Lo público.
Estamos viviendo en un momento en que no dejamos de recibir una propaganda hacia lo público. Nos hablan de la excelencia de la sanidad pública, nos recomiendan el transporte público y no desan de recomendar la enseñanza pública. Hay más cosas públicas, la red de carreteras, la red eléctrica o correos. Hay otras que podríamos denominar mixtas, la propiedad es pública pero la gestión es privada, el suministro de agua y la sanidad en algunos lugares.
Hay muy progresistas que defienden que todo debe ser público, especialmente los servicios. Defienden la desaparación de lo privado para garantizar la excelencia de un servicio que, por otra parte, sería único. Cantaba Sabina en la canción “Pongamos que hablo de Madrid” que “la vida es un metro a punto de partir”. Podríamos decir ahora, en lo que se refiere al transporte público que la vida es esperar a que llegue un tren y esperar dentro del tren a que llegue a un destino... sin consecuencia alguna que no sean las que provoque el retraso del usuario. También la vida puede ser trasladarse en un autobús atestado. La red eléctrica es un buen ejemplo de que en una empresa pública el fallo de un servicio que se debe de prestar no tiene ninguna consecuencia, hace un año del apagón y los responsables no saben qué pasó. La sanidad pública resulta ser la joya de la corona, es un arma arrojadiza utilizada por el político de turno para denunciar largas listas de espera, cualquier lista de espera es larga. La sanidad privada alivia a la pública, no es mucho peor o mucho mejor. Pero, como siempre, los extremistas son partidarios de eliminarla y castigarla con impuestos. Respecto a la enseñanza pública, los informes PISA la reducen en calidad año tras año, se gana una mala fama de adoctrinar. Ninguna de las universidades españolas, públicas o privadas, está entre las cien mejores del mundo.
La principal diferencia entre lo público y lo privado es que lo público soporta las pérdidas y permanece a pesar de su posible mala gestión. Otro de los defectos es que lo público es un arma política por la que se justifican malos resultados y malos servicios. Y lo que acaba siendo la pero conclusión tras la aseveración de una ministra de que "lo que es de todos, no es de nadie" implica que aunque paguemos lo público, resulta algo ajeno sobre lo que no podemos tener opinión ni participacipación en su gestión.
La falta de explicación sobre en qué se gastan nuestros impuestos, que han aumentado mientras se han congelado los presupuestos. Hace pensar que estamos pagando unos servicios e infraestructuras públicas a precio de oro. Las colas de inmigrantes que estamos viendo demuestran también que la administración pública deja que desear.
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