que hoy es un día para animar y consolar a Venezuela, y que su gobierno, con todos sus fallos, se dedique a paliar las miserias que ha provocado este seísmo.
Desgraciadamente, para la mayoría del mundo, el desastre pasará cuando haya una cifra oficial y definitiva de muertos, heridos y desaparecidos oficial. Serán números que hagan olvidar que detrás de cada uno hay una desgracia. Para otros el desastre continuará sin hogar y sin familia. El mundo, impasible, seguirá girando y, en ocasiones, temblando.
Nos proponen nuestras amigas Patricia y Rosana, Rosana y Patricia, este jueves desde su blog “Artesanos de la Palabra” un reto al que han denominado “Detrás de la reja”, en el que nos invitan a escribir una historia sobre lo que puede haber detrás de unos barrotes. Yo he puesto ese enrejado en medio de una muralla para contar...
El cuento de la muralla
Antón Martínez de la Rubia vivía en un terreno inmenso delimitado por un muro. No carecía de nada en su tierra, disponía de todo sin tener que hacer un gran esfuerzo para conseguirlo. Pero esa muralla, alta y lisa en su totalidad, excepto una ventana enrejada, se erigía como un freno a su conocimiento. El ventanuco estaba alto, había que elevarse para ver a través de él y descubrir el paisaje de un espacio tan inmenso como del que disfrutaba. Nadie sabía quién hizo ese muro y ese ventanuco, pero ahí estaban, como retando para que derribasen al uno y para que atravesaran al otro. Antón los apodaba como “el desafío” y no podía dejar de preguntarse qué habría o quién viviría al otro lado.
Se propuso visitar periódicamente el ventanuco para otear el otro lado, gritar y escuchar. Para ello se hizo fabricar una escala y una plataforma. Ya había probado derribar el muro y era una tarea imposible. En contra de toda lógica, con el paso del tiempo la muralla parecía ser más fuerte y el ventanuco un poco más pequeño. Sus visitas habían aumentado y el tiempo que pasaba en la plataforma se alargaba. Pasaba los días mirando a través de la ventana, creando una tierra fantástica poblada de extraños seres que sus ojos creían ver y que su imaginación terminaba por dibujar.
Ya con escaso pelo de color gris, Antón pasaba la mayor parte del día en la plataforma, las pocas veces que contemplaba el paisaje de su lado del territorio creía ver los mismos seres extraños. Un día pasó a la acción. Acumuló las pocas fuerzas que le quedaban y avanzó a través del ventanuco. Se sorprendió al comprobar la facilidad con que atravesó los barrotes y se descubrió en una plataforma igual que la que él usaba para otear más allá de “el desafío”. El terreno que se abría ante él era exactamente igual que el que había en su lado del muro. Se dio la vuelta y vio el ventanuco enrejado. Tras los barrotes un señor igual a Antón Martínez de la Rubia le miraba con cara de asombro intentando atravesar sin éxito el entramado de metal que los separaba. No se oían; los dos hacían el mismo esfuerzo inútil.
Comparece Pedro Sánchez en el Congreso explicando que el PSOE no es tan corrupto y que ha tomado medidas dentro de su partido. Por supuesto, no puede evitar soltar alguna pulla contra el PP y VOX. Nada fuera de lo previsto. Utiliza antecedentes sin muchas pruebas y con acusaciones gratuitas. Continúa denunciando la corrupción de Ayuso basándose en unas denuncias desestimadas. Hay otros antecendentes, como el de considerar los casos propios de corrupción como “piedras en el camino”. El chulismo, que no chulería, es consustancial a él, como lo son las mentiras apoyadas en medias verdades. Olvida, por ejemplo, que en las medidas inmediatas se incluyen las calificaciones de bulo e “inventada” a las declaraciones de Aldama.
Quizás la primera marrullería de todo este proceso al que asistimos sea la moción de censura. Y la más grande de ellas la aplicación de una amnistía, primero inconstitucional y luego constitucional, para poder ser Presidente del Gobierno. Llámense marrullerías o intrigas, se hacen muchos propósitos gratuitos y de cara a la galería, entre ellos la colaboración con la justicia. Una colaboración que consiste en guardar un ordenador en un sótano escondido del que nadie sabe nada. Una colaboración con la justicia que se traduce en “a eso no voy a contestar ahora” y en un “ya daré las explicaciones más adelante”. Las explicaciones se han traducido hoy en un discurso que es un argumentario para la propia parroquia y, en la medida de lo posible, un ataque a las otras alternativas. El recurso al bulo sin demostrar nada y terminar insultando ha llevado a unas acusaciones de tener que escoger qué es mejor: si ser financiado por un narco o por un proxeneta. Mal futuro.
