Nunca nadie dijo que la vida era fácil, pero tampoco hubo quien dijese que era difícil. La verdad es que, despues de muchos años - o no tantos. es relativo - hay que ir descubriéndola pasa a paso. Uno nunca se plantea que su hijo se tenga que ir a trabajar fuera hasta que se va y notas su cuarto vacío una ausencia que sólo llenaba él, con sus cosas buenas y malas, estaba contigo dándote disgustos o alegrías. Al final, por ley de vida, sigue su destino.
Posteriormente, cuando tu hija mayor decide vivir su vida de forma más independiente de lo que lo hacía hasta ahora, notas un hueco todavía mayor, que también te sorprende, pero que duele un poquito más porque ella, o él, la mayor ha sufrido tus equivocaciones, esas que queriendo ser buen padre no lo has conseguido ser. Un día descubres otro hueco en tu vida, la casa un poco más limpia. pero más vacía. La ves que se va feliz, con la ilusión del que empieza una nueva vida y uno sucumbe ante la idea de que lo que pesaba dos kilos y medio y medía medio metro ahora es una mujer que se va, que hace lo mismo que tu hiciste hace mucho tiempo siguiendo las leyes de la vida.
Sólo me queda desear felicidad a mis hijos tras concederles el derecho de acertar o errar, en cuanto a su padre, esperar que, de vez en cuando, le dediquen un pensamiento o, mejor aún, un sueño.