02 octubre 2024

HACIA LA TIRANÍA (VI)

 HACIA LA TIRANÍA (VI)


Del poder ejecutivo (sanchista).

El poder ejecutivo, también se llama gubernativo, recae en el gobierno, otra cosa es que lo ejerza, en el caso del sanchismo sólo lo ha ostentado el PSOE durante el tiempo que transcurrió entre la toma de posesión de la presidencia tras la moción de censura y la celebración de elecciones por fracasar el proyecto de presupuestos un año más tarde. La falta de fortaleza de los partidos en general y del PSOE en particular queda demostrada por la necesidad de compartir el poder ejecutivo con otro partido. PrimeroPodemos y, posteriormente, Sumar.

Pero siempre se ha visto forzado a negociar con otros partidos la aprobación de leyes o de numerosos decretos que han empezado a aplicarse antes de su aprobación por una,  nunca explicada, urgencia. De su capacidad negociadora ha quedado patente que nunca intentará negociar con la derecha, frente a los partidos de derecha la negociación consiste en un trágala. También ha quedado patente que frente a otros partidos, especialmente los independentistas, el trágala se lo hacen al gobierno. La acción de gobierno consiste en pagar un chantaje que va elevándose con el paso del tiempo. Además se lo escupen en cada pleno del congreso y el presidente pone buena cara no sea que se molesten.

La acción de este gobierno paquidérmico, sobre todo en política exterior, es tan personalista como errática. Admitamos que la política exterior española dejaba mucho que desear, pero había cierto acuerdo en que era una política nacional y que mantenía como ejes prioritarios las buenas relaciones con las naciones del Atlántico Norte, Iberoamérica y el Mediterráno. Hoy somos el amigo ninguneado en Estados Unidos y Europa empieza a recelar de las acciones de España. Se han roto relaciones con Argentina a la vez que bravatas de otros líderes de izquierda no han tenido respuesta, hemos pasado de ser la madre patria a ser el pueblo invasor y todo con la inactividad de nuestro gobierno. En cuanto al Mediterráneo hemos pasado de tener amigos y un rival (Marruecos) a tener dos enemigos clave (Argelia e Israel), y seguimos teniendo un rival (que sigue siendo Marruecos). En pocas palabras, nuestro gobierno a hecho de España.un activista global, el típico alborotador que agrava problemas y no aporta soluciones.

Con respecto a la gestión, según la Ponencia Marco mencionada anteriormente, la intención del Gobierno es delegarla en la Unión Europea en materia de política exterior (algo que no ha pasado); y delegar en Autonomías y Ayuntamientos la gestión interior, es decir no sólo delega la administración, que sería lo correcto, sino que con ello permite la elaboración de normativas sobre una materia que llegan a ser dispares en toda España, de cara a la igualdad, la normativa otorga diferentes derechos y privilegios entre los españoles que habitan en un territorio y otro. Lo único que se reserva el gobierno es la política de una transformación social. No es de extrañar que al final el gobierno no gestione y se limite a repartir lo que recauda.

Consciente de la imposibilidad de gestionar sólo queda el recurso de recurrir a trampas legales, la primera es colocar a todos los fieles (Sánchez no exige competencia, sino fidelidad) en puestos clave que faciliten su labor; la segunda que se aprueben disposiones que le convienen en cualquier normativa ajena ; y la tercera, y muy preocupante, gobernar (eufemismo de mantenerse en el poder) con independencia del poder legislativo y judicial, controlando la información que no dirijan sus afines. ¿Se acuerdan de eso que que el tirano se sirve del régimen y se fortalece con las instituciones?

01 octubre 2024

HACIA LA TIRANÍA (V)

 HACIA LA TIRANÍA (V)


 Sobre el Sanchismo.

Quizás deberíamos plantearnos porqué hablamos de Sanchismo y nunca nos planteamos hablar de zapaterismo,  marianismo (o Rajoyismo) o aznarismo. Pero si llegamos a hablar de Felipismo o Franquismo. Creo que con ello, en definitiva, personalizamos un régimen más que una manera de gobernar. No hay duda, Franco institucionalizó un régimen, Felipe González propuso un cambio y atendió al mismo y al resultado de ese cambio le llamaron Felipismo un régimen que consistía, con sus beneficios y perjuicios, en el resultado de la Transición. Y así se ha mantenido hasta la llegada de Sánchez que, en mi opinión, rompe con la Transición.

