España
En 1882, el francés Emmanuel Chabrier, de profesión músico y compositor, hizo un periplo por España. En ésa época nuestro país se consideraba en Europa un reducto del romanticismo. Era un turismo diferente al actual. No venían a buscar sol o cultura. Era una especie de turismo antropológico que buscaba confirmar los estereotipos que tenían sobre los españoles en el continente. Constatar nuestra tendencia a la violencia y a solucionar los problemas a navajazos, vivir en primera persona que el país se paralizaba por la tarde para dormir la siesta y participar del jolgorio festivo que habría, una vez despiertos, entre pelea y pelea. No sé si los turistas de entonces acabarían decepcionados de comprobar que los españoles no eran muy diferentes de los europeos. El caso es que a Chabrier le gustó España y cuando volvió a Francia compuso una rapsodia para orquesta inspirándose en su viaje y en la música que había escuchado. España es su obra más conocida.
Nos dice wikipedia que así se inició una moda en la música de componer con “sabor hispánico”. En 1886 el compositor Emile Waldteufeld se “inspiró” en la rapsodia de Chabrier y en una de sus operetas para componer el vals “España”. Hay muy pocas diferencias entre la rapsodia y el vals del mismo nombre. El vals parece un poco más vivo y la música quizás encuentre mayor resonancia. Suena diferente. Cada uno tiene sus gustos y sus preferencias. La copió con permiso y queda a juicio de cada uno si la mejoró o no. En 1913 Erik Satie, utilizando esta misma melodía, compuso la pieza “Españaña” como tercera parte de una suite en la que, dicen los expertos, le da un tono burlón que yo no soy capaz de apreciar.
En los cincuenta, la canción “Hot diggity (Dog Diggity Boom)” utiliza la suite como base de su melodía. En los setenta, una aberrante canción titulada “Wenn die Rosen erblühen in Malaga” destroza la suite y el vals.
Parece que la melodía “España” ha ido en decadencia. Tanto como algunas instituciones. Cuando uno decide utilizar una melodía de base, o se hace cargo de una institución, es para mejorarla y no para salir al paso. De un jefe se debe esperar que mejore la labor del anterior. De ello dependen muchas cosas. Especialmente de los recursos de que disponga. En el momento en que se rompa esta tendencia y la institución no sea capaz de evolucionar o mejorar, ésta entra en decadencia.
Por eso es importante tener claro si la evolución de una institución mejora o degenera. El mejor indicador es la calidad de los servicios que presta. Llegamos también, como siempre, a la calidad del liderazgo. El líder fortalece a la institución o la institución fortalece al líder. Si es lo segundo, la institución está condenada, como nuestra melodía, a ser una caricatura de si misma.
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