Nos convoca nuestro amigo José Antonio (JascNet) desde su blog “Acervo de Letras” en su VadeReto de enero, en esta ocasión se trata de hacer una historia sobre reyes y magos y debe aparecer al menos un rey y un mago en un tema, preferentemente, fantástico. Se me ha ocurrido que en mi relato coincidan cientos de reyes y magos aunque la fantasía quizás resulte limitada. Esta es mi propuesta para el reto que se llama
Las convenciones.
En el inmenso hotel Luxor de Nueva Vegas se celebraban dos convenciones. Cientos de reyes coincidían en la gran sala del faraón Keops para hablar, fundamentalmente, de las relaciones con sus magos. Cientos de magos debatían en la otra gran sala del faraón Ramsés para discutir de sus relaciones con sus reyes. Coincidían en el hotel la XXVII reunión anual de reyes y el XXVII encuentro anual de magos.
Recogen las actas de la reunión de reyes las limitaciones que los magos imponen a su poder. En muchas ocasiones son díscolos a la hora de satisfacer los deseos del rey con excusas tales como “no es para el bien común” o “nos dará más disgustos que beneficios”. Se quejan los reyes de que los magos no son súbditos normales: de cobrar mucho y trabajar poco; de exigir materiales muy caros para elaborar unas pociones que actúan muy lentamente. De realizar hechizos a sus espaldas. En algunas ocasiones, de conspirar sin éxito. Todos están de acuerdo en que ser rey y mago es excepcional y que, cuando han coincidido ambos cargos en una persona, su vida ha sido muy breve.
Los reyes tienen muchas disputas entre ellos; siempre se echan en cara cosas que hicieron sus familiares, que si tu padre arrebató al mío tales tierras, y que no fue así, que las recuperó porque antes tu abuelo se las arrebató al mío. Que si uno conquistó antes que el otro. O que otro rey se siente aislado por la agresividad de otro. Hablan por su reino, pero no por sus reinados. En lo único que están de acuerdo es en su recelo hacia los magos, que muchas veces podría interpretarse como temor a sus súbditos.
Recogen las actas del encuentro de magos los caprichos que los soberanos someten a su magia. En muchas ocasiones son exigentes con sus órdenes, pidiendo imposibles como “hacer feliz a mi pueblo” o “me gustaría que a mis súbditos no les faltara de nada”. Se quejan los magos de que los reyes no son conscientes de su poder, de que pagan poco y son remisos a entregar los materiales para hacer su magia. De coartar su creatividad y poner trabas a su investigación. En algunas ocasiones, de pretender controlarlos demasiado. Todos están de acuerdo en que ser mago y rey es muy extraño y que, cuando un mago ha logrado ser rey, ha vivido muy poco.
Los magos tienen muchos desacuerdos de otra índole. Discuten mucho sobre las elaboraciones de las pócimas y de las fórmulas de los hechizos. Unos dicen que es mejor la mandrágora que el jengibre. Otros prefieren el opio a la belladona, aunque hay una facción que prefiere usar las setas y los hongos. Hay quien dice que es más efectivo un “abracadabra” que un “adebacadabra” o que es mejor invocar al recuerdo de los antiguos sabios que a las almas del averno. Hay también muchas disquisiciones de índole moral sobre las ocasiones en que utilizar la magia. Los hay partidarios de no poner límites y los hay muy remisos a utilizarla. Muchos reconocen que pueden predecir, por ejemplo, cuándo va a llover, pero que son incapaces de provocar la lluvia, por mucho que la invoquen. En lo único que están de acuerdo es en su resquemor contra los reyes, que muchas veces significa odio a los demás.
Los unos se creen poderosos y los otros se creen sabios. Todos son soberbios; su corporativismo les perjudica. Saben que se necesitan mutuamente, pero prefieren ignorarse.
Lo que no recogen las actas es que, cuando finaliza la jornada, reyes y magos coinciden en el gran casino. No habla nadie y todos juegan juntos, apostando lo que unos han sacado a los reyes y los otros han escatimado de los magos. No se dignan los reyes a pedir a los magos un hechizo para adivinar las cartas, y los magos rechazan con orgullo compartir las apuestas de los reyes a cambio de un truco por el que la bola de la ruleta siempre caiga en el número deseado.
El propietario del Gran Hotel Luxor ha organizado ambas convenciones. Hace que coincidan en las mismas fechas y procura que cada rey y el mago de su reino vengan por separado y se vayan juntos. Su XXVIII convención particular, la del año que viene, se empieza a preparar. Sabe que para él será un nuevo éxito, a pesar de que reyes y magos estén cada vez más distantes. En realidad, sabe que, sin ser imprescindible, acabará siendo una necesidad.
1 comentario:
Hola, Luferura.
Un relato muy interesante en el que se sacan a la luz las habilidades y defectos de cada uno de los grupos.
Como en casi todos los gremios, siempre hay quejas, inconformismos y desacuerdos, pero en la diversidad y la colaboración está el éxito. Unos y otros se odian, pero también se necesitan.
Una gran vista comercial la del propietario del Gran Hotel Luxor. Como en la vida real, si los reúnes por separado y les presentas aficiones comunes, terminarán juntos.
Felicidades. Gracias por aportarlo al VadeReto.
Abrazo Grande.
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