Nos ha convocado en el Vadereto de este mes nuestro amigo José Antonio (Jascnet) en el que nos propone un viaje a la tierra del sol naciente. Debe invitar a la reflexión, la espiritualidad, la calma, la percepción de pequeños detalles e incluir al menos dos palabras en japonés. Mis referencias niponas son contadas y nunca he visitado el Japón, ni está en mis ilusiones. Hablar, por tanto, de este viaje no me resulta fácil. El recurso que he utilizado para ello ha consistido en un viaje interior para analizar lo que sé de este país y contar mis impresiones tras...
Unas aventuras japonesas.
Nunca logró viajar al Japón, situado casi en el norte de las antípodas de donde vivía; haciendo esta visita podía dar la vuelta al mundo en un viaje de ida y vuelta. No evitó esta circunstancia la realización de ciertas aventuras japonesas que, todas juntas, conforman una visita imaginaria a un país que también se considera una civilización.
Su primera aventura coincidió cuando empezó a practicar judo, el camino de la suavidad. No fue mal judoka, le gustó y lo practicó toda su juventud. Según mejoraba y perfeccionaba sus movimientos, como el tomoe-nague, ippon-sheonague, morote-seonague iba aprendiendo que la base de las técnicas inventadas por el maestro Jigoro Kano era meterse debajo del oponente, aprovechar su peso y su fuerza y proyectarle al suelo. Pudo ver una películas antiguas del maestro combatiendo. Había escenas que, cuando parecía que su oponente le iba a hacer caer, se movía en el aire y, casi sin esfuerzo, terminaba por derribar al oponente. Dada su privilegiada experiencia en este deporte —era bueno, pero no tanto como para ser miembro de la selección nacional— fue invitado a asistir al enfrentamiento entre los equipos de España y Japón. Le llamó la atención que los españoles, como todos los no japoneses, concebían el combate como poder contra poder y ser más fuertes que el adversario, algo que no funcionaba. También era de destacar que el entrenador español, como todos los entrenadores no japoneses, no dejaba de gritar instrucciones mientras que los compañeros del español que combatía no cesaban de animarle; por contra, el entrenador japonés permanecía callado e impasible al igual que el resto del equipo japonés. Terminó el campeonato y entendió que, mientras los no japoneses buscaban la victoria, los nipones concebían el combate como la superación de un problema. Entendió que en el mundo el judo era un deporte, pero en Japón era una filosofía consistente en la correcta aplicación de la fortaleza propia, aprovechando no sólo la fuerza, la debilidad y los errores del oponente, sino también las oportunidades que podían ofrecerse. Entendió que cada una de las artes marciales en Japón no era sólo un tipo de lucha, sino una filosofía para vivir la vida.
La segunda aventura fue vivida a través de un amigo que fue a aprender japonés, una ventolera que le dio. Hizo dos viajes a Japón y contó muchas anécdotas. Algunas de ellas ya son sobradamente conocidas, como los oshiya —los empujadores del metro— resultó más chocante cuando relató que se vió inmerso en un atasco de personas en el metro y que la única forma de salir de él fue pegarse a una pared y esperar. También nos habló de la belleza de los cerezos en flor, pero no llegó a ver ninguna cereza en los menús. Disfrutó de una comida minimalista y sabrosa, pero muy cara y algo escasa, por lo menos para él. Lo que más le impresionaba es que hubiese tanta gente moviéndose tanto y tan deprisa, que esa calma zen estaba reservada a unos pocos o, más bien, que eran pocos los que disfrutaban de ella. Eso sí, la minuciosidad y la autoexigencia en el trabajo era casi una religión. Trabajaba como ayudante en una pastelería y, recordaba que los viernes, hacían una especie de fiesta en la que todos acababan cantando una canción con una sola palabra, “yopparatte”, al son de “La cucaracha”. Luego nos dijo que esta palabra significaba algo así como “estoy borracho”. A pesar del alto nivel cultural, pocos hablan otro idioma que no sea el japonés. Todo ello se resumía en una forma de vivir diferente de más de ciento veinticinco millones de personas en menos de cuatrocientos mil kilómetros cuadrados. No había allí filosofía o cultura, sólamente una manera de vivir. Claro que generalizarlo en tantos millones de personas es un error consistente en establecer estereotipos.
