Nos convoca nuestra amiga Rebeca desde su blog al reto fuego en las palabras del mes de mayo. En él hay que contar una historia que contenga estas tres palabras: juez (o jueza), león y tijeras. No debe superar el relato las 350 palabras, a mi me ha tomado 344, y lo he intentado en...
El cuento del caso extraño.
Nunca un juez se encontró con un caso tan extraño, casi absurdo. Por no saber, no sabía ni cómo llamarlo. “El caso del león calvo” no le parecía serio y no es lo mismo un “león sin melena” que un “león desmelenado”; las palabras son importantes. Pero era así. Un león se había quedado sin melena en un circo. No había arma del delito. Nadie fue capaz de encontrar unas tijeras con las que un posible imputado hubiese podido perpetrar ese delito.
No era lo más grave. El juez no sabía en este caso cómo administrar la justicia. Era absurdo tomar la declaración del león. Sólo emitía tímidos gruñidos que el secretario no sabía escribir. Tenía muchos problemas con el número de erres y la colocación de las vocales. Además, o no significaba nada o no lo entendían.
Lograron encontrar al director de pista del circo, que también era el domador. Decía en su declaración que tuvo que cerrar el circo cuando las autoridades prohibieron el espectáculo con animales. El león había nacido en cautividad, en el circo, y había vivido toda su vida entre barrotes. El director creía que era feliz enjaulado, pero que no era psicólogo de animales ni entendía los rugidos de la bestia. El cierre suponía colocar al león en algún lado, bien llevándolo al África o a un zoológico. Algo debió barruntar el león, dado que, cuando escuchó estas opciones (quizá no sabía hablar, pero sí entender) se le cayó la melena y se puso blanco. “Ha recuperado la color, pero no el pelo”. Terminaba la declaración.
Y siguió el juez sin saber como administrar justicia, declararon expertos en animales que se hacían llamar psicólogos de bestias, empleados del zoo, naturalistas que sabían de África y La Sabana. Hasta un peluquero que sabía de tijeras para esquilar melenas de leones. Y por fin, cuando dijo “visto para sentencia” el león ya había muerto, igual de calvo; el antiguo dueño del circo, ya inexistente, estaba pendiente de mandarlo al África o a un zoo, pero sin dinero para mantenerlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario