Regeneración democrática.
Ya saben el resultado de las elecciones de Andalucía y de sus corolarios. Me tomo la libertad de plantearme, una vez más, las dudas que me chirrían sobre el parlamentarismo actual. Y es que me sigue dando la impresión de que las diferentes opciones políticas que han concurrido en estas elecciones (en las anteriores y en las que vengan) no han obtenido escaños, sino puntos para futuras votaciones.
Insisto una vez más en que el parlamento, que debería ser la representación del pueblo soberano, se convierte en la representación de los partidos que usurpan la soberanía de los ciudadanos. Quiero con esto decir que los elegidos no representan a sus electores sino a los partidos en que militan.
Dicho esto, me gustaría plantear algunas preguntas para demostrarlo:
Si preguntásemos a los electores si eran partidarios de conceder esa amnistía a los golpistas. ¿Cuál habría sido el resultado de la encuesta? Probablemente la mayoría habría dicho que no.
Si volviésemos a preguntar a los electores si son partidarios de condonar una deuda adquirida por los malos gobernantes de una parte de España para que la asuman todos los españoles ¿cuál habría sido el resultado de esa segunda encuesta? Probablemente habría sido que la paguen los que la asumieron.
Si hiciésemos una tercera pregunta a los electores sobre lo que piensan de que una autonomía tenga un concierto especial sobre las cuentas que no contempla la Constitución. ¿Cuál sería el resultado de esta tercera encuesta? Probablemente también habría sido negativo, con la apostilla de que, aunque la Constitución contemple que dos regiones tengan este concierto especial, es un régimen injusto.
Podríamos hacer una cuarta pregunta a los electores sobre la opinión que les merece la okupación ¿Se atreverían a predecir el resultado de esta cuarta encuesta? Me imagino, por mi cuenta, que también la mayoría se manifestaría en contra.
Todo ello demuestra que el parlamento no representa a los que lo eligieron. Es más, hoy por hoy, el parlamentarismo se da un plazo de cuatro años para usurpar la soberanía del pueblo e imponer a los ciudadanos la voluntad de los partidos. En los parlamentos se discute, mayoritariamente, sobre unos problemas que los partidos políticos han creado y que no saben resolver. Los problemas de los ciudadanos, que tampoco saben resolver, son secundarios. España ha dejado de ser una democracia para ser una partitocracia.
Que el parlamento sea representante de los ciudadanos es el primer paso hacia la regeneración democrática. Ésta no pasa tanto por el “control de bulos”, o por la “administración” interesada del aparato judicial, ni siquiera por la colonización política de las instituciones, ni por conceder ilusorios “derechos de nueva generación”. Pasa por la representación de los diputados. El primer paso es poner punto final a la disciplina del voto, para que cada diputado pueda votar libremente sin someterse a su partido, expresando la opinión de los que representa, que no es la suya.
Un segundo punto de revisión parlamentaria, que va unido a la transparencia necesaria, sería el currículo de los parlamentarios. Saber qué méritos acumulan fuera del ámbito político. El que muchos hayan abandonado sus estudios y formación para dedicarse en beneficio de los réditos que da la política es un claro indicador de que se valora y premia más la capacidad de vender humo sobre la de trabajar en algo con la debida competencia. En el hecho de que sentarse a oír peroratas en un escaño del parlamento de turno sea una profesión y no un servicio. Leí ayer que Moreno Bonilla dejó sus estudios por la política y que fue presentado en la lista de diputados por Cantabria, me pregunté qué relación tenía el futuro presidente de la Junta de Andalucía con los ciudadanos cántabros que quería representar. Algo parecido sucedió cuando el general Julio Rodríguez, de Podemos, fue candidato en la lista de Almería. O cuando la señora Macarena Olona fue elegida en las listas de diputados de Granada. Ya hay una desconexión entre los electores y sus elegidos. Con esta conexión y esa falta de formación, resulta casi imposible que los segundos solucionen los problemas de los primeros. Es normal que se inventen y discutan sobre asuntos que son cortinas de humo.
Hoy por hoy, cada victoria electoral o política de un partido equivale a una derrota de parte de la ciudadanía. Algunos dirán que son los ricos, los fascistas, los perroflautas, los populistas, los vagos o cualquier grupo determinado. No se moleste en ponerle nombre; siempre hay un beneficiado y un perjudicado. Siempre hay más división entre los ciudadanos y más dependencia del partido de turno.
1 comentario:
Creo que es cierto que los partidos viven al margen de los problemas reales, porque no son políticamente correctos. Un beso
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