16 marzo 2026

EL ANÁLISIS ELECTORAL O EL QUE NO SE CONSUELA ES PORQUE NO QUIERE

 El análisis de las electoral o el que no se consuela es porque no quiere.

 


Y ya hemos pasado las terceras elecciones del ciclo, las de la Comunidad de Castilla-León que, en mi opinión, es un invento que da más problemas que soluciones (pero esto es un aparte). Creo que ha estas horas el resultado es ya de todos conocido y todos los expertos hacen sus valoraciones. Me voy a permitir una valoración de las valoraciones. Y perdonen que ciña a algunas metáforas.

 Quizás la primera que haga es que las valoraciones de los análisis son como las opiniones de las paellas, el arroz podría estar un poco más duro o un poco más blando; más o menos caldoso; más o menos suelto, más o menos amarillo; y, por todo ello, más o menos bueno. Pero al final el comensal suele apostillar como premio de consolación con un “pero tiene buen sabor”. Algo parecido sucede con las elecciones siempre hay pros y contras sobre los resultados y la conclusión termina siendo algo parecido a “pero nos ha ido bien” mientras los demás parecen decir “pero no lo suficiente”. Siempre hay razones para ver la botella medio llena o medio vacía, en este caso es el equivalente a decir, que no hay suficiente cantidad en la botella, pero que hay. Cada uno se agarra a lo que puede. En todo caso los representantes de los partidos acaban concluyendo que no se han quedado con mal sabor de boca. Esta claro que las penas y fallos quedan para dentro de casa. Los periodistas barren para casa, de forma que la valoración de las elecciones parece limitarse al análisis del enésimo sondeo que viene a explicar la razón que tenían cuando han acertado o lo mal que se han hecho cuando los resultados con coinciden con los sondeos  anteriores. La lectura de los números admiten muchas interpretaciones.

 Añadiría que se imaginasen un juego de cartas cuyas reglas son las siguientes:
- Las cartas, según se reparten quedan a la vista de todos los jugadores.
- Los jugadores pueden utilizar las cartas de otros jugadores si llegan a un acuerdo y formar así una carta ganadora.
- Luego se procede a apostar, sin posibilidad de descartes.
- Los “renuncios” no se penalizan.

Las elecciones no son más que un reparto de cartas hecho por los electores. El juego es tan sencillo que cada uno, incluidos los espectadores, ve las cartas de los jugadores. Una de las partes del juego es que cada uno de los que juegan dicen maravillas de sus cartas. Que la mano que le ha tocado no es mala, o que es muy buena, o que es muy mala pero que a su amigo le caído una buena o al enemigo una muy mala. Luego viene la hora de las apuestas, en este caso uno tiene que apostar, y la apuesta ya no es propia de un jugador, en ella va incluida la apuesta de otros jugadores que le ayudan a tener la mejor mano. Si las cartas estaban a la vista las apuestas  son ocultas en lo implícito que llevan en su anuncio. La apuesta de “reactivar economía bajando impuestos” puede conllevar recortes. ..La apuesta de “no a los recortes” puede conllevar una subida de impuestos. Quiere esto decir que los jugadores (los candidatos) van de farol la mayoría de las veces. Los expertos en el juego (los periodistas) no dejan de valorar la mano que le ha tocado a cada uno y predecir las diferentes posibilidades  de juego y apuestas que se pueden hacer. Anuncian buenas jugadas y faroles cuando no los hay. Dentro de sus análisis llegan más a las conclusiones de lo que ellos desearían que a las realidad de la situación.

Tampoco fallan después las alusiones a la justicia del sistema de reparto. Siempre habrá que se pregunte que cómo es posible que entre un 35,47% y un 30,74% (una diferencia de un 4,73%) de los votos haya solo dos escaños de diferencia que sólo refleja el 2,5%.de la cámara. Cómo es posible que un 35,7% de los votos equivalga a un 41,25% de la asamblea y que un 30,74% a un 37,5% . Acaba dando la impresión de que el sistema puede no ser justo. Pero la justicia no está en el reparto de cartas, sino en el hecho de que todos admitan las mismas reglas del reparto.

En consecuencia, tras unas elecciones el que no se consuela es porque no quiere y la lucha entre partidos se traslada a las valoraciones. Todos exhiben sus razones para estar contentos, el descontento, como las lágrimas, queda  a tratar en privado y puerta cerrada. Para las auténticas valoraciones ya habrá tiempo, generalmente cuando sea demasiado tarde para los votantes.  

 

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