Impresentables.
Ya saben que la Sierra Oeste de Madrid se está quemando, hoy las noticias nos dicen que hay más de 60.000 personas afectadas y que hay
muchos bomberos, soldados de la UME, guardias civiles, agentes locales, personal
sanitario y toda clase de voluntarios intentando mitigar los efectos de
este incendio. Como siempre, este tipo de catástrofes sacan lo mejor y lo peor
de nosotros. Lo mejor queda a la vista, imágenes de solidaridad y sacrificio
mostradas en los noticiarios, lo peor queda en secreto, aquellos que se han
aprovechado de la desgracia ajena lo han hecho a escondidas. Pero lo que se ha visto
de lo peor lo han protagonizado los de siempre.
Empezando por el delegado del gobierno en Madrid, Francisco
Martín, que se pone en plan burócrata cuando la presidenta de la Comunidad pide
la ayuda del Gobierno Central. No sabe el delegado que ante una emergencia se
presta la ayuda necesaria y luego se ponen los problemas y se piden los informes, ignora que uno acude a prestar ayuda y si no
tiene nada que hacer se va e informa. Podemos considerar su reacción como una
negativa a prestar auxilio. La actitud de este señor parece que viene marcada
por instrucciones previas que se vienen repitiendo: poner la proa a la Comunidad de Madrid. Sigue una política de boicot y se le nota.
Dentro de esta acción sincronizada por el sanchismo, aunque se ha mantenido
fiel a su tarea asignada, alguien ha
tenido que decirle un equivalente al “no te pases, que han pedido ayuda y no
vamos a sacar el partido que le sacamos a la dana”. Bendita rectificación y maldito burócrata.
Seguimos luego por el macarra mayor del reino, me refiero al
ministro Oscar Puente. Desde su intervención en el intento de investidura de Núñez
Feijóo ya se pudo comprobar que la tarea encomendada para este individuo es la
de ejercer de matón. Ejecuta esta tarea a la perfección, tanto de manera oficial
como extraoficial. Se mete en todo y no está en nada. Intenta quedar bien
haciendo quedar mal e insultando, haciendo a los sufridores de sus carencias
culpables de las mismas. De él lo peor que podemos decir es que no hay seriedad
en su proceder, conocemos mejor sus peroratas en redes sociales que cualquier
decisión tomada en su ministerio que haya salido bien. Y habla siempre con la
misma autoridad sobre infraestructuras que sobre incendios forestales, política exterior o la cría del escarabajo carmersí, que no existe.
Terminamos con Isabel Díaz Ayuso, el objetivo a batir del
sanchismo. Creo que ha estado atinada al pedir la ayuda y estar dispuesta a
transferir la autoridad de la gestión de la catástrofe al estado. Una baza que
podría ser utilizada contra ella, de hecho tanto el delegado del gobierno como
el ministro Puente, lo han intentado de una manera un tanto burda. Isabel Díaz Ayuso,
lejos de apartarse ha seguido en la brecha y ha colaborado, se ha hecho a un
lado en la gestión dejando a los que, en teoría, saben. Ha estado inoportuna al
añadir a su declaración “lo importante es salvar vidas” ese anexo de “sin
importar lo que diga un mamarracho”. Consiguiendo lo primero lo segundo se hace
innecesario. Los mamarrachos se retratan solos, no hace falta señalarlos que puede equivaler a señalarse.
El caso es que, como siempre, los políticos siguiendo su
papel siempre protagonizan lo peor de cada catástrofe, entre más de 60.000
afectados ponerse a recriminarse resulta completamente impresentable.
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