La conversación marciana.
Hecha la emisión de su sorpresa en la superficie marciana, John se encontró con un hombre más bien menudo. Llevaba una gruesa pelliza y un gorro que le cubría, ambos de color oscuro e indefinible. La imagen de ambos resultaba contradictoria, uno con traje espacial claro y el otro cubierto de la forma más normal.
— Perdone, señor astronauta — dijo el dependiente — me he tenido que ausentar a hacer una necesidad... ¿Quiere comprar algo?
— A estos precios, no.
— Parece que usted no sabe cómo han subido los precios allá abajo. Le recomiendo que se prepare para cuando regrese a la Tierra. Entonces sabrá lo que son precios altos.
— Usted, ¿qué hace aquí?
— ¿Es que no lo ve? Yo podría preguntarle lo mismo.
— Yo he venido comandando la misión espacial Ares V.
— Y yo he venido huyendo de la miseria.
— ¿Y no podría haber ido a algún lugar de la Tierra?
— De donde yo vengo ya va mucha gente, de cualquier manera. Incluso llegan a asaltar ciudades. Mis autoridades me tratan como si yo tuviera la culpa.
— Pues sí que han cambiado las cosas en dos años.
— Lo que he tardado en darme cuenta de que, hasta que lleguen a pagarme las pensiones, antes tengo que mantenerlos yo. Y yo que me creí ese cuento... mi pensión me la he pagado yo.
— Pero podría encontrar algún lugar en su ciudad.
— ¿Sabe usted, señor astronauta, lo que cuesta un alquiler? Marte es bastante más barato para vivir.
— Pero en un lugar tan inhóspito.
— ¿Inhóspito? Mire, señor astronauta, de donde vengo no puedes dar una vuelta por un parque sin ver una reyerta, alguien que te intente robar, otro que te intente vender droga o uno drogado a punto de morirse. El único lugar seguro sería una casa que no tengo.
— ¿Y cómo vive aquí?
— Tan mal como allá abajo, pero sin preocupaciones.
— Pero bueno, eso será porque vivía en un mal sitio.
— Mi país es de los mejores; si hubiese uno mejor, no me habría venido a Marte. En la Tierra ya no hay mucho dónde elegir.
— Hombre, yo vivo muy bien.
— Eso se cree... ¿Y por eso ha venido a Marte?
— No intente liarme.
— Ni usted consolarme. Si le digo cómo veo las cosas, dígame en qué me equivoco, pero no que me aguante. Eso ya lo dice el que manda en mi país. Y añade que lo llevemos lo mejor posible porque tendremos que acostumbrarnos.
— Y por eso ¿sólo se le ocurre poner un tenderete en Marte?
— No tenía otra cosa mejor que hacer. Tampoco es que tuviera muchas opciones; el emprendimiento en Marte no da para mucho. ¿Sabe? Señor astronauta, para ser mi primer cliente, habla demasiado y regatea poco.
— No tengo dinero.
— Pues ya sabe de mi situación.
— Así no vamos a ningún lado.
— Pues vuelva por donde ha venido, que aquí estaba yo antes.
2 comentarios:
¿Cómo es que llegó a Marté?
Eso debió preguntar.
Pero el vendedor mareaba con su charla.
Saludos.
Hola Demiurgo,
Es una pregunta clave que, me parece que queda en segundo plano cuando dice que ha ido huyendo de la desesperación, cualquier sistema es bueno. Dentro del absurdo lo que intenta decir el tendero es que la Tierra se está convirtiendo en un lugar en el que es difícil vivir.
Un saludo
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