La Ley de Murphy (I)
¿Qué nos enseña?
Edward A Murphy era un ingeniero aeroespacial que trabajaba en un proyecto de resistencia humana a las fuerzas G, para ello se utilizaba un cohete, durante una de las pruebas hubo un error humano con el consiguiente fracaso de la misma, a lo que el ingeniero comentó refiriéndose a su asistente: "Si tiene una forma de cometer un error, lo hará". Posteriormente en una reunión de trabajo este juicio personal se transformó en una sentencia generalizada que decía "Si puede ocurrir, sucederá", se le denominó Ley de Murphy como una gracia. Hay otras versiones, el hijo de Murphy, Robert, nos asegura que lo que dijo su padre fue algo parecido a "Si hay más de una forma de hacer un trabajo y una de ellas culmina en desastre, alguien lo hará de esa manera". Nos referimos a las conversaciones originadas por unos experimentos realizados entre 1947 y 1949. En 1952 se publicó la frase "todo lo que pueda ir mal, pasará" en un libro de John Sacks. Se ha ido transformando y la que actualmente se admite es la que enuncia Arthur Bloch en su libro en clave de humor La Ley de Murphy: "Si algo puede salir mal, saldrá mal" y de tan escueta frase se puede desarrollar más de un libro de corolarios, leyes derivadas y diferentes asertos y afirmaciones. A pesar de que es un libro en clave de humor, tiene sentencias tan demoledoras como "Se pueden hacer programas a prueba de tontos, pero nunca a prueba de ese maldito tonto".
En seguridad en vuelo se tiene muy en cuenta esta ley y cuando se habla de prevención es esencial tenerla en cuenta. En estos casos se aborda seriamente y sin muy poco margen para el humor. Es cuestión de probabilidades, por ínfimas que parezcan, acaban sucediendo. Si usted juega al parchís más de una vez se habrá tenido que ir a casa por sacar tres seises seguidos, una probabilidad de una entre 218, significa que si usted tira el dado tres veces seguidas 218 veces, en algún momento sacará tres seises seguidos y tendrá que ir a casa. Es inevitable, de forma que se hace necesario depender lo menos posible de la suerte, se requiere tener preparadas acciones alternativas que minimicen las consecuencias.
En sí, un accidente o una emergencia es el producto de una serie de fallos que pueden coincidir a la vez o en cadena. El que se evite uno puede impedir el accidente. Por lo tanto la ley de Murphy debe aplicarse en cada componente o en cada uno de los protocolos de las actividades realizadas. Es cíclica y tediosa pero con ello se consigue que lo que pueda pasar, y como puede pasar pasará, se alargue en lo posible y que se esté preparado para cuando pase y se minimicen sus efectos.
Obliga a contemplar las circunstancias desde un punto de vista pesimista, no es que las cosas puedan ir mal, es que todo puede ir tan mal y mañana podrá ir peor. Se trata de evitarlo.
En todo caso queda muy claro que la Ley de Murphy puede aplicarse y existir de cara a la técnica, la prevención y la seguridad. Siempre hay quien vigila las carencias y debilidades de una organización y aparato precisamente para averiguar que es lo que puede ir mal y acelerar ese empeoramiento. Atendiendo a esta vigilancia casi podríamos asegurar que la Ley de Murphy debe considerarse en otros aspectos sociales, institucionales y políticos. Habría que estudiarlo.