18 mayo 2026

SOBRE LA NATALIDAD

 Sobre la natalidad.

 


Leo en la Newsletter que me remite ABC, el siguiente texto:

La caída global de la natalidad ya no se explica solo porque las parejas tengan menos hijos, sino porque directamente hay menos parejas. Un extenso análisis del Financial Times, '¿Por qué las tasas de natalidad están cayendo en todas partes al mismo tiempo?', vincula el fenómeno con el impacto de los smartphones y las redes sociales sobre la vida sentimental y la socialización presencial. Según el diario, el desplome de la fertilidad forma parte de una tendencia más amplia de soltería, aislamiento y deterioro emocional entre los jóvenes adultos. En paralelo, The Economist describe el auge de los llamados 'passport bros': hombres occidentales que, gracias al teletrabajo, buscan en Asia o Latinoamérica parejas «más tradicionales» y obedientes, cansados -afirman- del mercado amoroso occidental. La nueva autonomía femenina aparece así como una de las grandes transformaciones culturales detrás del invierno demográfico, aunque resulte más cómodo culpar a los teléfonos.

Los enlaces a los que hace mención en el Financial Times y en The Economist requieren una suscripción que no tengo. Aunque podemos distinguir dos partes diferenciadas que explican la caída de la natalidad:
Primera parte, la culpa es de los smartphones y las redes sociales.
Segunda parte, la culpa es del feminismo y del empoderamiento femenino.

Descartes proponía descomponer cualquier problema en sus partes, que son problemas menores e ir solucionándolos para acabar con el problema general. Este método cartesiano se ha ido aplicando incluso antes de que naciera el filósofo francés. No siempre funciona, dado que hay problemas muy complejos. Sus causas son, a su vez, problemas igual de complejos e interrelacionados. Son soluciones a otros problemas o su solución puede causar problemas mayores.

Ya se sabe que mal de muchos consuelo de tontos, de forma que no es una satisfacción constatar que la caída de la natalidad es global. Y no creo que sea sólo por culpa de los móviles o de que a las feministas les haya dado por no tener hijos. Puede que ambas circunstancias influyan, pero hay muchas más.

En mi opinión un hijo acaba siendo una satisfacción, pero también es un cúmulo de problemas que absorbe nuestras atenciones, sobre todo cuando son pequeños. Luego nos damos cuenta de que firmaríamos por los problemas que ocasionaban cuando tenían cuatro años al compararlos con las inquietudes que originan durante su adolescencia. Cuando son adultos los desvelos que han causado se contemplan como una inversión en educación y formación. Las relaciones entre padres e hijos mejoran, aunque no siempre.

Somos víctimas de nuestro tiempo. Y fruto de nuestro presente es el que un diario trate de explicar la causa de un problema muy complejo, no en un artículo, sino en unas líneas. Tampoco somos una sociedad muy sesuda. Queremos la noticia rápida y, sobre todo, la opinión impactante. Nos decepcionamos en un mundo que no es como queremos que sea y que, más veces de lo que creemos, pensamos que se debe adaptar a nosotros en vez de adaptarnos a él.

Podríamos añadir muchas más causas que expliquen la crisis de la natalidad. Quizás un hedonismo exagerado; la falta de ilusión; el sentimiento de que le no le hacemos un favor al niño que traigamos a este mundo; la idea de que no hay que superpoblar mucho más este mundo; que los cuidados que debemos dedicar al niño van a afectar a nuestro potencial éxito profesional; y muchos más, entre ellos los móviles, nuestra dedicación a las redes sociales y el empoderamiento femenino. Añadamos también que podemos encontrar muchas excusas para no tener hijos.

Pero la paternidad es una aventura. Tan incierta como el mundo en que vivimos. Los niños pueden venir con un pan debajo del brazo, pero sin manual de instrucciones. Lo que funciona para uno, no funciona para otro. Las personas somos así y los críos son pequeñas personas. Son el futuro, así que nosotros sabremos qué futuro queremos hacer.

Reconozco que la visión del panorama actual, al ver cómo estamos haciendo las cosas, origina dos expresiones:
— ¡Qué mundo heredarán nuestros jóvenes!
— ¡Qué jóvenes va a heredar nuestro mundo!

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