Absentismo.
Se han publicado unas cifras sobre el absentismo laboral en
España, parece que son altas. El Gobierno las contempla con cierta
indiferencia, como si fuese un problema de los empresarios o de la
administración de turno. La oposición lo ha tachado de “cáncer” provocando las
iras de la izquierda. Parece que la exageración y la simplificación excesiva no
nos hacen apreciar que existe un problema complejo.
Es un error generalizar en estos problemas, habrá quien
tenga verdaderos problemas y habrá quien sea un caradura. No interpretemos que todo
el que esté de baja médica pertenece a uno u otro grupo. Indudablemente el que
está enfermo ejerce un derecho y el que
no lo está falta a su deber.
Ignorar este problema puede hacer que la cosa acabe
derivando en que una España trabaja para y por otra España de la misma forma que unos
ciudadanos estén subvencionando a otros ciudadanos, además de instituciones y campañas que poco beneficio
aportan.
No obstante, espero que entiendan que en medio de las
grandes aventuras en las que estamos inmersos, si un empleado de la
administración que trabaje en un consulado o en interior enferma se reducirá el número de nacionalizaciones o normalizaciones de estancia en España. Si un médico se pone malo aumentarán las listas de
espera; y si un profesor se da de baja temporal, ésta afectará a sus alumnos.
Si un albañil enferma la entrega de la vivienda se retrasará. Queramos o no, es
un problema.
Por supuesto, hay casos especiales en que el absentismo no
tiene consecuencias. Las Cortes cierran mes y medio por Navidad (en este caso
el absentismo se disfraza de vacaciones) y no pasa nada. Nuestro Presidente del
Gobierno se toma cinco semanas de veraneo (en este caso el absentismo además de
vacaciones es despilfarro) y sigue sin pasar nada. Habría que determinar si
este absentismo resulta en perjuicio o en beneficio para la nación. En todo
caso es muy poco ejemplarizante.
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