01 octubre 2026

EL CUENTO DEL SUTIL DESTINO DE LAS COSAS QUE OLVIDAMOS

 


Nos convoca nuestra amiga Mónica desde su blog Neogéminis a un reto que ha denominado “Títulos extravagantes” y, aunque nos da a elegir, nos propone un catálogo de títulos. Me he quedado con el de “El sútil destino de las cosas que olvidamos”. Y me he propuesto también escribir un relato extravagante, en lo posible. Para ello he recurrido a uno de los primeros relatos que escribí con 16 años, maldiciéndome por no haberlo rescatado de la debacle que se produjo entre mis papeles cuando me fui a estudiar a Granada y que significó abandonar de mi hogar. Tengo que recurrir a la memoria en...

El cuento de el sutil destino de las cosas que olvidamos.

Se planteó una pregunta: ¿cuál es el sutil destino de las cosas que olvidamos? Había perdido la inspiración y no había forma de responder a la pregunta que se hacía. Quedó la cuestión como el título en una página por escribir.

Salió el poeta de su casa para encontrarse en su descuidado jardín. Entre todas las flores había un capullo de rosa que llamó su atención. Era una flor blanca, pero parecía celeste, y estaba a punto de explotar con el florecimiento. Se quedó extasiado contemplándola, pensando en su romanticismo, que era lo más perfecto de su jardín, de su casa, de su mundo y de su vida. La joven rosa había llenado su espíritu y le había sorbido el seso. Entusiasmado, entró en casa y quedó la rosa en su jardín.

Salió el poeta al día siguiente a contemplar su rosa, ya florecida,  confundiendo ese color blanco con el azul celeste. Se acercó el poeta embelesado y le declaró su amor. Pensaba que no se podía amar a una rosa, pero era lo más bello que había aparecido en su vida y lo más intenso que había sentido. Estuvo todo el día hablándole, haciendo planes felices. Llegó incluso a regarla con sus lágrimas y acarició sus pétalos con suavidad, casi hipnotizado por su fragancia. Pero la rosa permanecía indiferente a sus palabras y a sus particulares cariños. Es lo que tienen los amores imposibles. Decepcionado y vacío dejó a la rosa en su jardín.

Salió el poeta al tercer día y contempló su rosa ya apagada. Los pétalos se arrugaban. La flor que se alzaba con orgullo en el rosal se había inclinado, adquiriendo un aspecto triste y casi moribundo. Pese a la indiferencia del día anterior, sintió cierta tristeza el poeta y no halló consuelo pensando que nacerían otras rosas. Ninguna le provocaría los sentimientos que había originado esta.

Decidió abandonar su jardín como el que evita una fuente de desilusiones. Quedó la flor sola y el poeta convencido de que el sutil destino de las cosas que olvidamos era el mismo que el de su rosa: marchitarse. 




Más extravagancias aquí.

28 comentarios:

el oso dijo...

Bueno, qué reflexivo relato. Me dejaste revisando el texto y revisando las ideas que subyacen en él. Muuuuy bueno. Saludos

Campirela_ dijo...

Que bonito cuento, porqué no enamorarse de una bella flor como una rosa azul o de cualquier color.
Un cuento que encierra una muy bella metáfora dentro de esas líneas.
Un abrazo.

J.C. dijo...

Esas son las cosas que nota un poeta, ese entusiasmo por un objeto y el sufrir y vivir en post de lo efimero, siendo el poeta en si mismo tambien efimero como la flor.

chica dijo...

UAU, Leferura!
Emocionante, tocante tua história do poeta e essa rosa a cada dia... Ficou maravilhosa e nos faz pensar...Temos que gostar até delas murchas,rs...Mas assim não é!

abraços, tudo de bom,chica

Somos Artesan@s de la Palabra dijo...

Sin dudas él era un poeta, porque enamorarse de una rosa, ilusionarse y hasta derramar lágrimas por ella, sin dudas es porque es un romántico incurable y su deducción final, el destino: marchitarse, como muchas cosas en la vida.
Hermoso cuento LUFERURA, disfruté mucho de leerlo.
Un abrazo.
PATRICIA F.

Fox dijo...

Uma publicação assim, merece ser lida e relida.
É quase obrigatório parar e reflectir.
Parabéns!

Neogeminis Mónica Frau dijo...

Una metáfora enternecedora: lo que olvidamos se marchita y no sobrevive ni en un recuerdo. Gracias por sumarte Luferura. Un abrazo

Nuria de Espinosa dijo...

