The great pretender
Es una canción electoral. En 1955 el grupo de color The Platters lanzó al mercado esta canción. Quizás no les suene mucho este grupo. Pero han colocado canciones muy famosas (“Only you”, una de ellas). The great pretender ha sido cantada por otros cantantes, la versión de Elvis Presley resultó ser un bombazo, pero la de Freddie Mercury me parece épica. Para gustos los colores y la música. Lo único que cambia en las tres versiones es la cadencia y la voz. Los arreglos no son apreciables. Les dejo la versión original, la de Elvis y la de Freddie Mercury. Espero que las disfruten.
Respecto a la canción, la letra es la siguiente:
Como pueden comprobar, la canción está narrada por un farsante ¿arrepentido? Quizás la primera prueba de su arrepentimiento sea admitir lo que es. Deja a juicio del oyente la causa de esta confesión. Puede ser el hartazgo, la vergüenza, un momento de bajón o que se haya enamorado, por ese final de “fingiendo que todavía estás aquí”. También queda la posibilidad de que, denunciándose como farsante, esté timando al que escucha la canción.
Estamos en una época, las elecciones, de farsantes y cantos de sirena. Todos nos van a intentar embaucar con lo bien que lo van a hacer y lo mal que lo van a hacer los demás. En definitiva, un juego de buenos (nosotros), malos (los otros) y menos malos (los que nos pueden ayudar). Sería bueno tomar nota. El buen pedigüeño intenta explotar su desgracia. No apela a nuestro razonamiento, sino a nuestros sentimientos.
Y si de sentimientos y emociones se trata, van a recurrir al miedo y a la esperanza. Van a intentar que votemos con las tripas y no con la cabeza. Se basan, fundamentalmente, en ese dato que dice que decidimos el voto a última hora. Cosa que estaría bien si la decisión fuese el producto de un análisis. La verdad es que aportan promesas y los votantes nos guiamos más por lo que escuchamos de oídas que por lo que leemos.
En fin, entre gritos, abucheos y desórdenes, la campaña sigue sin haber empezado todavía. Y todos, en cada declaración, en cada acto, fingen que todavía se preocupan por nosotros.











