31 mayo 2026

SAMBA PA Ti

 Samba pa ti.

 


La oí por primera vez en la primavera de 1975, entonces se llamaba “Samba para ti”. La tocaba Carlos Santana en la guitarra; no se cantaba y tenía ese deje melancólico que invitaba al baile lento. No soy capaz de apreciarla en mucho más. Pero es una canción que me gusta mucho.

 Dicen que uno o una siempre recuerda su primer amor. No sé si con cariño o tristeza. Tampoco sé si como un buen recuerdo o algo desagradable. Creo que es verdad y digno de recordar. Después de todo, es la primera vez que uno deposita sus esperanzas en otra persona. En general coincide con la primera decepción para uno de los dos.

 “Samba pa ti” coincide con la primera vez que bailé “agarrado”, que no tiene por qué ser uno de esos recuerdos imprescindibles. No me gusta bailar. Y no lo he hecho muy a menudo. En aquella ocasión, ya superado mi primer amor, me acerqué a una de mis amigas y le pregunté: “¿Quieres bailar?”. Empezó a sonar la balada y empezamos a dar vueltas lentamente agarrados, que no abrazados, el uno a la otra, la otra al uno. Comenzamos hablando de cosas insulsas para ir hablando de cosas más serias y trascendentales en esos momentos. Tan serias y trascendentales que no me acuerdo cuáles eran.

 El estar agarrado a ella, tan próximos, me hacía sentir en un mundo especial. La conversación era agradable y estábamos a gusto. Vinieron otras canciones y seguimos bailando, o lo que fuese eso. La cosa no fue a más ni a menos. Seguimos viéndonos durante un año, salíamos con el mismo grupo de amigos. Nunca le pedí que saliera conmigo. Tras algún tiempo, un día dije “te quiero” y me encontré rechazado. Pasaron unos días en que no nos hablábamos hasta que ella rompió el hielo.

— ¿Cómo me quieres?— Me preguntó.

— Más que como amiga y menos que como novia. — respondí.

— A mí me pasa lo mismo. No quiero compromisos.

  Fue lo más denso de nuestra conversación. Más tarde me explicaría que el más que amigo significaba poco más, mientras para mí el menos que novia significaba poco menos. Llegó el verano y cada uno se fue con su familia. Tras el verano, y con el inicio del curso, el grupo de amigos ya no existía. Ella conoció a un chico, yo a otra chica. Nuestras vidas tomaron caminos diferentes y lo que podría haber sido una buena amistad quedó diluida entre la distancia y el tiempo.

 Cuatro décadas más tarde, por una de esas casualidades, un reencuentro con una amiga común, nos volvimos a encontrar. Tomamos una caña. Nos contamos en minutos nuestra vida de los últimos cuarenta años. Ella no entendía mi profesión, un equivalente a que no entendía mi vida, se permitió juzgarla. Me quedé callado. No me apetecía discutir. Nos despedimos, nos recomendamos cuidarnos; “que se te ve más estropeado” me dijo. Ella también lo estaba, pero mentí: “tu sigues casi igual” respondí.

 ¿Qué queda del que era con quince años? Ha habido muchos cambios. No sabría decir si buenos o malos. Pero a veces siento que lo único que no ha cambiado es “Samba pa tí”.

1 comentario:

Marcos dijo...

Tu escrito tiene un tono íntimo, nostálgico y reflexivo que funciona muy bien. Se lee como un relato autobiográfico o como un capítulo de memorias. No busca grandes giros ni humor; busca transmitir una emoción contenida y el paso del tiempo.
Usar “Samba Pa Ti” como elemento que une la adolescencia con la madurez es un recurso muy bonito y efectivo. La canción actúa casi como banda sonora de toda una vida
Saludos.