Pero sería necesario buscar referencias que ayuden a definir al Sanchismo. Podemos encontrarlas en documentos y en una forma de actuar a lo largo de seis años, Como base de partida podemos tomar la Ponencia Marco del 40 Congreso del PSOE, celebrado del 15 al 17 de coctubre de 2021. Creo que es una buena referencia sobre el anterior, celebrado en 2017, dado que en 2021 y salidos de la pandemia, Pedro Sánchez era el amo y señor de un PSOE sin disidencias, por tanto la Ponencia refleja la voluntad del líder. Es un documento de más de trescientas páginas en el que se describe la acción del partido y se instituye cómo debe ser la España que éste desea y sus relaciones. Aunque deja una pequeña parte a la transformación que debe seguir el PSOE, establece la política que debe seguir el Gobierno del PSOE. Es un documento que no refleja tanto los principios del partido como el programa de un gobierno y el establecimiento de un régimen.A su vez, la ponencia ya refleja numerosas contradicciones.

Pero el PSOE no tenía peso suficiente para gobernar y ha tenido que ir alcanzando acuerdos y la acción de gobierno ha ido aumentando las contradicciones que ya había en la ponencia, sobre todo en lo que se refiere a igualdad y privilegios. En nombre de la igualdad se han ido aumentando los privilegios de parte de la población, en nombre de la solidaridad ha aumentado la extorsión de una parte de la población y en nombre de la convivencia se ha beneficiado a unos delincuentes. Como resultado, y tras tres años después de su anuncio, la principal referencia del Sanchismo ha perdido su vigencia hasta tal punto que ha sido necesario convocar un nuevo congreso del PSOE con un año de anticipación.

Y decimos que la principal referencia ha perdido su vigencia por la falta de coherencia entre la actuación del gobierno y lo establecido en la ponencia en todos los sentidos. Si en la ponencia se establecía un apoyo al pueblo saharaui, la acción del gobierno ( además por parte del PSOE, contra su socio de entonces Podemos) ha sido abandonarlo; de un compromiso para defender el castellano y hacerlo convivir con otras leguas oficiales a retirarlo de la vida pública o pasividad ante cualquier intento de retirarlo cuando no de facilitarlo. En conclusión, el Sanchismo se convierte en un personalismo más que en un régimen y la acción del gobierno es una huída hacia adelante con el fin de mantenerse en el poder. El poder es un medio para llevar adelante un programa, la aplicación de unos principios o promover una transformación de acuerdo con unas ideas. La actuación del gobierno ha ido modificando el programa, los principios y la tansformación, tanto en contenido como en alcance. En el caso del Sanchismo, el poder es, a la vez, un medio y un fin.

El Sanchismo, hoy por hoy, no tiene más programa que aferrarse al poder como un náufrago se agarra a una tabla en medio de una tempestad. Si perdura no es tanto por su capacidad negociadora o su habilidad política, es porque es conocedor de que nacionalistas e independentistas prefieren a Sánchez en el poder, no le van a dejar gobernar si no es extorsionándole, pero tampoco le van a dejar caer. 


30 septiembre 2024

HACIA LA TIRANIA (IV)

HACIA LA TIRANÍA (IV)


De líderes, dictadores y tiranos.

Nos guste o no somos una sociedad ávida de líderes. Aunque votamos a los partidos en realidad depositamos en la urna una lista de desconocidos porque queremos que gobierne el candidato estrella de un partido. Caemos en la trampa: los candidatos de nuestra lista no nos van a representar, se limitarán a ser corifeos de su partido y, por ello, del candidato presentado por el mismo.. Y ya tenemos al líder de turno.

Líder es un anglicismo de la palabra leader (director o guía) que en alemán se dice führer.y en italiano duce  Como siempre, cosas de la semántica, ser líder no resulta tan malo como ser führer o duce o, ya si nos ponemos, caudillo. Es cuestión de sentimientos, al líder le atribuimos unas cualidades positivas que no le atribuimos a los otros. Es más, diferenciamos entre liderazgo y mando, admitiendo que el liderazgo exige nuestra responsabilidad y el mando nuestra disciplina, cuestión de convencimiento. Pero nos estamos yendo por las ramas. En definitiva lo que queremos decir es que en una elecciones votamos por un líder.

Cuando el partido político pasa a ser algo secundario y se convierte en el aparato del líder, entonces podemos hablar de un dictador. Al dictador sólo le importa el régimen que propone, para ello coloca a sus fieles en las instituciones. Podemos decir que la principal diferencia entre un líder y un dictador es que el primero fortalece las instituciones mientras que el segundo fortalece el régimen con las instituciones. Para ello cambirá la normativa que haga falta con el principal objetivo de apuntalar su régimen.

