Las guerras del siglo XXI.
He conseguido este libro digital. Ana Esther Ceceña coordina este estudio de ocho capítulos y cuatro partes, además de la introducción. La primera parte es la presentación del libro y el primer capítulo, titulado “Las guerras del siglo XXI”. Escribe esta primera parte la coordinadora de la obra y en él intenta hacer un boceto de cómo son las guerras actuales. Como carácterística principal hay que señalar que la autora establece que las guerras actuales se libran en varios frentes. Hay numerosas referencias al libro “Guerra irrestricta” de los militares chinos Liang y XIangsui.
La primera parte, llamada “El capital de la guerra”, consta de un capítulo escrito por Raul Ornela y se titula “La corporación militar y su papel en la disputa del liderazgo ecónómico mundial”. Este capítulo se refiere a la industria militar y las empresas y su influencia en las naciones y la política.
La segunda parte, denominada “Guerras estratégicas”, describe tres guerras en tres capítulos:
“La guerra a distancia: el caso de Libia”, escrito por Adriana Franco Silva.
“La guerra en Siria: disputa hegemónica y luchas por la territorialidad”, escrito por Christian Jean Faci.
La tercera parte, que llava por nombre “Guerras en el vecindario”, se dedica a guerras no convencionales en dos capítulos:
“El rompecabezas de la guerra contra Venezuela”, escrito por Yetiani Romero Rebollo. Describe el enfrentamiento del gobierno venezolano contra sus enemigos, dirigidos según la autora por los Estados Unidos. Aporta este capitulo la descripción de las fases de las guerras actuales que vivimos en todo el mundo.
La cuarta parte, “Las guerras invisibles”, de un único capítulo titulado “Guerras no militares: sanciones, embargos y guerra financiera”, escrito por Alberto Hidalgo Luna, establece y describe otras formas de lucha.
El título puede engañar, dado que las guerras que contempla son anteriores a la Pandemia del COVID19, por eso se echan a faltar las guerras actuales de Ucrania y Oriente Medio (Irán, Gaza y Líbano).
El libro es un estudio muy completo, con varias referencias a pie de página. En mi opinión es tendencioso. Analiza la implicación e intervención en los conflictos de los Estados Unidos en particular y de Occidente en general. Quiero con ello decir que aborda el estudio de los conflictos habiendo tomado ya partido por un bando, lo que resta bastante rigor al análisis. Por ejemplo, en el capítulo dedicado a la guerra entre palestinos e israelíes, el combate se presenta entre un Israel muy activo frente a unos palestinos pasivos que no hacen nada y no reaccionan. Teniendo en cuenta el gran número de publicaciones estadounidenses y las muy pocas publicaciones de sus enemigos resulta fácil identificar la doctrina que siguen los primeros llegando a obviar la de los segundos. En general, se describen las acciones de un bando (“el americano”) y se olvidan las reacciones de los contrarios (los buenos, pero muy pasivos, según el libro). Falla, de nuevo en mi opinión, al presentar las guerras como un enfrentamiento entre buenos y malos. La mejor forma de estudiarla es sin pasión y buscando identificar aciertos y errores; estableciendo su desarrollo y las causas de las mismas. Esta división en buenos y malos nos hace olvidar que los hay en ambos bandos y sólo sirve para justificar barbaridades.
Aunque estén fuera de contexto, dejo las referencias menos tendenciosas que he encontrado interesantes y definen cómo son las guerras actuales. Algo que merece unos artículos aparte.
Como rasgo notable de estos tiempos, las guerras no solo transcurren en todas las dimensiones de organización de la vida y, por tanto, utilizan armas no bélicas en combinación con las que comúnmente se identifican como armas de guerra, sino que también adoptan modalidades muy distintas para adecuarse a los terrenos geográficos, históricos y sociales del objetivo a alcanzar. Difiere el fin perseguido: doblegar, aniquilar, generar situaciones de confusión y caos, instalar el pánico, o lo que en cada caso resulte más redituable en términos de los propósitos de la guerra. Se ponen en marcha técnicas que van siendo desarrolladas creativamente como respuesta a la envergadura de los desafíos y a las innovaciones de lucha, resistencia, evasión o contraataque del enemigo a vencer.
