Nos invita nuestro amigo José Antonio (JascNet) a participar en su blog Acervo de Letras a participar en el Vade Reto del mes de marzo. En el hay que contar una historia en la que se haga referencia a un eclipse lunar como protagonista, debe desarrollarse, por tanto durante la noche, y tiene que pasar algo después del fenómeno. Por mi parte, he decidido recurrir al catastrofismo que tanto nos gusta, aunque lo que ocurra por la noche sea una referencia en....
El cuento del eclipse.
Astrólogos y astrónomos, con estudios diferentes, estaban de acuerdo. Los astros se alineaban según unos y entraban en conjunción u oposición según otros, El esperado eclipse incluía a la Luna en este alineamiento, según los astrónomos; los astrólogos no tenían claro si estaría en conjunción u oposición. Pero coincidían en que entre el Sol y el satélite, además de la Tierra también se interpondrían Mercurio y Venus ocultando en menor medida la luz del astro rey.
Compartían la certeza de que esta situación no se había dado en cientos de miles de años. De hecho, en la zona afectada por el eclipse, gracias a la rotación de la Tierra, sería la primera vez que diese esta experiencia. También compartían el desconocimiento de lo que pudiese pasar. Hace unos cientos de miles de años no había nadie que supiese escribir como en la actualidad y, si había alguien, posiblemente no hubiesen dejado constancia alguna de tan significativo evento. No había registros de este tipo alineación (o disquisiciones entre conjunción y oposición) acaecido hacía tanto tiempo. Por todo ello los astrónomos contaban sus estudios al mundo científico. De la misma forma los astrólogos relataban sus cábalas al mundo esotérico.
Los científicos anunciaban que la alineación podría afectar a las fuerzas gravitatorias que se ejercían todos los astros. De entre todas sus deducciones anunciaron que el planeta podía achatarse un poco más, que las mareas podían aumentar o disminuir, y que la atmósfera podía deformarse y hacer que su forma pareciese la de un huevo. El achatamiento implicaba que habría terremotos y maremotos, aunque se ignoraba su intensidad e importancia. Se esperaba que las mareas fuesen especialmente intensas en la zona afectada por el eclipse, aunque otros científicos argumentaban que la oposición de otros planetas compensaría la atracción lunar. La misma discusión se trasladaba a la deformación de la atmósfera, pero el anuncio del achatamiento apoyaba la suposición de que el aire se enrarecería en los polos, aunque no precisaban si terrestres o magnéticos, se esperaba un ligero movimiento de ambos polos.
Al amparo de la comunidad científica las autoridades tomaron medidas drásticas: Decidieron el traslado de toda la población ártica y antártica hacia el sur y el norte, a una latitud inferior de los setenta grados norte y superior a los setenta grados sur. También trasladaron a la población costera diez kilómetros tierra adentro . Se ordenó el traslado de la población ribereña de los grandes ríos a mil metros de uno y otro lado del cauce.. La zona afectada por el eclipse, y un radio de veinte kilómetros alrededor, de la misma fue puesta en cuarentena obligando a sus pobladores a salir dejándola desierta y salvaje. A quien decía que tanto catastrofismo era exgerado se le acusaba de poner en duda las autorizadas opiniones de la ciencia.
Los astrólogos determinaron que la conjunción de Júpiter, el Sol, Mercurio y Venus en oposición a la Luna, Marte y Saturno, según la carta astral elaborada para el evento, otorgaría a los nacidos especiales dones y dotes. Más especiales y acusados cuanto más cerca nacieran de la zona de la que divisaría el oscurecimiento del satélite. Dentro del horóscopo, sería un grupo de aries especialmente selecto que verían acentuadas las virtudes de los nacidos bajo este signo y sus defectos serían prácticamente inexistentes.
Los seguidores del zodiaco, buenos padres todos ellos, intentaron prolongar los embarazos unos y adelantar los nacimientos otros y se acercaron a la zona que iba a ser afectada. Todos los aficionados al esoterismo se propusieron trasladarse a ver el eclipse convencidos de que absorberían la magia que produce el instante en que el sol oculta a la luna ocultándola en la sombra de la Tierra. Los amantes de la vida contemplativa también quisieron asistir al evento con la esperanza de que sus inquietudes vibrasen en armonía con sus sentimientos y otorgar de una calma extraordinaria a sus espíritus. Y algunos científicos, fundamentalmente astrónomos, reclamaron el derecho de estudiar directamente el eclipse en beneficio de la ciencia.