Cuando un dictador se sirve de las instituciones y el régimen que propone se convierte en humo y todas las instituciones, incluido su partido, fortalecen al dictador estamos hablando de un tirano. El tirano no cambia la normativa, también se sirve de ella. La normativa exige una coherencia y ello implica una línea de acción previsible y consecuente con los compromisos que se adquieren, sólo elaborará la normativa que le apuntale. Mediante el dominio de las instituciones se justifican las mentiras y vaivenes del tirano que no tiene más objetivo que mantener el poder.

En fin, que en nuestro sistema democrático venimos a elegir a un deseado líder por cuatro años, luego puede ser un dictador, un tirano y, a veces, un líder... en ocasiones, muy pocas, un buen líder. 

28 septiembre 2024

HACIA LA TIRANÍA (III)

HACIA LA TIRANÍA (III)


La Partitocracia.

Los partidos políticos se crearon, en su origen, para alcanzar unos objetivos de acuerdo con una ideología. Ya fueran en defensa de sus ideas o para convencer de las mismas, el gobierno era una forma de apuntalarlas, una forma de convencer al electorado de las bondades de una corriente política... pero esto es la teoría.

Quizás el primer defecto de nuestro sistema electoral es que se vota a las personas, pero se elige a los partidos. Si un individuo que no pertenezca a un partido político pretende defender sus ideas en las cortes, ya sea senado o parlamento, deberá presentarse dentro de las listas de un partido o crear su propio partido. El caso es que, en definitiva, son los partidos, y no las personas, los que acceden gobierno de la nación.

Se atribuye a Montesquieu la teoría de que el estado debe basarse en tres poderes: el ejecutivo (o gubernativo), el legislativo y el judicial. Tiene su lógica, el poder legislativo ejercido por un  parlamento que aprueba y promulga las leyes que no sólo establecen unas normas de convivencia para la sociedad sino que también enmarcan la gestión que ejerce el gobierno (que ejerce el poder ejecutivo). Esto quiere decir que el gobierno no puede hacer lo que quiera, por necesario o urgente que sea, si la acción pretendida no está regulada o amparada por una ley emanada del parlamento. Ante un posible conflicto, el poder judicial ejerce como árbitro analizando y aplicando la norma vigente. Es la teoría.

En la práctica el acceso de un partido al poder pervierte esta relación. Al ser los diputados miembros de una partido son más partidarios que representantes. Esto quiere decir que desde el momento en que son elegidos dejan de representar a sus votantes para representar a su partido y pesa más la obediencia al partido que la fidelidad a los ciudadanos que los votaron. Ello se acentúa por la disciplina de voto. En el congreso no hay disidencias entre los diputados de un mismo partido: se obedece al dictado del partido, fidelidad sin convencimiento y, en muchas ocasiones, conveniencia frente a coherencia.

En los partidos políticos suele haber diferentes tendencias y sectores críticos, pero qué pasaría si en un partido una sola persona, un líder, anulase cualquier crítica y no admitiese más tendencia que la suya. Está claro: dominaría los tres poderes por medio del partido. Sería el partido el que elaboraría la leyes y su aprobación por el parlamento sería un mero trámite, ante cualquier conflicto un poder judicial que simpatizase con el partido inclinaría la balanza de la justicia a su favor. Este sistema sería una partitocracia, los tres poderes, en teoría independientes, están dominados por un partido.  


26 septiembre 2024

HACIA LA TIRANÍA (II)

HACIA LA TIRANÍA (II)

De lo que no se dice.

Los políticos siempre presentan una cara de la moneda y mantienen oculta la otra. Generalmente declaran en palabras sencillas y fáciles de entender sus promesas, pero sus objetivos e intenciones se manifestan más en lo que callan. Se aprovechan del entusiasmo de su audiencia y de su falta de capacidad de análisis. Cuando Pedro Sánchez anunció que no iba a haber recortes pocos se plantearon de dónde iba a salir el dinero, en su silencio iba implícito un aumento de la carga impositiva y una intención de endeudamiento. Cuando Pablo Iglesias recordó que todos los españoles tenían derecho a una vivienda digna, sin promover construcción de viviendas ni plantear su financiación, estaba dando vía libre a la okupación. Cuando Aznar o Rajoy proclamaban que España iba bien, olvidaban el hecho de que a los españoles no les iba tan bien. Rodriguez Zapatero se negó a pronunciar la palabra crisis durante casi seis meses, como si el hecho de negarlo evitase la existencia de una crisis que acabó estallándole.

