Nos convoca nuestra amiga Rebeca desde su blog “Crónica de la loca que cazaba nubes” en su reto para el mes de enero de “Fuego en las palabras”; en esta ocasión hay que convertir al personaje clásico de un cuento o historia en alguien totalmente distinto, hacer de un villano un héroe o al revés. Y mucho me temo que voy a contar una historia conocida desde otro punto de vista.
Desde el otro lado.
Me llamo Galgán y soy el más importante de los escribas filisteos. Antes de ir al templo a rendir culto a Astarot, dispongo del tiempo suficiente para dictar la captura de ese bandido de la tribu de Israel al que llaman Sansón. Nos cuentan las crónicas que es producto de un pacto entre sus padres —Monoa y Hatzlelponi— y un ángel de su Dios Yahveh. No sabemos si, fruto del juramento, fue dotado con una gran fuerza. Fue educado en que él liberaría a los hebreos. Se enamoró y cuando iba de viaje a su boda se topó y mató a un perro tan grande como un león, no doy fe de ello, pero en esta tierra es raro ver leones.
Aunque se inició la celebración, no llegó a terminarse, ya que entre bromas y comentarios de los invitados, Sansón se fue de la fiesta dejando a todos muy contrariados. No se le pasó el enfado y los mató, treinta ciudadanos menos. Los familiares de las víctimas, como no podían hacer nada contra él, quemaron la casa de su novia. No sabemos si ella y su padre estaban dentro.
La venganza de Sansón fue atrapar unas zorras, atarlas por las colas, prenderles fuego y soltarlas por nuestros campos. Se perdió la cosecha, los precios del grano subieron, muchos se arruinaron y otros murieron de hambre. Se organizaron partidas para apresarle, pero ninguna tuvo éxito; los que intentaban capturarle eran derrotados y el forajido salía victorioso debido a su gran fuerza.
Me encargaron atraparle. Decidí recurrir a otros métodos y saber cuál era la causa de su fuerza. Envié a mi mejor agente, la hermosísima Dalila, con el encargo de engatusarlo y que le dijese el secreto de su poder. No falló. En los informes, nos retrataba a Sansón como un personaje bastante bruto y temperamental, Tras muchos intentos para sonsacarle, al final confesó que la naturaleza de su fuerza residía en su cabello. Sabiendo ya todo esto, montamos la operación para capturarle. Tras una noche de arrumacos y mucho vino, Dalila le cortó el pelo y quince de mis mejores agentes le encadenaron mientras todavía dormía. La verdad, no hubo tiempo de comprobar si el corte de pelo había resultado eficaz.
Fue entregado a las autoridades. Yo fui ascendido. No han sido muy hábiles nuestros gobernantes en sacarle los ojos y no cortarle el pelo. Creo que no son conscientes del peligro que entraña este bandido. Mucho me temo que exhibirlo ante Astarot en el templo no sea una buena idea. Puede hacer cualquier barbaridad. Seguiré con la historia cuando vuelva del templo...
Las ilustraciones son grabados de Antonius Wierix, representan la vida de Sansón y se encuentran en la Biblioteca Nacional de España
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