Buenas tardes Luferura.
En mi opinión la rosa se convierte en una hermosa metáfora de aquello que un día nos despierta ilusión y, cuando dejamos de mirarlo, termina marchitándose en el olvido. Me gusta como transforma una pregunta en una reflexión sobre el amor, la pérdida y todo aquello que dejamos atrás sin darnos cuenta.
Un abrazo y feliz fin de semana

Rebeca Gonzalo dijo...

¡Qué bonita frase de cierre para un relato lleno de ternura y belleza nostálgica! Aunque no he visto extravagancia en él, he sentido el amor y el desencanto del poeta en toda su plenitud y desde luego he disfrutado leyéndote.

Un abrazo enorme.

Roselia Bezerra dijo...

Amigo Luferura, boa noite de outubro!
Aplausos!
Muito poética sua prosa.
Gostei muito e reconheço que, aquilo que nos causa admiração, pode fenecer...
Tenha um final de semana abençoado!
Abraços fraternos

El Último de Filipinas dijo...

También las flores marchitas tienen su encanto.

LUFERURA dijo...

Hola Oso,
Muchas gracias por el comentario, me alegra que haya merecido revisiones y estudio de las ideas.
Un saludo

LUFERURA dijo...

Hola Campirela,
Muchas gracias por el comentario, el hecho de enamorarse de una flor me parece una extravagancia inocente. Me alegro que te haya gustado.
Un saludo

LUFERURA dijo...

Hola J.C.
El poeta es un romantico con todas las tormentas interiores y los sentimientos a flor de piel, también muy efímeros.
Un saludo

LUFERURA dijo...

Hola Chica,
Muchas gracias por el comentario y me alegro que te haya gustado y haya hecho pensar. Viene a ser una historia de mi juventud en la que la cabeza me daban muchas vueltas.
Un saludo

LUFERURA dijo...

Hola Patricia,
Muchas gracias por el comentario, creo que has captado muy bien lo que quería decir. Me alegra que lo hayas disfrutado. Es un relato de mi juventud, ya casi arqueológico, típico del romanticismo adolescente.
Un saludo

LUFERURA dijo...

Hola Fox,
Muchas gracias por el comentario, también agradezco que consideres que debe ser leído y releído y obligatorio reflexionar.
Un saludo

LUFERURA dijo...

Hola Mónica,
Muchas gracias por el comentario, en cierta forma, todo acaba marchito. Siempre es un placer participar.
Un saludo

LUFERURA dijo...

Hola Nuria,
Una buena percepción. También el mundo permanece ajeno a nuestros sentimientos, no sólo se marchitan ellos, nosotros también nos vamos marchitando.
Un saludo

LUFERURA dijo...

Hola Rebeca,
Creo que el enamorarse de una rosa resulta algo extravagante, aunque también romántico. Me alegra mucho que hayas disfrutado.
Un saludo

LUFERURA dijo...

Hola Roselia,
En mi juventud fue un poema, como no lo he podido rescatar, lo he tenido que escribir así. Me alegro de que te haya gustado.
Un saludo

LUFERURA dijo...

Efectivamente, pero tienen menos futuro que pasado.
Un saludo

Tracy dijo...

Yo como no soy poeta pienso que las cosas que se olvidan no sé marchitan, sino que vuelven a aparecer cuando menos se las espera.
Abrazos poeta, tú.

Toninho dijo...

Muito bonita historia mestre. Há nela uma poesia-prosa magnifica, como magnifica a rosa branca azulada. Amar a rosa e dedicar seu amor é romantismo dos poetas, mas como toda flor, ela murcha, morre. Mas que morra na roseira e não num jarro esquecido numa sala.
Muito bonita inspiração com enfase na proposta da Monica.
Merece aplausos.
Meu abraço e bom domingo de feliz semana.

ibso dijo...

Enamorarse de una flor cuando era tersa y joven y abandonarla cuando empieza a marchitarse.
Puede que sea como dices, que el sutil destino de las cosas que olvidamos sea marchitarse como esa flor.
Un saludo.

LUFERURA dijo...

Hola Tracy,
Todo tiende a marchitarse, pero si lo cuidamos tarda en hacerlo.
Muchas gracias.
Un saludo.

LUFERURA dijo...

Hola Toninho,
Muchas gracias por el comentario. Creo que tienes razón y que es mejor que la rosa muera en el rosal.
Un saludo

Olá, Toninho,
Muito obrigado pelo comentário. Acho que você tem razão: é melhor que a rosa morra no roseiral.
Tudo de bom.

LUFERURA dijo...

Hola Ibso,
Creo que seguramente sea así. En ocasiones el presente nos rebasa y debilita al pasado.
Un saludo