Nos convoca este jueves nuestra amiga Campirela con un reto al que ha denominado “La alegría también es una decisión”, en el que se trata de que la alegría aparezca como una decisión y no como algo que pasa. No parece fácil; dado que la alegría no es lo mismo que el buen humor y, tras dar muchas vueltas, lo he intentado con...
El cuento de la Ley de Murphy.
Los Tigres de Villaherencia son, definitivamente, el peor equipo de fútbol de la comarca; puede que del mundo entero. No hay registros de que hayan ganado un partido y no pueden descender de categoría porque ya están en la más baja. Su entrenador es un señor, ya mayor y jubilado, que no tiene otra forma de pasar el rato. No tiene ni idea de fútbol y no se sabe qué practicara algún deporte. “Alguien tenía que ser el entrenador”, repite una y otra vez. Era una respuesta aprendida del anterior que ocupó su puesto.
Sin embargo, los Tigres de Villaherencia forman el único equipo de fútbol de muchos pueblos, aunque a duras penas logran cada año que haya once jugadores y algún reserva. A pesar de una y otra derrota, saben que es la garantía de que en el pueblo haya, al menos, once jóvenes en edad de jugar. También es una garantía para recibir visitas foráneas cada vez que el equipo local pierde en casa. El estadio es un campo pintado con rayas y dos porterías; los espectadores se llevan su silla para ver el partido y otra más por si alguno de los que acompaña al equipo visitante no tiene dónde sentarse.
Para los árbitros resulta cómodo pitar cada uno de sus encuentros, sobre todo cuando juegan en casa. Lo que los aficionados consideran más bonito es que tras cada partido, o cada derrota de los Tigres, se organiza una pequeña fiesta local en la que cada uno de los espectadores comparte el tentempié con los demás y vino de la tierra, nunca una derrota sabe tan bien.
El pueblo de Villaherencia se entrega tras cada derrota y siempre obtiene un pequeño beneficio: algún joven se queda a vivir en el pueblo y se hace jugador de los Tigres.
Para Villaherencia cada una de las derrotas de Los Tigres supone una pequeña victoria. Aplican una especie de corolario de la Ley de Murphy: Si algo que pueda ir mal, irá mal. Entonces algo que pueda funcionar, acabará funcionando.
Más alegrías en el mismo enlace.