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27 febrero 2026

AMO DE CASA

 Amo de casa.

 


Mi mujer ha tenido un esguince y tiene que hacer reposo. No hay peligro, pero tiene el pie tan hinchado que necesita una talla del doble de la que calza. Osea que está en casa y con la pata quebrada, literalmente. Yo no tengo más remedio que hacerme cargo de todas las tareas.  O sea, que ahora además de desordenar, ordeno. Y además de ensuciar, limpio algo..

 Ha habido ocasiones que he ejercido de amo de casa por razones de trabajo o por que mi mujer ha tenido que ir a cuidar de sus padres.. Como estaba solo, no había más desavenencias que las que provocaba el choque del regreso de mi mujer a la realidad alternativa que habían creado mis labores en el hogar. Tampoco estaba mucho tiempo en casa ya que trabajaba.

 Pero ahora las desavenencias son continuas porque tenemos diferentes conceptos del cuidado del hogar. Intentaré describirlo secuencialmente.

 Preparar el desayuno no suele ser un problema, es algo que tenemos dividido y las disquisiciones son las de siempre, si una o dos tostadas y si con mantequilla o mermelada, pecata minuta.

 Luego me dispongo a fregar las tazas y colocar el resto en el lavavajillas. Y ahí empezamos ya con nuestros diferentes proc edimientos.. A lo que yo considero un lavado exhaustivo de las tazas y los platos mi esposa lo llama enjuague. Por más que le digo que es con agua caliente, ella me dice que no es suficiente. Menos mal que en el secado estamos de acuerdo.

 Luego empiezo a ordenar la cocina. Creo que colocar los platos en la alacena es un absurdo, los dejo en la encimera. Total si vamos a comer más tarde ¿para que guardarlos? Me pregunta mi mujer con un poco de ironía (debo admitir que he tardado en descubrirlo) “¿y a tí te gusta cada cosa en su sitio?”. Luego me hace otra pregunta retórica de la que, para mi desbracia, ya sabemos la respuesta “¿Habrás limpiado la encimera?” Guardo silencio, pero una voz interior me dice: “Ups”.

 Y llega la hora de hacer la cama, también hay diferentes puntos de vista. A mi me gustan las mantas y sábanas remetidas debajo del colchón. A mi mujer le agobia. Yo transijo y dejo la ropa colgando, se acabaron los problemas. No, por lo visto hay que estirar la ropa hacia arriba y tener cuidado de que la ropa cuelgue de un lado lo mismo que del otro. El caso es que no he conseguido hacer la cama bien un día.

 Pero todo lo anterior es nada si lo comparamos con la colada. Creo que lavadora y mi mujer se han aliado.. Empezamos por la ropa a lavar, tenemos diferentes criterios. Yo mantengo que si no huele, no hace falta lavar. El criterio con los calcetines es diferente, si no se quedan pegados en el techo, no hace falta lavarlos. Pero parece que las cosas no son así. Así que conciliador y sumiso he decidido lavar toda la ropa que esté en el suelo. Pero luego llega la siguiente crisis en forma de pregunta

— ¿No vas a separar la ropa de color, lo oscuro de lo claro?”.

— Cabe todo junto, — es mi respuesta.

— Te arriesgas a que todo junto salga del mismo color....

 Y vuelvo a claudicar.

 La lavadora hiere mi orgullo, acostumbrado a vigilar los relojitos del avión y ver controlar que las agujas están en su sitio, ese aparato de una rueda y tres botones me hacen sentir perdido. Me parece humillante pedir ayuda, pero sería peor cargarme el electrodoméstico. Tras tres intentos consigo lavar la ropa. Agradezco que la lavadora no tenga inteligencia artificial, no sé el tiempo que perdería discutiendo con ella.

 Y llega el planchado, mi teoría es sencilla, no se hace el centrifugado y la ropa se tiende mojada. El peso del agua la estira. Si no quedan bien los pantalones se colocan debajo del colchón y al día siguiente ya están. Como era de esperar no estamos de acuerdo, hay que cetrifugar y tender. Sin problemas, tiendo la ropa y a la hora de pasar la plancha se me ocurre comentar sin mucho convencimiento:

— La arruga es bella, por lo menos eso decían cuando éramos jóvenes.

— Tienes razón.— Me dice mi mujer con el mismo convencimiento que yo he puesto.

 Tengo la seguridad de que me ve como un peligro para la ropa planchando. Por otra parte, en casa y con la pata quebrada haciendo reposo no necesita ir con ropa planchada.

 Agradezco su paciencia y espero que ella entienda mis esfuerzos...  .  

