EJEMPLARIDAD
He dicho muchas veces, y creo que no me cansaré de hacerlo,
que la crisis que sufrimos es, sobre todo, moral. Más aún en este tiempo en
que una gran mayoría de los ciudadanos y la totalidad de los políticos ya
admite que el fin justifica los medios. No es sólo eso, también se predica
demasiado pero sin ejemplo. Ello motiva una escasísima fiabilidad de las élites gobernantes.
Si falla el ejemplo ¿qué referencias hay? Más bien pocas.
Nuestros dirigentes no dejan de solicitarnos que utilicemos el transporte
público, pero se trasladan en medios oficiales de propiedad pública y uso
estrictamente privado. Ensalzan la enseñanza pública y recomiendan que nuestros
educandos y estudiantes acudan a escuelas y universidades públicos, pero
matriculan a sus hijos en centros privados que, según ellos deberían estar
cerrados. Van contra los propietarios de viviendas, postulan que una vivienda
es, ni más ni menos, que para vivir, acusan a los poseedores de una vivienda y
lo tachan, por ser su dueño, de especulador. No obstante la Ministra de
Vivienda, por ejemplo, dispone de siete inmuebles. También disfruta de más de
una vivienda el matrimonio Pérez-Gómez, algunas alquiladas y cobrando un
alquiler tan abusivo como el de la media. Es ya famoso el tío de la coleta que
presumía de disfrutar de un piso en Vallecas y ahora está sufriendo en un chalet
de más de doscientos metros cuadrados.
También hemos comprobado que la idea de abolir la
prostitución ha sido, además de un imposible, un absurdo. Los dirigentes
socialistas que intentaban acabar con ella no han dejado de practicarla. Las socialistas no han dejado de
guardar silencio. Otro tanto podemos decir de los acosos.
Los que hablan de ser transparentes pocas veces dan
explicaciones. Acusan de bulos cuando la mejor forma de combatirlos es con una
información que no se da. Como si no fuesen conocedores de que la ausencia de
información siempre será rellenada con las más mínima pista hasta donde lleve.
El principal bulo es la opacidad y la verdad a medias.
En resumen, falta la ejemplaridad necesaria y sobra el
fanatismo de los acólitos.
La falta de ejemplaridad nos está llevando a una situación paradójica:
el líder en vez de unificar esfuerzos y voluntades las divide erigiéndose en un
muro que divide a los ciudadanos. En realidad no deja de levantar barreras por
cada asunto.
En fin que, manteniendo una política haz lo que diga pero
no lo que yo haga, no vamos a ninguna parte. Para eso hacen falta unas
referencias que no tenemos.