Alertas, vigilancia y alarmas.
Entre las cinco acepciones que da la Real Academia a la palabra “Alerta” la cuarta y la quinta son “El aviso o llamada para estar vigilante” y, como interjección, “se usa para advertir a alguien que esté vigilante”. La vigilancia, para el que no lo sepa, es “la observación sistemática de un medio o entorno”, no lo dice la RAE, lo dice la OTAN. El resultado de la vigilancia implica aumentar o disminuir la alerta y viceversa. El grado de alerta influye sobre el esfuerzo que se hace en la vigilancia.
De una forma u otra todos hacemos vigilancia. Ya sea leyendo los periódicos, escuchando las noticias o atendiendo a los diferentes analistas y “analistas”. La mayoría es una vigilancia burda y aficionada. La verdadera vigilancia la ejercen profesionales que hacen sus informes para sus jefes que son otros profesionales que asesoran a sus jefes que, al final, acaban siendo políticos. Ellos filtran, dan prioridades y, en teoría, son los que establecen el grado de alerta.
Por poner un ejemplo, el grado de alerta terrorista en España es muy alto, uno por debajo del nivel superior. Así llevamos muchos años. Y si no se ha establecido un grado superior es porque las Fuerzas Armadas tendrían que intervenir. Pero desde nuestra posición de aficionados es fácil establecer algunos grados de alerta en todo el mundo, otros se nos escapan.
Ya no es necesario establecer un grado de alerta en Ucrania, la guerra ya ha estallado y diríamos que ahora la vigilancia y las alertas se dedican a que esta guerra siga limitada a Ucrania y Rusia. Hay una alerta en Oriente Medio y otra,, de momento un poco más baja, en Taiwan.
Pero esto es en el orden internacional. Hay muchas otras dentro de cada nación y región. Europa, por ejemplo, está yendo al colapso por la producción de normativa,, muchas veces contradictoria. Ello implica un aumento de burocracia.que ralentiza cualquier actividad e iniciativa. Hay también una contradicción de la ideología verde cuyo paradigma más significativo es la polémica tala de olivos para la instalación de placas solares.
Los que hacen una vigilancia bien hecha ya han dado algunas voces de alerta, que dentro de unos años serán alarmas si no lo son ya.. Nos están avisando de la insostenibilidad del sistema de pensiones. También nos avisan de un invierno demográfico. Algunos ya están dando voces de alarma con los diferentes sistemas de infraestructuras. Son temas lo suficientemente graves para que la regularización de inmigrantes o la prohibición del burka parezcan temas baladíes. Ya no les digo la chorrada de hacer que un tapón no se despegue de su botella..
Pero nuestros dirigentes se baten el cobre por estos últimos detalles pensando en una elecciones para dentro de un año. Los problemas que suponen futuras alarmas y que hay que empezar a corregir ya no merecen ninguna atención hasta que se produzca un desastre que deje en evidencia la debilidad del sistema. Ha sido necesario un accidente mortal para que nos demos cuenta de las carencias del sistema ferroviario. La alta velocidad ha dejado de serlo y habrá que esperar un tiempo para hablar de una red de alta velocidad, puntual y segura. Cercanías es casi un colapso. Y se han dado voces de alerta a las que no se han hecho caso. También se está alertando del estado de otras infraestructuras.
Hay otros sistemas que también han tenido sus alertas. El acoso de algunos machos, siempre solucionados con “contundencia” tardía sin consecuencias para los agresores.
Todo ello nos lleva a preguntarnos cuán cerca o lejos está del colapso este sistema al que podemos llamar España..
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