El adelanto del CIS para el mes de junio nos dice que los españoles perciben como los tres primeros problemas de España la vivienda, la crisis económica y los problemas de índole económica, y la inmigración. Hoy, como todos los miércoles, se han tirado los trastos a la cabeza y no se ha hablado de vivienda, ni de inmigración, y de economía sólo ha habido autoensalzamiento. Puede que salgan los números pero los españoles están más limitados en sus gastos y viven peor que cuando el PSOE llegó al poder, y que conste que con Zapatero y Rajoy ya se perdió calidad de vida. No es un problema de números sino de un bienestar que se va perdiendo.
Pero las principales marrullerías ocurren al hacer gala de unos comportamientos y en la defensa de unos principios que no se practican. Para los demás un piso y para mí un chalet, o más de uno. Que los que denuncian que una casa es ni más, ni menos, que para vivir resultan ser poseedores de seis o siete inmuebles. Estar sometidos a la labor de dos ministros que, como Trump, hacen su política en redes sociales. Que los que defienden la enseñanza pública envían a sus hijos a colegios y universidades privados. No resultan ser tan ejemplares. En fin, ya saben que eso de “ser socialista significa tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho” no deja de ser una mentira más del repertorio.
En mi modesta opinión, la partitocracia nos está dibujando un futuro muy negro y cada vez dependemos más de un partido en el que se rinde, cada vez más, el culto a la personalidad. Si hace sesenta años los ciudadanos gritaban ¡Franco! ¡Franco! hoy sus acólitos ya gritan ¡Pedro!¡Pedro!
Nos ha convocado en el Vadereto de este mes nuestro amigo José Antonio (Jascnet) en el que nos propone un viaje a la tierra del sol naciente. Debe invitar a la reflexión, la espiritualidad, la calma, la percepción de pequeños detalles e incluir al menos dos palabras en japonés. Mis referencias niponas son contadas y nunca he visitado el Japón, ni está en mis ilusiones. Hablar, por tanto, de este viaje no me resulta fácil. El recurso que he utilizado para ello ha consistido en un viaje interior para analizar lo que sé de este país y contar mis impresiones tras...
Unas aventuras japonesas.
Nunca logró viajar al Japón, situado casi en el norte de las antípodas de donde vivía; haciendo esta visita podía dar la vuelta al mundo en un viaje de ida y vuelta. No evitó esta circunstancia la realización de ciertas aventuras japonesas que, todas juntas, conforman una visita imaginaria a un país que también se considera una civilización.
Su primera aventura coincidió cuando empezó a practicar judo, el camino de la suavidad. No fue mal judoka, le gustó y lo practicó toda su juventud. Según mejoraba y perfeccionaba sus movimientos, como el tomoe-nague, ippon-sheonague, morote-seonague iba aprendiendo que la base de las técnicas inventadas por el maestro Jigoro Kano era meterse debajo del oponente, aprovechar su peso y su fuerza y proyectarle al suelo. Pudo ver una películas antiguas del maestro combatiendo. Había escenas que, cuando parecía que su oponente le iba a hacer caer, se movía en el aire y, casi sin esfuerzo, terminaba por derribar al oponente. Dada su privilegiada experiencia en este deporte —era bueno, pero no tanto como para ser miembro de la selección nacional— fue invitado a asistir al enfrentamiento entre los equipos de España y Japón. Le llamó la atención que los españoles, como todos los no japoneses, concebían el combate como poder contra poder y ser más fuertes que el adversario, algo que no funcionaba. También era de destacar que el entrenador español, como todos los entrenadores no japoneses, no dejaba de gritar instrucciones mientras que los compañeros del español que combatía no cesaban de animarle; por contra, el entrenador japonés permanecía callado e impasible al igual que el resto del equipo japonés. Terminó el campeonato y entendió que, mientras los no japoneses buscaban la victoria, los nipones concebían el combate como la superación de un problema. Entendió que en el mundo el judo era un deporte, pero en Japón era una filosofía consistente en la correcta aplicación de la fortaleza propia, aprovechando no sólo la fuerza, la debilidad y los errores del oponente, sino también las oportunidades que podían ofrecerse. Entendió que cada una de las artes marciales en Japón no era sólo un tipo de lucha, sino una filosofía para vivir la vida.