 ¿Podemos culpar a los políticos? Exclusivamente no. El público también participa de la culpa. No ejerce su derecho a la crítica ni practica el análisis. Cuando un político haga un anuncio no hay que quedarse sólo con el ¿qué? y el ¿para qué?,  hay que profundizar un poco más en el ¿con qué? y en el ¿cómo?, plantearse si el ¿para qué? que se propone el político coincide con el nuestro y sobre todo ¿cómo y en qué me va afectar su promesa? Invitémonos a hacer un ejercicio de autosinceridad con nososotros mismos respondiendo a la pregunta ¿Ha mejorado mi vida con Sánchez?¿Ha cumplido con sus compromisos?¿Me ha beneficiado en algo? El mismo ejercicio lo lo podemos hacer con cualquiera de los dirigentes actuales. Pocos obtendrían una evaluación positiva.

Si nos damos cuenta, actualmente la democracia se basa en una campaña electoral en la que los políticos nos hacen promesas y piden nuestro voto para, posteriormente, estar cuatro años exigiendo nuestro dinero, nuestro esfuerzo y nuestro acatamiento a sus medidas.

Por inteligente que sea el político de turno no puede lanzarse a largar proclamas, promesas y, a la vez, mantener silencios. Por muchas deficiencias que tenga su publico, siempre se podrán detectar contradicciones. Debe seguir un programa de comunicación, saber que es lo que dice, lo que no dice y cuando hacerlo. Para eso entra el aparato del partido.


25 septiembre 2024

HACIA LA TIRANÍA (I)

 HACIA LA TIRANÍA. (!)

 


Del uso del lenguaje.

 Una lengua, generalmente, tiene cosas buenas. Son los hombres los que de una u otra forma la acaban pervirtiendo. El principal logro del uso de una lengua es la de tener un nombre para cada cosa, algo inequívoco que no induzca a ningún error. Eso significaría que un nombre sólo se aplica a una cosa, ser o concepto; pero desgraciadamente no sucede a la inversa, en muchas ocasiones hay más de una palabra para definir una cosa, ser o concepto. A partir de este punto, hay veces que se utilizan palabras para referirse a algo ambiguo, de esta manera con una sola palabra se pretende abarcar muchos conceptos. Y aquí entran las artimañas humanas, que amparan en el uso de las palabras sus incoherencias. Los mejores ejemplos los encontramos en el mundo de la política.

Mi primer recuerdo fue con el presidente Aznar, tras anunciar que no subiría los impuestos, gravó el consumo de alcohol, tabaco y otros productos. Cuando se le recordó que había subido estos impuestos el recordó que no había subido impuestos sino tasas. Como si una tasa fuese algo diferente a un impuesto. El presidente Zapatero tras prohibir los transvases de agua en su plan hidrológico nacional (más que nacional, del PSOE) autorizó una “transferencia hídrica de cuencas” entre el Ebro y el Ter. Con esto quiero decir que el uso torticero del lenguaje no depende tanto de la ideología como de la caradura del emisor.

Asistimos a una nueva deriva, a las mentiras se las denomina cambio de opinión o cambio de posición, ahora el recurso dialéctico convierte lo contrario de lo malo en bueno. Así nos encontramos, por ejemplo, que el feminismo es,necesariamente, bueno por ser lo contrario al machismo; o que el extremismo de izquierda (asociado al comunismo) es bueno por ser lo contrario que el extremismo de derechas (asociado al nazismo o fascismo). De esta manera las mismas acciones y sus consecuencias son buenas o malas según quien las perpetre.

Y así nos encontramos ahora, nuestra clase dirigente retuerce el lenguaje y confunde con cada palabra, ahora fascista es cualquiera que no comparte la opinión oficial que establece la clase dirigente y extrema derecha es todo lo que se encuentra a la derecha del espectro político que establece la clase dirigente. Se recurre al término “progresismo” dando por sabido el concepto y se incluye como progresista a todo aquel que pueda apoyar a la causa de la clase dirigente. Iendo ahora a lo elemental si decimos que el progresismo es bueno, lo contrario, el conservadurismo, ha de ser necesariamente malo y viceversa. El pueblo soberano viene a ser un campo de batalla que cae en una peligrosa trampa que la dialéctica trata de ocultar: el fin justifica los medios..


08 marzo 2023

DEL TIO BERNI AL...

