Atiendo otra vez al reto de Sylvia, sé que no es normal responder con dos textos, pero hubo dos propuestas que me llamaron la atención. El segundo inicio que me llamó la atención pertenece al libro “El matrimonio de Vizenza” (The Marriage Portrait) de Maggie O’Farrell, aunque la obra se desarrolla en el Renacimiento he decidido darle un argumento más actual y desenfadado en...
El cuento de la suposición
"Ella se sienta a la larga mesa del comedor, tan pulida que reluce como el agua y cubierta de fuentes, tazas invertidas y una coronita de ramas de abeto trenzadas. Su marido ocupa una silla, pero no en su sitio de costumbre, en la otra punta, sino a su lado, tan cerca que podría apoyar la cabeza en su hombro si quisiera; él desdobla la servilleta, endereza un cuchillo, acerca una vela y de pronto, con una claridad particular, como si le pusieran un cristal de color ante los ojos, o tal vez se lo retiraran, a ella se le ocurre que tiene intención de matarla..."
La sensación de encontrarse en peligro cede al mal presentimiento de que un disgusto se cierne sobre ellos. La forma de enderezar el cuchillo no es la de un hombre que esté dispuesto a matar. Acercar la vela demuestra claramente que necesitaba llamar la atención. Que se haya acercado tanto a ella es una incógnita.
Los años que han pasado juntos hacen que se de cuenta de lo que pretende su marido. Si se ha colocado tan cerca y se ha acercado la vela es para que ella se fije mejor en él. También parece que quiere apoyar la cabeza en su hombro. Le nota absurdamente débil.
—¿Te encuentras bien?
— Tengo mal cuerpo, creo que tengo fiebre.
— Estás un poco caliente, tendrás algunas décimas. Come algo.
— No tengo ganas. Me cuesta trabajo tragar y respirar.
— A ver si vas a tener algo de gripe.
— Seguramente, pero no algo, sino mucha gripe. Me encuentro muy mal.
— ¡Pobre mío! De mal cuerpo a encontrarse muy mal.
— Sabrás tú de mis dolores.
— ¿Sabes tú de los míos?
— Ya me gustaría verte a ti en mi estado, querida.
— Ya me gustaría verte a ti en esos días del mes. O teniendo un hijo.
— Yo he tenido que trabajar enfermo.
— ¿Te crees que la casa se hace sola? Ni te has enterado de cuándo la he limpiado, te he hecho la comida y te he recibido con una sonrisa, todo estando enferma. Pero hoy estás malito y se va a acabar el mundo. Sólo hay una cosa más insoportable que un hombre enfermo, un marido enfermo.
— Mira, me encuentro tan mal que no tengo ni ganas de responderte.
— Es lo adecuado. Por esos derroteros mejor no ir. Vas a cenar un caldo bien caliente, no pongas caras, te vas a ir a la cama y vas a sudar la gripe. Mañana se habrá pasado todo.
— ¿No vas a llamar al médico?
— Si mañana no has mejorado, iremos a urgencias... Y apaga esa vela que te vas a quemar.
— Es que quería que me vieses mejor.
— Las bombillas led con brillo son más que suficientes. Mira, te quiero mucho y aguanto que te pongas malo. Pero, por favor, no te pongas tonto. Venga, un beso y a la cama.
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2 comentarios:
jajajaja muy real... esos dolores de "los enfermos" son siempre tremendos (siempre hablando en general, claro, no se me ofendan). Ahora mismito va el enlace. Gracias de nuevo por la participación doblemente ;)
Has pasado de un drama a un sainete. Un beso
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