Una de bravas.
Me van a perdonar que hoy dedique mi deficitaria atención a otro tema: periodismo y patatas bravas, o cuando nos puede la pasión.
Me gustan las patatas bravas. Es un plato relativamente sencillo, que no fácil. Como sobre gustos no hay nada escrito, cada uno tiene su lugar preferido donde las ponen de tal manera que no las sirven en el resto del mundo. El ambiente tiene su importancia. El bar donde las tomo ha crecido y envejecido conmigo. No voy muy a menudo; mi casa está lejos, pero cuando me acerco cae una de bravas y una caña. La cerveza ha ido cambiando con el tiempo, las patatas menos y la salsa sigue siendo la misma.
Hoy me ha sorprendido en El Debate un artículo escrito por Jonatan Oliva que titula “Este bar de Málaga es, oficialmente, el que mejor patatas bravas sirve de España... y del mundo”, es exactamente lo mismo que yo pensaba del bar de mi vida, pero no está en Málaga. Me ha extrañado mucho que las mejores patatas bravas del mundo no se sirvan en mi ciudad. Por esa razón he decidido leer el artículo.
Empieza mal cuando indica en la cabecera que “el chez Pachu Barerra ha sido distinguido por una mayonesa de aliños morunos con oloroso seco de Jerez que ha sorprendido al jurado”. Mis conocimientos culinarios no llegan a distinguir una salsa brava de una mayonesa de aliños morunos y todo lo demás. Pero da la impresión de que es imposible que unas bravas con tanto apellido puedan resultar indiferentes. Había una chica en mi clase de nombres preciosos, ropas a la moda e incluso algún título, pero muy fea y un poco ignorante, pero apabullaba con tanto boato.
Algo debe fallar, porque el artículo indica más adelante que el restaurante que presentó al concurso esta ración de bravas no llegó a ocupar el podio. Esto significa que no está entre los tres primeros. Por consiguente está lejos de ser, oficialmente, el que mejor patatas bravas sirve de España. Hay, por lo menos, otras tres raciones de bravas que han gustado más al jurado. La gastrotaberna, así se denomina el bar de la mayonesa de aliños morunos, ha recibido, eso sí, una distinción a la receta más innovadora.
Resulta evidente que la receta más innovadora no ha sido la mejor. Resulta igual de evidente que a Don Jonatan le gusta tomarse su piscolabis con sus bravas en la gastrotaberna. Posiblemente las considere las mejores del mundo, sobre gustos no hay nada escrito, pero creo que se deja llevar por la pasión cuando confunde una mención (a la más innovadora) con un premio (a las mejores bravas de España).
Es que uno puede equivocarse a la hora de dar opiniones políticas o científicas, incluso puede ser discutible inducir al error. Pero cuando se trata de patatas bravas es intolerable... no se puede confundir a las vecedoras con las innovadoras. Con las cosas de comer ni se engaña ni se confunde uno. ¡Dónde vamos a parar!
No dudo que Don Jonatan siente tan adentro para su gastrotaberna el mismo convencimiento para mi bar de toda la vida sobre el servicio de las mejores bravas de España... y del mundo. Solo que él lo escribe y yo lo callo.