 



Asisto a la sesión de control al gobierno, un debate en donde puedo ver los hechos de primera mano y sin ningún análisis, en el que la interpretación de lo dicho y hecho la hago yo y del contexto se puede hacer una idea el que esto escribe. Y de mi análisis como espectador llego, desesperanzadamente, a la misma conclusión: el supuesto debate parece una discusión de comadres, en la que no se trata de otra cosa que hacer daño y lanzarse puyas. No se trata tanto de se mejor, sino de ser menos malo, o de hacer las cosas bien, sino de demostrar que otros las hicieron peor. Que si ante una determinada situación la acción del gobierno significa un fracaso, también hubo un fracaso anterior ante la misma situación, y en definitiva, atendiendo a intervención tras intervención, la acción de cualquier gobierno en España ha sido, y es, un continuo fracaso. 

Entre los muchos temas tratados en el día de hoy, utilizados por las comadres (¡perdón! quiero decir diputados) para echarse en cara sus malas acciones y desatinos han figurado el paro y la corrupción, en este caso personificada en el Tito Berni.

El desempleo, la altísima tasa de paro, es algo que arrastramos desde el inicio de la democracia. Ningún gobierno ha sido capaz de atajarlo, es absurdo echarse en cara ser uno más de los fracasados. Como conclusión podemos decir que cualquier gobierno de España (de cualquier signo y tendencia) es incapaz de solucionar este problema, es un desatino colectivo que sufre España y los españoles. Pero las comadres siguen discutiendo, marujeando más bien, lo que no es más que pasar el rato, distraer y distraerse.

El otro tema tratado es el del tito Berni, la actual cara de la corrupción y de nuevo las comadres se pelean por demostrar quién es más corrupto y quien lo fue, y la conclusión del espectador es que la corrupción se ha instalado en España. Las comadres no sólo no han dado una solución a la corrupción, sino que han aprendido a vivir y hacernos vivir con ella. Y uno se da cuenta de que, a lo largo del tiempo,  que la España de los titos Berni, que hay muchos, se ha convertido en el coño de la Bernarda.

04 febrero 2022

LA "EQUIVOCACIÓN"

Hoy muchos medios se desayunan con la noticia que la reforma de la reforma laboral ha sido aprobada “in extremis” por un voto de diferencia.

¡Por los pelos! Podríamos decir. Pero si a ello añadimos que ese voto de diferencia se debe a una equivocación, pues el resultado ya raya en el esperpento.

Y no es que debamos preguntarnos lo correcto o incorrecto del resultado, ni debamos plantearnos si se debe o no permitir cambiar un voto, por muy equivocado que sea, ni siquiera deberíamos considerar si esta convalidación del real decreto es justa o no. La cuestión está en cómo es posible que un diputado, Alberto Casero, se equivoque al tener que apretar la opción de SI o NO.

Ya se ha equivocado en otras dos ocasiones, luego debería estar prevenido, el hecho de haberse confundido con anterioridad hace muy posible que esta última equivocación sea una “equivocación”.

Hay otras opciones: que el señor Casero sea un dejado y no haya hecho revisar su equipo para votar después de dos fallos informáticos; está la posibilidad de que confunda las letras y tenga algo de dislexia, en cuyo caso sería más seguro para España y cualquier institución que don Alberto Casero estuviese alejado de cualquier teclado y, desde luego, sin la responsabilidad de tener que pulsar un botón o más. Este cometido no haría de él un diputado despistado, sino un peligro. Puede que el señor Casero no sepa diferenciar derecha e izquierda, y que antes de este fallo es muy posible que no supiese con qué mano come, y en consecuencia no sepa cuál es el lado del SI y cual el del NO.

Pero al señor Casero hay que agradecerle que, cuando pensábamos haber descubierto la unidad básica de inteligencia en la política en la persona de Alberto Garzón, ha aparecido una nueva unidad básica de inteligencia en la política, Alberto Garzón sólo dice tonterías pero sabe qué botón apretar. Pobre Casado si con estos mimbres tiene que hacer un cesto. Pobre España si estos son sus diputados.

Pero particularmente me niego a considerar tan baja preparación en un diputado del Congreso y tan poca precaución en los que lo colocaron en la lista de candidatos por Valladolid. Por eso creo que su error hay que tacharlo como “equivocación”.

Pero lo paradójico de nuestro sistema es que una persona que se presente a diputado debe hacerlo amparado por las siglas de un partido, es decir que votamos a los partidos. Pero luego, en el Congreso, votan las personas en vez de los partidos; así pasa lo que pasa. Para minimizar esta situación los partidos han establecido la disciplina de voto, o votas lo que te mande el partido o habrá consecuencias; en este caso la mejor manera de evitar que las haya es “equivocarse”.

