X. La vorágine.
Basta leer los titulares de la prensa. No es difícil llegar a la conclusión de que todo anda revuelto y las sociedades cada vez más divididas por diversos motivos, cualquiera es bueno. Hechos diferenciales, exigencias de un trato especial., reivindicaciones, nacionalismos, religiones y un largo etcétera dividen a las sociedades, disuelven las naciones y hacen inoperantes a las organizaciones. La cuestión es ¿cómo puede haber un orden mundial en estas condiciones?
No podemos exigir un orden mundial cuando se pretende cambiar el orden nacional. No podemos reclamar por un hipotético derecho internacional cuando nos saltamos el derecho local. Debemos admitir que el Orden Mundial está cambiando, como van cambiando las normas en nuestras sociedades y las leyes en nuestra naciones. Las normas sobre las que se basa el Orden Mundial no son inamovibles y son más fáciles de saltar que las locales. No nos puede extrañar que se resquebraje.
Los dirigentes de las naciones se intentan ajustar al estado de las cosas. A las naciones poderosas les interesa cambiar las normas y a otras mantenerlas con el mismo objetivo.:ser hegemones. Las naciones de segundo orden juegan a adaptarse a los tiempos, no les queda otro remedio. Sus dirigentes intentan obtener el mayor beneficio del estado de las cosas, pero van a remolque. Algunos confunden sus intereses personales con los de su partido o los de su nación. Nos guste o no, se confirma que son las naciones las que todavía establecen el Orden Mundial.
Los ciudadanos, las personas, en esta vorágine no podemos hacer nada para evitarlo. Le hemos dado el poder a unos dirigentes durante un periodo de tiempo y, se supone, que actúan en nuestro nombre. Su firma es la nuestra y su voluntad es la nuestra por que así lo establece el sistema. En esta vorágine ya hemos cedido demasiado como para que nos enfrenten a unos con otros. Debemos ser conscientes de que somos los ciudadanos los que formamos la sociedad y la nación. Es el momento de darnos cuenta de que debemos ser más solución que problema. Que las soluciones no están tanto en mandar callar, sino en escuchar y tener claras cuales son las prioridades de cada uno.
Los problemas que nos presentan los dirigentes de todo signo difieren de nuestros problemas cotidianos. Somos nosotros los que intentamos convivir en un ambiente cada vez más enrarecido en el que cada extraño, cada persona que no piensa igual, cada desconocido, en definitiva, es un potencial enemigo. Y ese es el Orden Mundial que estamos dejando a la próxima generación.
1 comentario:
Esto de orden mundial,
no es de ahora , y siempre
que lo leo, o lo escucho,
pienso lo mismo , que
se ha creido estos? ,
saludo.
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