“Tradwives” o la imposición ideológica.
Me ha llamado la atención un artículo de Mamen Sala que publica La
Razón y que lleva por título “¿Qué es el voto del hogar que defienden las “tradwives”?”
Las” tradwives”, palabra que acorta el
término traditional wives (esposas tradicionales), son un conjunto de
influencers que defienden una visión clásica de esa esposa que tiene la casa
limpia, la cocina impoluta , prepara una comida deliciosa que está lista para
ser consumida a mesa puesta cuando los niños y su marido vienen del trabajo. Viste además como
una reina, siendo el alma de la casa y de la familia, lo más
representativo de la misma. Defiende una vida dedicada a su familia y hogar en
la que el representante, amo y señor es el marido, el cabeza de familia.
Propone la modificación del sistema electoral en el que se cambie la fórmula
una persona - un voto, por el de un hogar – un voto que, por supuesto,
depositará y decidirá el cabeza de familia.
Me imagino que la influencer de turno y todas que defienden este
ideario estarán autorizadas por sus maridos. No sé hasta qué punto sobra tiempo
para atender a una actualización periódica de un espacio en la web o para dejar
el hogar de su vida y asistir a un congreso de mujeres sin maridos (¡nada
menos!) que postule este ideario. Se me antoja una contradicción, salir de casa para defender estar en
casa y con la pata quebrada.
Cada uno piensa como cree y, se supone, desea lo mejor para sí y
sus semejantes. Si una esposa y sus maridos son felices con este tipo de vida
son muy libres de vivirla así. Aunque hay que agradecerles que deseen la misma
felicidad para los demás, es reprochable que quieran que los demás vivan esta
vida. Deben considerar que la felicidad impuesta no tiene por qué ser felicidad
y que probablemente la sociedad feliz nunca va existir.
En este mundo hay sitio para todo, cada uno puede vivir la vida
que considere conveniente respetando las decisiones de los demás para con su
vida. Es de nuevo la idea de imponer la sociedad que quieren a todos los que la
forman. Esa manía de obligar a hacer lo que me gusta y prohibir lo que no me
gusta.
Hay ejemplos positivos que muestran la viabilidad de una
alternativa, ahí tienen a los amish que han decidido congelarse en el siglo
XVIII y viven su vida sin imponérsela a nadie. También tienen a los monjes y
monjas que han decidido llevar una vida contemplativa sin obligar a los demás
a hacerlo. Su elección no es la de todos.
Por el contrario tenemos otros ejemplos más perniciosos, los que
quieren prohibir los toros, prohibir fumar pero autorizar la droga, los que
quieren prohibir rutas aéreas y obligar a trasladarse en tren. Los que quieren
prohibir los coches en las ciudades y los que quieren imponer una vida sana
para que los ciudadanos disfruten de la altísima calidad de una vida amargada.
Posiblemente no seamos muy conscientes de que la sociedad va
imponiendo usos y limitaciones. Es la marcha de la historia, cambian los tiempos
y cambian las costumbres. No es bueno intentar acelerar el motor de la
sociedad, pues siempre se dará la excusa de frenarlo, al final se vivirá como ella establezca. Los influencers y grupos de
presión vienen a ser como parásitos que obtienen un beneficio de los que siguen
una ideología.
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