Y es que esta disciplina de voto del partido en vez del de las personas lo hace peligroso. Podríamos decir que la disciplina de partido corrompe la separación de poderes, es la única que puede hacer que un partido dicte sus propuestas en los ámbitos legislativo, ejecutivo y judicial mientras tenga miembros o simpatizantes en estos pilares. Es el resultado de subordinar las personas al partido, lo que significa que, de una forma u otra, al final todos seguimos en dictado de un partido político, o sea de una aristocracia que, recordemos, cuando degenera es oligarquía.


11 septiembre 2021

CAMBIO ¿CLIMÁTICO?


 

Imagínense una nave - da lo mismo que sea un barco, un avión o un autobús - muy grande. Imagínese que la tripulación lleva buscando el manual que explica el funcionamiento de la nave y cómo se maneja desde que embarcó. Por otra parte, la nave tiene una tripulación mal avenida que discute en cada uno de sus rincones. La tripulación no deja de aumentar y los tripulantes no tienen nada claro su cometido. Los recursos de la nave son escasos y la tripulación genera más residuos de los que los sistemas de la nave pueden procesar y la basura se amontona en las dependencias. Es de dudar que la nave pueda alcanzar algún destino, pero no hay duda sobre el destino de la tripulación. A estas alturas se habrán dado cuenta de que la nave es el planeta Tierra.

Y es posible que cuando terminen de leer este artículo me tachen de negacionista, una de esas nuevas palabras que equivalen al hereje medieval y que se aplica al que no sigue la ortodoxia social que coincide, casualmente, con la oficial.

Y es que el cambio climático, innegable por otro lado, es como el retrato del Gran Hermano: omnipresente. Está en todos los discursos, medios de comunicación y redes sociales. Como la religión lo fue en su momento, hace que entremos en un concepto que sirve de excusa para cambiar el sistema de una forma radical. El cambio climático, en concreto la emisión del dióxido de carbono (CO2) se ha convertido en la bandera que justifica eliminar la combustión interna en los coches, pretender limitar el consumo de carne y regionalizar el consumo de los alimentos debido con la excusa de su huella de carbono. También sirve para justificar el cambio de los hábitos de vida, usar transporte colectivo, utilizar la bicicleta y tener cuidado con la electricidad que se consume a lo largo del día y pagar por todo ello un impuesto verde. Pero no tenemos en cuenta que el ser humano tiene la necesidad de calentarse cuando hace frío y que satisfacerla, desde que se inventó el fuego, significa generar dióxido de carbono, es lo que tiene la combustión. Calentarse con electricidad, al precio de que está, equivale a morir de frío o de hambre. También el ser humano tiene la necesidad de respirar, que es absorber oxígeno y expulsar dióxido de carbono. Y cada vez hay más población en la tierra y la necesidad de calentarse y respirar de cada persona equivale a que cada vez se producirá más dióxido de carbono.

Por otra parte, siempre que hay un desastre se da la ocasión de recurrir al cambio climático para su explicación; una ola de calor seguida de un temporal se debe al cambio climático, aumentan las lluvias o las sequías pues también se debe al cambio climático. Repito que el cambio climático está ahí, como también lo está su utilización para unos fines determinados.

El fenómeno del cambio climático viene avalado por la comunidad científica, pero ésta no es unánime en cuanto a la explicación de su causa. En este sentido, un negacionista no es aquel que dice que no hay cambio climático, sino el que dice que puede ser un proceso natural, independiente de la acción humana o en el que confluyen más causas que la generación de dióxido de carbono. Tenemos que tener en cuenta que la comunidad científica desarrolla sus postulados con lo que sabe, no con lo que cree, y que esa comunidad científica, con lo que sabía en ese momento, sentenció que el Sol y los planetas giraban en torno a la Tierra; o que el ser humano, fisiológicamente, era incapaz de trasladarse a más de 30 kilómetros por hora; y, más recientemente, y también fue un científico el que dijo que la presencia del COVID-19 en España sería testimonial. No nos equivoquemos, los científicos pueden dudar de la capacidad del género humano para cambiar el funcionamiento de la naturaleza, los políticos no. Tampoco confundamos los términos, cuando uno tiene dudas es un escéptico y si uno dice que la Tierra es plana o que no hay cambio climático es un tonto o un estúpido. Negacionismo, repito, es un eufemismo de herejía.