Coincidían varias peregrinaciones de norte a sur y de sur a norte; de las riberas y las costas hacia el interior; desde y hacia la zona en que el eclipse iba a ser visible. Demasiada gente moviéndose y buscando donde asentarse cogió por sorpresa a las autoridades, había una inesperada densidad de población en las poblaciones próximas a los setenta grados de latitud norte y sur. Nunca se había visto tanta gente en la Patagonia o en la Tierra del Fuego. La Antártida volvía a estar tan vacía como lo estuvo durante la mayor parte de su historia. También había problemas para alimentar y saciar a todos los que se trasladaron al interior. La basura se acumulaba en todos lados.
Pero el mayor problema se dio en la zona de cuarentena, demasiada gente quería entrar en la misma. Todos reivindicaban su derecho a trasladarse. Hubo disturbios, hubo disparos y hubo muertos. Ante la carnicería que se avecinaba los unos decidieron entrar discretamente escondiéndose de los otros, que decidieron hacer la vista gorda. Entre los agentes se hizo popular el lema “si se tiene que morir que lo mate la luna y yo no”
Llegó la noche del eclipse, aunque duró seis horas, la Tierra ocultó a la Luna completamente durante doce minutos, pero las nubes impidieron apreciar el suceso. No se sabe que hubiese terremotos o maremotos, al menos no fueron reportados ni registrados. Nadie se asfixió por aire enrarecido. El día siguió durando veinticuatro horas y la Tierra siguió siendo redonda, achatada unos veintitrés kilómetros por los polos, exactamente igual que antes del eclipse.. Científicamente los planetas, como vinieron, se fueron y siguen girando en torno al sol hasta que dentro de unos ciento cincuenta mil años, minuto más, minuto menos, vuelvan alinearse.
No nacieron muchos niños durante el evento, los buenos padres, y sobre todo las buenas madres, que querían trasladarse se dieron cuenta de que parir de noche en medio del campo y en la oscuridad era más una temeridad que un milagro. Estimaron que era preferente que los recién nacidos disfrutasen de buena salud a buenos dones y dotes.. Actualmente nadie conoce a un aries más especial que otro aries, y sigue siendo muy difícil encontrar a dos aries iguales, con los mismos defectos y virtudes en igual cantidad.. Los que fueron a absorber la magia del suceso se tuvieron que conformar con coger un resfriado, la nubosidad reinante les impidió mirar a la luna, de forma que se conformaron con mirar a levante esperando que nuestro satélite fuese detrás del sol, no fue así. Los amantes de la vida contemplativa no dijeron nada, la decepción tuvo sobre ellos el mismo influjo que esperaban de la Luna, se quedaron callados con la sensación de haber hecho un poco el ridículo.y el espíritu más deprimido que en armonía.
Esa misma sensación tuvieron las autoridades, pero no eran contemplativas y no guardaron silencio. Máxime cuando el apocalipsis esperado fue un fiasco y no podían agarrarse ni a un desastre que sirviese de consolación. La frase “tomar medidas para prevenir se ha cobrado vidas y ruina” se hizo viral. Intentaron culpar a los científicos y a los astrónomos. Los segundos dijeron que ellos no habían pronosticado ningún desastre, mientras que los primeros aludieron que ellos sólo dieron datos y las posibilidades que sugerían éstos. Explicaron, simplemente, que procesos que llevan décadas de miles de años llevasen sólo miles, pero en ningún momento auguraron catástrofes de la magnitud que habían provocado los líderes. Recordaron también la ausencia sobre documentación de un evento similar al que ocurrió hace ciento cincuenta milenios.. En este sentido los dirigentes actuaron rápidamente y crearon una comisión mundial y global para mantener al día los archivos referentes a la documentación de los eclipses avisando de lo que podría pasar cuando los astros se alineen dentro de ciento cincuenta mil años.. Pocos cayeron en que como no había pasado gran cosa quizás por ello no había archivos del anterior alineamiento (o conjunción y oposición) de planetas acaecida hace unos cuantos miles de años.
Más eclipses en el mismo enlace.
2 comentarios:
Muy realista. Al menos nos haces reír. Un beso
Muito lindo e como acontece, para qualquer ev ento, fazem premonições, inventam catástrofes, assustam... E ai final, nada de anormal acontece senão o que iria naturalmente acontecer!Adorei! abraços, tudo de bom,chica
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