¡Qué Barbaridad!
En el cada vez más lejano año de 2002 Jaime Urrutia, en solitario, lanzó esta canción. Su ritmo alegre y su tono desenfadado nos da una falsa sensación de canción intrascendente. Pero no es así. Creo que a cada oyente le puede sugerir muchas reflexiones.
Lo que pasa en este mundo, cada vez más pequeño, es inabarcable. Cada uno decide con lo que se queda y a lo que atiende. Cuestión de prioridades. Lo que más llama la atención es lo que tenemos más cerca - ¡Menuda jaca! ¡Menudo patán! - y lo que más nos afecta - que no me quieras ¡Qué barbaridad! - según nuestra escala de valores. o pareceres que, a veces, ni eso.
Quizás la verdad más gruesa que nos cuenta la canción es que hay un mundo en cueros paseando por delante. Creo que tardamos en darnos cuenta de lo que ello significa. Somos testigos de lo que pasa y deberíamos tener la formación suficiente para que no nos expliquen cosas que no necesitan ninguna explicación. No hacemos historia, eso es muy difícil, pero somos testigos de ella. Despreciamos lo vivido sin dar la importancia que tiene.
Hay datos que no son, propiamente dicho, historia. Entran dentro de la anécdota y la curiosidad. Aparecen como por casualidad. Mi abuela coincidió siendo niña con Pío Baroja, vivía en Irún en una época en que todos sabían de todos. Cuando le comente que me gustaba mucho leer sus novelas ella me comentó que Pío Baroja era un señor solitario que siempre estaba de mal humor. Mi suegro también conoció García Lorca, cuando le dije que me gustaba lo que escribía lo tachó de “un señorito niño mimado de papá”.. Mi otra abuela, casada con uno de los primeros pilotos de la aviación militar, me contaba muchos chismes de los aviadores que hoy son famosos y no tenía muy buena opinión de Ramón Franco. Queda en el marco de las anécdotas, ahora me arrepiento de no haber preguntado más. De todos quedan sus obras, que son las que dan calidad a su persona, son la historia.. Un amigo de la familia combatió en la guerra civil, pasó miedo y participó en grandes batallas (por lo menos en Brunete y el Ebro) me imagino que mataría y vio morir a alguien entre los tantos tiros que disparó y el mucho miedo que pasó. Siempre me habló de sus enemigos con respeto, los concebía como alguien que, como él, estaba puesto ahí para vencer a los que estaban enfrentados a ellos.
Me doy cuenta ahora de que ellos fueron testigos de su mundo, pero no le dieron mucha más importancia a su experiencia que lo anecdótico de todo ello. Creo a muchos de nosotros nos ha pasado lo mismo. No hemos hecho historia pero la hemos vivido y despreciado. Sólo así se explica que un individuo que nació en 1978 me quiera explicar como fue la Transición que yo viví. Y sólo por esta razón un político que nació en 1972 me quiere explicar lo mucho que sufrió en el franquismo. Hoy somos testigos del hecho que una caterva de niñatos, y no tan niñatos, que no vivieron el fascismo y no saben lo que es, acusando de fascista a todo el que pueden. Me están contando la importancia y mérito de la misión Artemis II, cuando viví la del Apollo VIII, la primera vez que el ser humano escapó de la órbita terrestre y se hizo un viaje espacial. No desmerezco a la primera, pero no deja de ser una repetición de la mencionada Apollo VIII, aderezada además con un problema de retretes..
En fin, que somos testigos de muchas cosas y hemos vivido otras muchas que no necesitamos que nos lo vengan a explicar. La vida viene a ser eso que pasa mientras nosotros vivimos. Si pudiésemos contar todo lo que sabemos... ¡Sería una barbaridad!
1 comentario:
El problema es que algunos nunca contaron su versión y otros se la inventan. Un beso
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