18 octubre 2009

ME LLAMO RODRIGUEZ, ENFRENTÁNDOME AL HOGAR

Pues por razones que no vienen al caso me he quedado una semana sólo, y me queda una semana más todavía. Entonces me iré a Afganistán, el día de la partida me despediré de los míos y habrá terminado esta pesadilla de combatir con la casa diariamente. Reconozco que es complicado ser amo de casa. Y es que uno puede saber conducir, incluso se atreve a volar aviones, pero cuando tiene que hacer la colada la lavadora resulta ser muy complicada. He decidido llamar a mi mujer para que me enseñe a utilizar la lavadora, algo que ya de por si supone un acto de humildad y casi de rendición. Creo que aunque lo haya intentado disfrazar han pillado mi completa inutilidad como gestor de electrodomésticos.
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Abro el diálogo diciendo "hola cariño, mira he decidido hacer la colada para no darte trabajo en Madrid, ¿me podrías decir como tengo que regular los dos mandos que tiene la lavadora ?".
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Acto seguido me empiezan a hacer un interrogatorio de tercer grado.
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- ¿Pues qué ropa piensas lavar?
- La mía.
- No, me refiero a si es ropa delicada, blanca o de color.
- Pues de todo hay: calzoncillos, camisas, pantalones y un jersey.
- ¿Y piensas lavarlo todo junto?
- Pues si, no creo que llegue a los cinco kilos, como aquí caben siete. Debe haber cuatro kilos de ropa y uno de mier... de suciedad.
- Si papá, pero ten en cuenta que tus calzoncillos rojos pueden dejar rosas a tus camisas blancas y violetas a las azules, tienes que separar la ropa. Así que hazme caso: ropa de color a un lado y blanca a otro. No te preocupes por la ropa delicada que no usas de eso.
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Las instrucciones han sido claras y precisas, incluso me doy cuenta de que pondré la lavadora dos veces, algo que no entiendo ya que lo podría poner una. Cuando he hecho los dos montones me doy cuenta de que no me han explicado cómo poner la lavadora, vuelvo a llamar.
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- Hola cariño, que cómo se pone la lavadora.
- Pero es que no te lo he explicado antes.
- Pues no me ha parecido, pero es que con los montones que había que hacer no me he dado cuenta.
- Bueno, pues tienes que poner la ropa blanca en donde dice blanca y usar el detergente normal, hecha un cacito de suavizante y dejas que el programa se ejecute solo. Con la ropa de color haces lo mismo pero usa detergente de color y pones el selector de la lavadora en color, el programa también se ejecuta solo.
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Mientras me da las instrucciones uno descubre que hay números y letras en los dos mandos de la lavadora, pero no hay ningún sitio que ponga "ropa blanca" ó "ropa de color", es un problema que mi amor propio me impide solventar preguntándo, así que pregunto otra cosa:
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- Oye ¿las instrucciones de la lavadora dónde están?
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Llevamos demasiados años juntos como para disimular, así que la respuesta es sincera:
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- ¿Qué pasa? No tienes ni idea de lo que te digo ¿verdad?
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Y lo peor es que tiene razón, mi combate contra la lavadora se está inclinando hacía esta última y por KO técnico, es una lucha desigual que me está desbordando. Así que ya un tanto mosqueado pregunto por la salud de todos y me despido.
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Meto toda la ropa en la lavadora, y cabe entro . Para no tener dudas y que toda la ropa esté contenta dejo un recipiente de detergente de ropa de color y otro de ropa normal y giro la rueda de la lavadora hasta el final (la rueda de las letras) deposito el suavizante en un vasito pequeño y a la rueda de los números le pongo 30 (me imagino que será la temperatura). A los cinco minutos de ver que no pasa nada descubro que hay un botón que pone ON y OFF, al final he descubierto que así funciona la lavadora. Ahora estoy esperando el resultado.
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No obstante he llegado a establecer una reglas de supervivencia, a guisa de manual de rodriguez, que creo que debo compartir:
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- Cuanto más habites en la casa más ensucias, procura estar fuera de ella lo máximo posible. Cuando te veas en la obligación de ocuparla, usa el menor número de habitaciones posibles.
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- La suciedad es cruel y astuta, va contigo dondequiera que vayas, es mejor esparcirla que concentrarla, ten en cuenta que si la concentras no vas a saber cómo recogerla.
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- Se eficiente, has comprobado que la lavadora es complicada y traicionera, no pierdas la ocasión de ducharte con la ropa puesta, quítate la camisa y los pantalones cuando te asegures de que se han empapado y están limpios, asegúrate de que no huelan por lo menos. los calcetines son una excepción, si los lanzas contra el techo y no se pegan es que todavía los puedes usar, si se quedan pegados cómprate otros y no te preocupes, acabarán cayendo cuando la gravedad venza a la suciedad.
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- Lo de esparcir la suciedad también va con la vajilla, si no puedes comer siempre fuera de casa, es económico que uses vajilla de plástico, de usar y tirar, si aún con esas te vieses obligado a usar la vajilla normal, nunca, repito, nunca, juntes dos platos sucios, la suciedad se aparea y se multiplica. Cuando los platos no te dejen ver la mesa donde los vayas poniendo es que ya tienes que lavarlos. Se hace en el lavadero o en el lavaplatos, no en la lavadora, yo una vez lo intenté y el resultado no fue bueno.
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- Economiza esfuerzos, los pantalones se planchan cuando duermes. Para ello sólo tienes que meterlos entre el somier y el colchón. Las camisas, colgadas en una percha y sin escurrir se estiran solas, ten la precaución de ponerlas a secar encima de la bañera, si no encharcarás el suelo que haya bajo ellas.
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Con esto he conseguido dar unos consejos para su vida en solitario que no puede desdeñar y que, sin duda, serrán útiles. Pero tenga en cuenta que todo ello es un secreto entre caballeros, su pareja no puede saberlos, tiene que creer que usted sabe compajinar trabajo y hogar sin esfuerzo. Así siempre tendrá razón...
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