21 mayo 2026

EL CUENTO DE LA AUSENCIA


Nos convoca este jueves en el reto nuestra amiga Campirela desde su blog. Se trata de escribir en un relato de no más de 350 palabras sobre los sentimientos que acompañan a la pérdida de un ser querido. Me ha llevado más de 350 palabras, pero si eliminamos nombres y apellidos nos ajustamos. He intentado hablar de esos sentimientos y su posible remedio en...

El cuento de la ausencia.

Cuando Agripino Álvarez de Campogrande nos abandonó, quedó un vacío muy grande. Su esposa, Malvina Ureña de Santos, intentó llenarlo con lágrimas, no lo consiguió. Su hijo mayor, José Agripino, que había recibido la llamada, intentó llenarlo con oraciones, pero el vacío siguió. Su segundo hijo, Francisco, intentó aliviarlo con aventuras y viajes; conoció gentes y mundo, pero el vacío no menguó. Su hija Malvinita, la menor de los hermanos, intentó cubrirlo asumiendo el cuidado de la casa y la familia, pero el vacío continuó existiendo.

 Mientras una lloraba, otro rezaba, otro viajaba y otra limpiaba, pensando en la ausencia de su marido y padre, la familia estaba dejando de existir diluyéndose en ese vacío.

 Descansando de las tareas de casa, Malvinita descubrió que su madre no dejaba de llorar. No había sido capaz de darse cuenta. Había estado procurando un imposible: que su padre siguiese con ella. Se avergonzó de no haber intentado consolar a su madre.

 Con la excusa de haber recogido la casa, llamó a sus hermanos para ver qué se conservaba de lo considerado inservible. Llegaron sus hermanos y se reunieron con ella, su madre y un montón de trastos. Comenzaron a revisarlo y a discutir.

 — ¿Cómo vas a tirar la estilográfica de papá? — Preguntó Francisco — ¿Te acuerdas de la carta que escribió y firmásteis todos cuando hice mi primer viaje?

 — ¿Y quieres deshacerte de la Biblia de papá? — Inquirió José — Me gustaría leer las anotaciones que dejaba papá en ella. Planteaba más dudas que convicciones.

 — Yo no regalaría esa corbata, es la que vistió en nuestra boda y vuestros bautizos — Terció doña Malvina — Decía que le gustaba llevarla en las ocasiones felices.

 Desgranar cada objeto era evocar la figura del padre, era estar un poco más unidos. Esa unión era la que iba llenando poco a poco el vacío. Fue cuando comprendieron que Don Agripino les había dejado la familia. Cuando Malvina dejó de llorar y sonrió a sus hijos desapareció su vacío. Lo mismo pasó cuando José dejó de rezar y sonrió a sus hermanos, cuando Francisco aplazó su viaje para disfrutar de su familia y cuando Malvinita aparcó las labores del hogar para compartirlas con la familia.


Más ausencias en el mismo enlace.

Nota. Pero si se trata de expresar sentimientos más íntimos y personales, dedique a mi hermana tres entradas cuando este blog empezaba a marchar, hace ya mucho tiempo. Si quieren, pueden leerlas aquí:

Elegía (1) 

Elegía (2).

Elegía (3).


1 comentario:

Campirela_ dijo...

Muchas gracias por tu participación.
Un cuento que nos viene a decir, que Blas ausencias nunca se suplen se viven con ellas.
Hay que saber que quien se queda su vida continua, y hay que también consolar y no aislarse , ello no facilita esa ausencia , al contrario puede desembocar en algo peor.

Muy bien ese final apoyándose los miembros de la familia.
Un abrazo y muchas gracias.