28 enero 2026

EL ORDEN MUNDIAL DÓNDE EMPIEZA

 El orden mundial.

I. Dónde empieza.

 

Fotografía de Richard Stachmann, copuada en Unsplash

 Las noticias sobre el cambio del orden mundial nos invaden cuando los medios se refieren a la esfera internacional. Es cierto que Trump está dando una patada al que se pretendía establecido. Quizás sea porque el viejo orden mundial, ése que dicen multilateral y basado en normas, no le venía muy bien a los Estados Unidos. O quizás porque no hay nadie realmente interesado en hacer que se mantenga ése antiguo orden.

 En realidad un orden establecido responde a una manera establecida de convivir. De afrontar la existencia con otros en un océano de circunstancias. Responde también a la forma de acceder a unos recursos y satisfacer unas necesidades. Podemos comprobar que, en muchos aspectos, el establecimiento de un orden determinado afecta a estados, ciudades, comunidades y personas. Sería absurdo pensar que primero fue la sociedad y luego el individuo. Probablemente el embrión de la sociedad nació cuando dos personas (individuos) se pusieron de acuerdo para convivir y salir adelante. No sabemos si antes acordaron no matarse o cazar juntos. Como fuere la piedra básica en el orden mundial es la persona. El individuo.

 Y es el individuo el que debe decidir sobre su relación con el resto del mundo, determinar cuales son sus necesidades y cómo satisfacerlas.. En este sentido, el individuo es libre, en el sentido que tiene la capacidad de escoger entre todas las opciones que se presenten. La decisión involucra la utilización de los recursos de que dispone:fuerza, conocimiento, habilidad o talento. Los medios pueden ser diversos,, desde la eliminación de obstáculos hasta sortearlos.

 El primer paso para el orden mundial empieza en el mismo individuo cuando establece sus relaciones., Digamos que empieza a jugar a un juego en que se establecen las normas para este juego con otros individuos, para ello acuerdan cómo convivir y colaborar. Saben que se necesitan unos y otros. Pero , a la vez, cada uno tiene sus intereses. Unas veces comunes y otras divergentes. Surgen así las diferentes facciones en que un grupo de personas intenta imponerse. Asistimos, básicamente, a la formación de bandas, primero, de ciudades y de estados, todos ellos vinculados a un territorio determinado. El individuo cede parte de su libertad a ese grupo superior que acaba siendo, antes que una sociedad, una asociación.

 Posteriormente esa asociación, termina siendo una sociedad en la que hay un elemento de dirección. Las personas terminan cediendo no sólo parte de su libertad, sino una parte de su esfuerzo y patrimonio a esa sociedad. Se establece con el paso del tiempo una relación entre el individuo y la sociedad, no entre otras personas, en la que los dirigentes de esta son los que acaban estableciendo las reglas de convivencia.

 Hoy son los dirigentes de un estado los que establecen las normas de convivencia, que son el orden social. En muchas ocasiones las personas que imponen este orden no son capaces de ordenar su vida, y otras veces quieren que todos vivan de acuerdo con el orden que tienen pensando para su vida. El individuo que ahora es ciudadano se encuentra en una situación en que aporta al estado algo de su sueldo o cada vez que compra algo. El estado, por contra, se erige en protector para solucionarle todos sus problemas a cambio de coartarle un poco más su libertad.

 Pero el orden mundial se origina en cada individuo, en cada persona. Es una gota de agua, pero muchas gotas forman un océano.. Algo pasa, porque creo que a la mayoría de las personas. les gusta vivir pacíficamente, son capaces de compartir y se conforman con estar satisfechos. Pero hay pendencieros, abusones y avaros. Hay competidores cuyo objetivo es tener un poco más que el de al lado, ser un poco más importante, o ser mejor que otro. Y así tenemos guerra, hambre, peste y muerte cabalgando por el mundo.

 No se trata de esa frase manida e interesada que nos dicen de que el uno por ciento de la población acumula el ochenta de la riqueza, Creo que la mala gente, probable y desgraciadamente  más de un uno por ciento, es la que establece el orden mundial. Son los que han roto la armonía con que podría vivir la buena gente sin necesidad de muchas reglas.    

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