El fenómeno del cambio climático no es nuevo, al ser humano le gusta ser temeroso y cada cierto tiempo asiste de una u otra forma a la posibilidad del fin del mundo. Hay dos modalidades, por fechas críticas y por circunstancias. Ejemplo de fechas críticas, el temor social y medieval que se creó en el año 999 en la Europa cristiana cuando un predicador dijo que el mundo no llegaría al año 1000, el famoso “Efecto 2000” que iba a colapsar los ordenadores y sumir al mundo en el caos administrativo es otro ejemplo tan válido como el de 1000 años antes, no olvidemos las profecías mayas que señalaban al año 2012 o los múltiples y bien intencionados fines del mundo anunciados por los testigos de Jehová, y esa sala de retratos del Papa en el Vaticano que, según San Malaquías, cuando muera el último Papa retratado será el fin del mundo. Con respecto a la modalidad circunstancias, también se han ido sucediendo en el tiempo, podemos iniciarlo con esa sensación de fin del mundo que se adueñó de las sociedades cuando se declaró la peste; el terror que muchos sintieron cuando se empezó a utilizar la pólvora, cuando muchos anunciaron que los enemigos harían estallar el mundo en la lucha. Recientemente, en los últimos cincuenta años, hemos vivido el “pánico nuclear” de las décadas de los 70 y 80 avivado por otra parte por el cine, la televisión y la cultura en general; con la caída del Muro de Berlín también se originó un agujero en la capa de ozono y la emisión de CFCs durante la década de los 90; repentinamente, al comenzar el milenio, se comenzó a hablar del Calentamiento Global y de la emisión de los gases de efecto invernadero, posteriormente el término se modificó y pasó a ser Cambio Climático y la emisión de dióxido de carbono.

Está claro, nos gusta la sensación de vivir bajo la espada de Damocles y a nuestros gobiernos laicos creer en el apocalipsis. Se nos ha pasado el miedo a las armas atómicas aunque desde el fin de la Guerra Fría haya aumentado el número de naciones con este armamento, resulta paradójico que en los 80 rechazásemos que Estados Unidos y la Unión Soviética dispusiesen de este armamento y que en la actualidad nos resulte indiferente que el régimen de los ayatolah o el de un minidictador puedan disponer de bombas atómicas.

Tampoco les quepa duda: la Tierra será inhabitable cuando el Sol envejezca más en unos millones de años. Pero ahora toca preocuparse del Cambio Climático, si analizamos la evolución de los diferentes tipos de apocalipsis podemos comprobar, como ya hemos dicho, que tienen más de reacción social ante el temor que provoca una circunstancia que al conocimiento de la naturaleza del problema y de la idoneidad y coste de las soluciones ¿qué va a sustituir a las energías renovables un día nublado y con viento en calma? ¿Vamos a dedicar la mitad de la actividad económica al reciclaje? En todo caso los problemas están ahí, ya sean considerados potencialmente apocalípticos o no; puede ocurrir que los representantes de las potencias nucleares tomen unas copas de más y la líen fulminándonos a todos, puede que la capa de ozono agrande su olvidado agujero y que nos achicharremos; puede que el calentamiento global aumente y acabemos asados, o que el cambio climático siga su evolución y perezcamos en una ola de calor o de frío, en un huracán o en una inundación.

Volviendo al símil del principio, el aumento de la tripulación del planeta Tierra nos obliga a replantar los postulados de Malthus - ese que decía que los recursos de la Tierra progresan aritméticamente mientras la población aumenta geométricamente, pero se le olvidó decir que sus emisiones también aumentan de la misma manera – y probablemente descubriremos que el primer problema de la nave tierra es su tripulación y que ésta no dispone de algo que si tiene la nave: todo el tiempo del mundo. Por tanto hay que priorizar y, en mi opinión, antes de arreglar la nave es necesario solucionar los múltiples conflictos de la tripulación y conseguir que cada tripulante tenga claro su cometido, entendiendo que esto no significa una jerarquización, ni un sistema de castas; ahí entramos en materia de educación.

07 septiembre 2021

LENGUAJE INCLUSIVO, DESPROPÓSITO BIENINTENCIONADO.

 


No sabría decir cuando comenzó esta manía inclusivista, es posible que comenzase cuando el Lehendakari Ibarreche en todos sus discursos se refería a las “ciudadanas y ciudadanos vascas y vascos” o cuando la ministra Aído se refirió a los componentes del congreso como “miembros y miembras”. El caso es que desde entonces han cambiado muchas cosas, sobre todo en el vocabulario, y con un propósito más político que el de dar relevancia a los que no son hombres.