La tercera aventura fue la lectura del libro “La mente del estratega”, de Kenichi Omae, una lectura casi obligada en el ámbito de su trabajo. Trata el autor en este libro los motivos del auge de muchas empresas japonesas; una de las conclusiones que nos regala es que si la adaptación es la clave de la supervivencia, la anticipación es la clave del éxito. Termina el libro analizando el caso de la empresa Japón, un país cuya historia, política y estrategia queda definida y explicada por una circunstancia: pocos recursos propios para una gran economía. Ello es parte de la formación educativa y resulta una clave para entender su civilización: siempre habrá necesidades que satisfacer y poco tiempo para disfrutar. También entendió así el éxito de las huelgas japonesas: el sentido del honor que se mantiene hace que el empresario se sienta humillado por el hecho de que los trabajadores se pongan una cinta con la palabra “suto”, abreviación de “sutoraiki” (huelga) en la cabeza y trabajen a destajo, llenando los almacenes de productos y vaciando los depósitos de materias.
Entiende que estas aventuras forman una gran aventura, que es un sueño, y que no es sólo comprender una filosofía o un modo de vivir marcado por una circunstancia, sino visitar la civilización que ha moldeado todo esto.
Más viajes a Japón en el mismo enlace.
5 comentarios:
Mesmo que não tenhas ido até lá, te interessaste em conhecer e até vivenciar algumas das experiências deles lá. Mas é mesmo impressionante a diferença de mentalidade e cultura!
Valeu! Gostei de te ler e quem sabe consegues ir um dia ver de perto tudo aquilo! abraços, chica
Hola Chica,
La verdad es que no tengo mucho interés en ir a Japón, si despierta mi curiosidad y me anima a leer sobre su historia y costumbres, pero prefiero algo más cercano donde pueda entenderme con la gente.
Un saludo
Olá, Chica!
A verdade é que não tenho muito interesse em ir ao Japão, se isso despertar minha curiosidade e me incentivar a ler sobre sua história e costumes, mas prefiro algo mais próximo, onde eu possa entender as pessoas.
Tudo de bom!
Hola, Luferura.
Yo tampoco he visitado Japón, ni creo que lo haga en esta vida. Así que me parece muy interesante este viaje interior imaginado, porque muestra mucho de lo que pensamos los occidentales de esta civilización. Yo siempre digo, que para entenderlo con un mínimo de fiabilidad tienes que haber vivido allí o haber pasado mucho tiempo entre ellos. Es una manera de pensar, de vivir, de sentir las cosas totalmente diferente a la nuestra.
Ha sido una buena introspección, porque creo que, como me suele pasar a mí, cuando intentamos comprenderlos a ellos, en realidad, nos estamos analizando nosotros.
Muchas Gracias por tu participación.
Abrazo Grande.
Hola José Antonio,
La verdad es que cuando leí que había que dedicarlo a la Tierra del naciente pensé en Valencia o Baleares, algo que cambió cuando seguí leyendo. Creo que tienes razón que ante estos viajes que no haremos lo mejor es viajar hacia nosotros mismos. Cre que aún viviendo con ellos sólo llegaremos a entenderlos si nos hacemos uno de ellos, algo realmente difícil con el bagaje cultural que se arrastra ya a una edad, pero siempre es posible comprenderlos y adaptarse. Lo diferente no es ni mejor ni peor.
Participar siempre es un placer.
Un saludo
Hola, Luferura. Me parece que has hecho el reto de una forma muy original con ese viaje interior. A mí sí me gustaría visitar Japón, también China y otros países asiáticos. He estado en otras partes del mundo (en España ya tres veces); quizá algún día lo haga. Me gustaría ir por ver cosas realmente diferentes a lo que estamos acostumbrados en Occidente. Yo creo que se idealiza un poco a Japón. La gente vive estresada por un sentido de deber productivo y, si sienten que no encajan, entra una vergüenza que puede llegar a ser incapacitante por fallarle a su comunidad. Es como dices en el relato, que lo zen está reservado para unos pocos. Aun así, creo que sería muy interesante conocerlos de primera mano. Me gustó tu propuesta, se lee con gusto. Saludos.
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