La segunda aventura fue vivida a través de un amigo que fue a aprender japonés, una ventolera que le dio. Hizo dos viajes a Japón y contó muchas anécdotas. Algunas de ellas ya son sobradamente conocidas, como los oshiya—los empujadores del metro— resultó más chocante cuando relató que se vió inmerso en un atasco de personas en el metro y que la única forma de salir de él fue pegarse a una pared y esperar. También nos habló de la belleza de los cerezos en flor, pero no llegó a ver ninguna cereza en los menús. Disfrutó de una comida minimalista y sabrosa, pero muy cara y algo escasa, por lo menos para él. Lo que más le impresionaba es que hubiese tanta gente moviéndose tanto y tan deprisa, que esa calma zen estaba reservada a unos pocos o, más bien, que eran pocos los que disfrutaban de ella. Eso sí, la minuciosidad y la autoexigencia en el trabajo era casi una religión. Trabajaba como ayudante en una pastelería y, recordaba que los viernes, hacían una especie de fiesta en la que todos acababan cantando una canción con una sola palabra, “yopparatte”, al son de “La cucaracha”. Luego nos dijo que esta palabra significaba algo así como “estoy borracho”. A pesar del alto nivel cultural, pocos hablan otro idioma que no sea el japonés. Todo ello se resumía en una forma de vivir diferente de más de ciento veinticinco millones de personas en menos de cuatrocientos mil kilómetros cuadrados. No había allí filosofía o cultura, sólamente una manera de vivir. Claro que generalizarlo en tantos millones de personas es un error consistente en establecer estereotipos.
La tercera aventura fue la lectura del libro “La mente del estratega”, de Kenichi Omae, una lectura casi obligada en el ámbito de su trabajo. Trata el autor en este libro los motivos del auge de muchas empresas japonesas; una de las conclusiones que nos regala es que si la adaptación es la clave de la supervivencia, la anticipación es la clave del éxito. Termina el libro analizando el caso de la empresa Japón, un país cuya historia, política y estrategia queda definida y explicada por una circunstancia: pocos recursos propios para una gran economía. Ello es parte de la formación educativa y resulta una clave para entender su civilización: siempre habrá necesidades que satisfacer y poco tiempo para disfrutar. También entendió así el éxito de las huelgas japonesas: el sentido del honor que se mantiene hace que el empresario se sienta humillado por el hecho de que los trabajadores se pongan una cinta con la palabra “suto”, abreviación de “sutoraiki” (huelga) en la cabeza y trabajen a destajo, llenando los almacenes de productos y vaciando los depósitos de materias.
Entiende que estas aventuras forman una gran aventura, que es un sueño, y que no es sólo comprender una filosofía o un modo de vivir marcado por una circunstancia, sino visitar la civilización que ha moldeado todo esto.
Las dos noticias que destacan hoy a primera hora en los medios son la victoria de la selección española de fútbol sobre la de Arabia Saudita, que se trata como una reminiscencia de los tercios en tierras americanas, y la reunión del Consejo General del Poder Judicial para estudiar las declaraciones aludidas por el juez Peinado para imponer a la señora Begoña Gómez unas medidas cautelares.
Vaya por delante que a mí Doña Begoña me cae tan mal como Don Pedro. Creo que, como él, se ha aprovechado de su posición. Pero lo que yo crea no es prueba de falta ni delito. La investigación a la que ha estado sometida le ha llevado a la imputación primero y a la acusación después. Ha sido relevante acogerse al derecho de no declarar en todas las citaciones dentro de un entorno en el que se está convencido de que quien algo calla algo oculta y que un inocente no tiene nada que ocultar; no demuestra mucho ánimo de colaborar con la justicia. Creo que se le ha dispensado un trato de favor y pienso que ello no le hace tan culpable a ella como al que se lo ha prestado. Pero si es responsable de haberlo disfrutado.