El mayor desafío en términos estratégicos consistió en asumir que la guerra no era un asunto de superioridad militar solamente, sino que tenía que ser jugada simultáneamente en todos los ámbitos relacionados con el ejercicio del poder.
Desde mi perspectiva, el concepto dominación de espectro completo refiere de manera muy precisa la amplitud y pertinencia del ejercicio del poder, sus estructuraciones y herramientas, pero no restringido al ámbito militar, como fue planteado por el Comando Conjunto. Yo observo que el tendido del poder, respondiendo a la complejidad social contemporánea y al desarrollo de tecnologías intrusivas, disciplinadoras y con capacidad de manipulación y espionaje, efectiva mente ha ido abarcando el espectro completo de los aspectos público y privado de la vida en sociedad. Nunca total, pero con un alcance que lo lleva a definir desde la alimentación y el entretenimiento hasta las actividades o procesos directamente relacionados con la guerra. La disuasión, que marca ese terreno en el que se gana la guerra, por intimidación o por fascinación, en campos de batalla no militares, es uno de los espacios clave en el arte operacional de este cambio de siglo.
...“guerras sin restricciones”, aunque su perspectiva se mantiene en lo esencial en la circunscripción militar, pero enfatizando el papel de la tecnología informática como arma de guerra privilegiada. Para los veteranos chinos, “la primera regla de la guerra sin restricciones es que no hay reglas, que no hay nada prohibido” (Liang y Xiangsui, 1999, prefacio).
La guerra que trasciende todas las fronteras y límites, en corto: la guerra irrestricta […] el significado de este tipo de guerra es que todos los medios estarán prestos, que la información será omnipresente y el campo de batalla será cualquier lugar. Significa que todas las armas y la tecnología pueden sobreimponerse a voluntad, significa que todas las fronteras entre los dos mundos de la guerra y la no-guerra, de lo military y lo no-militar serán totalmente destruidas, y también significa que muchos de los actuales principios de combate serán modificados, e incluso que las reglas de la guerra necesitarán ser reescritas. (Liang y Xiangsui, 1999, prefacio).
Si bien las guerras actuales suponen el uso de grandes portaviones, tanques, aviones, misiles y un acervo de grandes dimensiones y volumen, como en el siglo XX, el uso de la información y su transformación en arma de guerra ocupa hoy un lugar privilegiado.
... la guerra soterrada, reptante y difusa ocurre todos los días, en todos los territorios, para disciplinar, para subsumir y controlar y para disuadir cualquier tipo de fuerza corrosiva o desordenadora.
... la llamada Revolución de los asuntos militares, conjunto de modificaciones en la doctrina y en los modos de hacer la guerra que estableció:
1. El tránsito de las guerras convencionales de carácter interestatal hacia las guerras asimétricas o difusas, en las que el enemigo no es fácilmente identificable, se mezcla con la población civil y puede estar en cualquier parte.
2. La necesidad de crear y/o consolidar las ramas de las fuerzas armadas dedicadas a la llamada inteligencia y las operaciones especiales, denominaciones eufemísticas para las tareas de espionaje, tortura, secuestros, asesinatos y demás operaciones de guerra encubierta.
3. La reducción de personal de los principales cuerpos de las fuerzas armadas, en particular el ejército, favoreciendo los recursos aéreos y los armamentos de la guerra “quirúrgica” (Sloan, 2002).
La figura de conjunto que adquirieron las fuerzas armadas estadounidenses es la conjunción de dos artes de la guerra (warfare): la guerra preventiva y la guerra a distancia. El eje de esta nueva forma de concebir y practicar la guerra son las tecnologías de la información, que permiten recopilar, analizar y transmitir en tiempo útil las informaciones y los conocimientos necesarios para la toma de decisiones, así como la articulación de complejas infraestructuras de alcance global que permiten la ejecución a control remoto de operaciones militares.
