La parábola de la tortilla.
Las dos eran buenas cocineras, pero ejecutaban las recetas de manera diferente. Quizás por este motivo decidieron no hablarse, pero se encontraron obligadas a trabajar en la misma cocina y dar de comer a los mismos comensales. Era ya conocido lo que pasaba con las tortilla de patatas cuando la hacían ambas.
Julita tenía la costumbre de hacer una buenísima tortilla, pochaba la patata con la cebolla y les echaba la sal, una vez cocinadas las vertía sobre los huevos batidos y las removía para que se empapasen bien con el huevo y vuelta a la sartén donde cuajaba una tortilla que, tras voltearla, resultaba deliciosa.
Asunción hacía una tortilla igual de buena, no había forma de apreciar la diferencia de la que había hecho Julita, pero la hacía diferente pochaba la patata y la cebolla, la sal la echaba cuando batía los huevos..
Pero cuando ambas hacían la tortilla ésta salía o muy sosa, sin ninguna sal, o muy salada, como no se hablaban no se decían donde estaba la sal. Los comensales habían asimilado ya que juntas no sabían hacer la tortilla de patatas, tampoco podían prescindir de una de las dos.
El cliente de toda la vida, ese que tenía la suficiente confianza para hablar con las dos, y que siempre se había comido la tortilla sosa o salada sin rechistar fue nombrado portavoz de los asiduos para hablar con cada una de ellas y saber cual era la causa de que no se hablasen y proponer alguna solución.
La conversación fue la misma con ambas, la discusión inicial y causa de su distanciamiento era que Julita decía que la sal se le echaba a las patatas mientras se pochaban mientras que Asunción decía que se echaba a los huevos mientras se batían. La única solución que había para que se volvieran a hablar era que Asunción echase sal a las patatas, según Julita, o que ésta echase la sal al huevo , según Asunción. Y mientras esto no pasase no se hablarían.
Y nunca pasó, los clientes siguieron evitando saborear una tortilla que siempre era o sosa o salada.
Y el que quiera entenderlo que lo entienda...
2 comentarios:
Pues es una pena. Un beso
Es lo que hay6, dos no discuten si uno no quiere.
Un saludo
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