Las medidas cautelares se imponen sobre un acusado cuando está pendiente de juicio para evitar su fuga o la destrucción de pruebas. Una vez instruida la causa, no parece haber peligro de destrucción de evidencias; luego, sólo queda el peligro de fuga. Y en este punto es donde creo que el juez Peinado ha dado un clavo ardiendo al que asirse al Gobierno y PSOE. Podía limitarse a citar la posibilidad de fuga sin sugerir posibles faltas de profesionalidad. O podría haber considerado el daño que podría hacer una posible fuga de la acusada en el Gobierno y en el PSOE. Pero esto es ficción. La decisión está tomada y las medidas cautelares propuestas. Un colofón que sirve de consuelo a un entorno que ha sufrido una semana en los juzgados.
No puedo evitar opinar que la señora Begoña Gómez está recibiendo, para bien y para mal, un trato especial. Entra en los juzgados a la carta y no como una ciudadana más. Y se pone el foco en hacerla seguir una medidas cautelares que muchos delincuentes se saltan. El hecho de que se está dispuesto a ejercer un control sobre ella, para evitar una fuga, que no se ejerce sobre otros que han cometido delitos probados y que siguen cometiéndolos. Ello deja en evidencia a la justicia y a los encargados de mantener el orden.
Por eso el caso de Begoña Gómez se merece una reflexión que vaya más allá de la culpabilidad o la inocencia que, a estas alturas, es una opinión. La reflexión debe ir sobre el diferente trato que disfrutan o sufren ciertas personalidades. Y no me refiero sólo a la susodicha, que cualquier persona se erija en autoridad para asegurar que un juez prevarica, acosa o se comporta de forma inmoral sin tener otra formación que la de político y sin denunciar lo que acusa, demuestra ciertas ganas de mantener una brecha y estar en el lado de los que disfrutan de su existencia.
En 1974 Barry White nos dejó esta melodía tocada por un grupo femenino que se llamaba "the love unlimited Orchesta". Es lo que llamaría una "canción repetitiva", sobre un mismo compás se van añadiendo acordes e instrumentos. Es también muy americana en el sentido de ir cargando hasta terminar en apoteosis. Esto que que digo y puede parecer despectivo, no es así; son simples características que pueden funcionar uniendo sencillez y churriguerismo. El "bolero" de Ravel es un ejemplo de lo primero y cualquier marcha americana de lo segundo.
Esta melodía es una de las ocho que componen un LP del mismo nombre cuyo mayor éxito fue "Love`s Theme".
Debo reconocer que la primera vez que lo escuché no me dijo nada, tampoco he logrado nunca entender a Barry White si no lo veo escrito. Le comenté esta circunstancia a un inglés y me confesó que el tampoco lo entendía, que Barry White era para oírlo relajado y desentendido. Estuve de acuerdo, cuando empecé a apreciar este disco fue en esa especie de duermevela cuando uno está cansado de leer y no puede dormir.
Coincidimos un verano mi abuela, mi cassete, la cinta de Rhapsody in White y yo. Mi abuela me dijo "Vaya música que escucháis, anda ponme el Serial de la señora Francis". Poca música gustaba a mi abuela, poco más allá de Zarzuela y pasodobles, me decía que lo demás le costaba trabajo entenderlo y no lo llegaba a apreciar. Hablaba más su experiencia, tampoco es que dispusiese de mucho tiempo para disfrutarla, terminaba el día sin esa posibilidad de duermevela o lectura ya que caía dormida a la menor oportunidad. Así que es fácil entender que no le gustase.
La música, como los tiempos, va evolucionando. Ahora a mis nietas les gusta el reguetón y me descubro diciéndoles "Vaya música que escucháis" a lo que ellas me responden cuando escuchan a Barry White "¿y a tí, te gusta eso?" Y tienen sus razones, el reguetón o el rap es una música de mensaje rápido, manido y casi sin trascendencia, las pantallas y redes sociales invitan a su audición y no hay posibilidad de quedarse en duermevela cansados de lectura cuando no se lee más que lo imprescindible. Por otra parte, el mensaje de "Rhapsody in White" tampoco es que sea muy profundo. Gusta o no gusta.