De este modo, parte de la guerra asimétrica entre las fuerzas israelíes y la resistencia palestina se manifiesta en el control absoluto del espacio aéreo por parte de Israel y el dominio palestino de la guerra subterránea (Weizman, 2007, p. 253).
A raíz de que los dispositivos electrónicos de control y vigilancia en red se distribuyen por toda la sociedad, la vida urbana cotidiana comienza a estar mediada por un sentido de control constante. Por lo tanto, la búsqueda de control social funciona cada vez más a través de complejos sistemas tecnológicos que se extienden por zonas tanto temporales como espaciales (Graham, 2011a, p. 63).
La estrategia, defendida por el vicepresidente Joe Biden y John Mearsheimer, un politólogo de la Universidad de Chicago, implica el uso del poder aéreo, aviones no tripulados, fuerzas especiales, la CIA y, fundamentalmente, trabajar con las fuerzas nativas en lugar de comprometer fuerzas terrestres convencionales de Estados Unidos y sus aliados (Etzioni, 2012, p. 46).
Della Ratta ha desarrollado de manera muy amplia el proceso de militarización del espectro radioeléctrico desde Siria a través de la producción, la publicación y la difusión de representaciones e imágenes de la guerra, lo cual constituye una disputa en la que participan diferentes grupos (i.e. el EI, activistas de la sociedad civil, medios y gobiernos extranjeros, e incluso las élites del Estado sirio) y resulta en su articulación dialéctica con la violencia vivida en el territorio (Della Ratta, 2018).
Jennequin, por ejemplo, retoma la noción de Coercive Engineered Migration (CEM) para analizar la manera como el gobierno turco ha instrumentalizado militarmente (weaponized) el flujo de refugiados sirios que busca avanzar hacia Europa, con el objetivo de obtener beneficios por medio de la negociación con la Unión Europea (UE) (Jennequin, 2020, p. 2). Esta instrumentalización de la crisis de refugiados es interpretada por el autor como una táctica de guerra que utiliza Turquía como un Estado débil frente a la UE, y obedece a la apropiación de los discursos de la derecha europea que presenta al flujo de refugiados como un azote existencial para Europa (O’Hanlon, 2019).
Cada capa, etapa o nivel de la guerra tiene sus propias modalidades, temporalidad y agentes. La primera etapa, la de construcción de narrativa, es también la más importante, pues permea a las demás y se desenvuelve de manera permanente. Con lo que podemos identificar como una guerra mediática, empieza la construcción de la guerra propiamente dicha. Sin una narrativa o discurso que justifique la intervención no hay posibilidades de instalar una guerra, por lo que la narrativa está en constante proceso de construcción. Sus modalidades son el uso de noticias falsas, la manipulación de la información y el uso de un lenguaje especifico para referirse al Estado venezolano y su gobierno.
Tradicionalmente, las potencias occidentales mantuvieron el modelo de Clausewitz de que la guerra es violencia y de que sin acciones violentas, una nación no está realmente en guerra. Este paradigma simple encadena a los militares a una búsqueda miope de la guerra que quieren pelear en lugar de la que podrían presentar sus competidores. General Terrence J. O’Shaughnessy y Matthew D. Strohmeyer (2018)
La razón de ser de la guerra, señala el general Terrence O’Shaughnessy (2018), líder del Comando Norte de Estados Unidos, consiste en “producir un estado final, militar y político deseado”, es decir, la concreción de objetivos estratégicos de carácter geopolítico en espacios concretos, sea mediante modos militares o formas no explícitamente militares, donde se rocen “los bordes tradicionales de la paz y la guerra” (O’Shaughnessy, Strohmeyer, 2018).
Ambos estrategas plantean la necesidad de claridad del objetivo, es decir el efecto político deseado a partir del cual la estrategia debe adecuarse para superar a cualquier tipo de adversario en cualquier escenario operativo mediante capacidades cinéticas y no cinéticas “que se puedan aplicar para influir directamente en la selección de opciones del adversario” (O’Shaughnessy y Strohmeyer, 2018), potenciando sus acciones ahí donde mayores ventajas se puedan tener en la coerción del enemigo.
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