27 agosto 2026

EL CUENTO DE LA MIRADA


Nos convoca este jueves nuestra amiga Mónica desde su blog Neogéminis a un reto que ha denominado “Mucho más que una mirada” en el que se trata de escribir en unas 350 palabras de centrarse en el poder de las miradas y el poder que tienen sobre nuestras acciones y pensamientos. Lo he dejado en familias en…

El cuento de la mirada.

A Don Isaac Martínez del Abedul se le abrió dos palmos la boca cuando vio por primera vez a su hija. Cada vez se le iba cayendo más la baba, cada vez más abundantemente cuando su hija empezó a mirarle. Creyó leer en sus ojos un interrogante, una pregunta que le hacía sin saber hablar, necesitaba orientación y saber dónde estaba. En ese momento era la mirada ignorante de una pequeña criatura ávida de aprender. Creció un poco más y Don Isaac creyó ver en la mirada de su hija el deseo de acudir a él, daba sus primeros pasos y se sentía como un objetivo y como un asidero para la seguridad de su niña. En ese momento la mirada era más alegre y, sobre todo, ilusionada ante un mundo que se abría ante ella. Cuando se hizo más mayor la mirada se hizo más zalamera, más artificial y como más fabricada. La niña sabía cómo mirar al padre y hacerle sentir querido. A Don Isaac se le seguía cayendo la baba al ver esa mirada aunque sabía de lo artificioso de la misma, las miradas de su hija le provocaban también una profunda tristeza. Se sabía objeto de manipulación y sentía que su hija, al hacerse mayor, se iba apartando de él.  “Estoy criando un monstruo”, se dijo.

Y llegó la adolescencia… la mirada de su hija mutó. Parecía de franco reproche, de continua disconformidad. Se sentía como el enemigo, más aún cuando le marcaba una hora de llegada. La mirada era retadora demostrando que siempre estaba dispuesta a discutir por todo para demostrar su independencia. Daba a entender que, cualquiera que fuese el tema, nunca estaría de acuerdo con él. Don Isaac ya no se derretía con su hija, notaba un vacío entre ellos cada vez mayor.

— He creado un monstruo — dijo a su mujer.

— No te preocupes, ya cambiará, siempre ha ido cambiando y todos hemos pasado por la misma edad, tienes que poner de tu parte — le respondió.

Entonces Don Isaac se sosiega un poco y medita brevemente. Quizás, se dice, la mirada de su hija siempre ha sido la misma y él la ha ido interpretando de forma diferente, no sólo ha ido cambiando su hija, también ha ido cambiando él.


Más miradas aquí.

 

2 comentarios:

Susana Moreno dijo...

Un buen relato de las fases de los hijos. Un beso

Mujer de Negro dijo...

Es un proceso evolutivo; y toca también hacerlo para seguir unidos.
Abrazo