25 junio 2026

EL CUENTO DE LA MURALLA

 


Nos proponen nuestras amigas Patricia y Rosana, Rosana y Patricia, este jueves desde su blog “Artesanos de la Palabra” un reto al que han denominado “Detrás de la reja”, en el que nos invitan a escribir una historia sobre lo que puede haber detrás de unos barrotes. Yo he puesto ese enrejado en medio de una muralla para contar...

El cuento de la muralla

Antón Martínez de la Rubia vivía en un terreno inmenso delimitado por un muro. No carecía de nada en su tierra, disponía de todo sin tener que hacer un gran esfuerzo para conseguirlo. Pero esa muralla, alta y lisa en su totalidad, excepto una ventana enrejada, se erigía como un freno a su conocimiento. El ventanuco estaba alto, había que elevarse para ver a través de él y descubrir el paisaje de un espacio tan inmenso como del que disfrutaba. Nadie sabía quién hizo ese muro y ese ventanuco, pero ahí estaban, como retando para que derribasen al uno y para que atravesaran al otro. Antón los apodaba como “el desafío” y no podía dejar de preguntarse qué habría o quién viviría al otro lado.

Se propuso visitar periódicamente el ventanuco para otear el otro lado, gritar y escuchar. Para ello se hizo fabricar una escala y una plataforma. Ya había probado derribar el muro y era una tarea imposible. En contra de toda lógica, con el paso del tiempo la muralla parecía ser más fuerte y el ventanuco un poco más pequeño. Sus visitas habían aumentado y el tiempo que pasaba en la plataforma se alargaba. Pasaba los días mirando a través de la ventana, creando una tierra fantástica poblada de extraños seres que sus ojos creían ver y que su imaginación terminaba por dibujar.

Ya con escaso pelo de color gris, Antón pasaba la mayor parte del día en la plataforma, las pocas veces que contemplaba el paisaje de su lado del territorio creía ver los mismos seres extraños. Un día pasó a la acción. Acumuló las pocas fuerzas que le quedaban y avanzó a través del ventanuco. Se sorprendió al comprobar la facilidad con que atravesó los barrotes y se descubrió en una plataforma igual que la que él usaba para otear más allá de “el desafío”. El terreno que se abría ante él era exactamente igual que el que había en su lado del muro. Se dio la vuelta y vio el ventanuco enrejado. Tras los barrotes un señor igual a Antón Martínez de la Rubia le miraba con cara de asombro intentando atravesar sin éxito el entramado de metal que los separaba. No se oían; los dos hacían el mismo esfuerzo inútil.


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