Quizás el primer paso ha sido dar género a palabras que no lo tenían, pero que sonaban a masculino, así hemos asistido al invento de palabras como presidenta, cuando en realidad valdría lo mismo decir el presidente o la presidente. No hemos entendido que los cargos no tienen género. Tras ello se han sucedido palabras a cada cual más ridícula, como portavoza. Si bien pocas palabras terminadas en e (como presidente) o en o (como miembro o soldado) se han salvado de que les coloquen un femenino. No ha ocurrido así con las palabras terminadas en a (como socialista), siguiendo esta lógica inclusivista deberíamos incluir en nuestro vocabulario, socialistos ( y probablemente socialistes), comunistos (y comunistes) o gilipollos (y gilipolles). En realidad, según la palabra que toque, se está sometido al capricho del lenguaje inclusivo. Dentro de su lógica sería tan correcto decir presidenta como residenta o habitanta, pero no queda tan elegante, ni tan importante.

Gramaticalmente, parece que asistimos a un nacimiento de nuevas formas de declinación: niños, niñas y niñes, algo que hace cada vez más difícil seguir un discurso y que hace del castellano una lengua más difícil todavía, incluso para los nativos. No me quiero imaginar que tengamos que hablar de jóvenos, jóvenas y jóvenes. Aunque, fuera del inclusivo, hemos asistido al cambio de significado de otras palabras como testar (de hacer testamento a probar o experimentar), lo cual indica que la estupidez puede exceder a la política.

Algo más se han salvado los adjetivos, que han mantenido su estructura, pero no sabemos qué pasará ante una nueva oleada revisionista de inclusivismo, por ejemplo en los colores, ¿tendremos que hablar de rojos, rojas y rojes?¿Inventaremos nuevas palabras como marrón, marrona y marrone?¿Cómo será el plural? (marronos, marronas y marrones). En fin, la prospectiva del lenguaje inclusivo resulta tan interesante como apasionante… y tan absurda como imbécil (o imbécila, o imbécile).

Pero agradezco que el inclusivismo, de momento, se limite al uso de los políticos en el ámbito de sus discursos y declaraciones. No me quiero imaginar una historia inclusiva, y doblada en volumen, que me diga que los faraones y faraonas de los egipcios y egipcias construyeron las pirámides. O que los romanos y romanas fueron invadidos por los bárbaros y las Bárbaras y que en España se asentaron visigodos y visigodas, suevos y suevas, vádalos y vádalas y alanos y alanas. Tampoco es de extrañar que, en lo que se refiere a medicina, haya feministas fanáticas, de esas que abortan cuando saben que el sexo de su feto es masculino, que aboguen por nuevas palabras; ya que su cuerpo es suyo dirán que tienen esófaga, que cuando comen picante les arde la estómaga y que tiene dificultades con el tránsito en sus intestinas, pero que las riñonas filtran bien, que su hígada funciona y su corazona late perfectamente. En algo tan femenino como es la ginecología reivindicarán que ellas tienen útera, ovarias, trompas de Falopia y clitorisa. La verdad es que se abre, en lo que a las ciencias se refiere, un horizonte tan infinito como la estupidez humana. Yo, por mi parte, seguiré teniendo tripas, manos, piernas e intentaré tener la cabeza en su sitio.

Por último, ha quedado en evidencia la falta de cultura de muchos de los que practican por norma este lenguaje inclusivo, soldada no es el femenino de soldado, como tampoco libra es el femenino de libro, ni capitana el femenino de capitán (imagínense que a la señora Samanta Vallejo Nájera le llamo chefa, como femenino de “chef”, estaría en mi derecho inclusivista).

En realidad, cada vez que utilizamos el lenguaje inclusivo dejamos patente que la sociedad está dividida en hombres, mujeres y un grupo al que habría que referirse como ¿otres? Cuando se propuso, tras la unión de Podemos e Izquierda Unida, llamar a la nueva coalición Unidos y Unidas Podemos parecía la concurrencia a las urnas de dos grupos diferenciados por el sexo, probablemente el próximo paso será llamarse Unides Podemos.

Quizás deberíamos plantearnos si este inclusivismo no resulta discriminatorio, si no habrá alguna lumbrera que al quererse referir a la infancia como niños, niñas y niñes piense que pueda haber algún discriminado. Aunque creo que en este caso lo políticamente correcto está desbancando a lo correcto, sencillo e inteligente. Desde luego muchas veces dejamos claro que no sabemos elegir las palabras, lo fácil y económico, y también inclusivo, que resultaría referirse a personas en vez de a hombres, mujeres y otres.