08 octubre 2008

CON EL CLERO HE VUELTO A TOPAR

Soy católico, apostólico y romano desde que nací, lo cual no tiene gran mérito porque no me dieron a elegir. Creo que gano algo de mérito cuando digo que soy creyente convencido, lo que es una opción muy personal, y lo pierdo de nuevo cuando me declaro mal cristiano. De forma que pienso que si siguen leyendo tendré que ser perdonado por todos, cristianos y no cristianos, ateos y creyentes. A todos pido perdón... menos a los aludidos.
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El caso es que, por razones de trabajo, hoy me he encontrado intentando trabajar con cuatro prelados, uno de ellos arzobispo; dos curas con los que tenía, que ya no tengo, cierta amistad; y otro que entenderán más tarde porque lo llamo así. Y todo viene porque el arzobispo tenía que dar una misa tempranera, de forma que tuve que llegar unos minutos antes al trabajo para controlar que todo se iba a desarrollar según lo previsto y estaba preparado. No es que fuese el maestro de ceremonias, pero si el amo de los bastidores.
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Cuando me acerqué a la capilla para ver que todo iba bien, estaban mis dos conocidos y el otro. Creo que metí la pata, aunque no tengo claro porqué, pero quizás alguien sea capaz de aclarármelo. Y es que cuando los vi en la sacristía deseé "Buenos días". No tengo claro si mentí porque no eran tan buenos, estaba nublado y con amenaza de lluvia, o no era todavía de día. El caso es que me encontré a mis dos conocidos y al otro mirando a mi persona, pero mudos. Después volvieron a su conversación, como si uno fuera invisible. Lo cual me hace pensar varias posibilidades:
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- La Iglesia tiene un servicio de espionaje de narices y saben todos mis pecados.
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- Hice algo que no debía, pero me gustaría saber qué.
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- O los tres sacerdotes estaban perdiendo algo por agradar al arzobispo.
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El caso es que si perdieron algo tardaron en encontrarlo porque cuando llegó el arzobispo sólo estabamos mi jefe y yo esperándolo, la trinidad llegó más tarde apartando a los que había entre ellos y su arzobispo (que ya no es mio). El arzobispo tuvo el detalle de estrechar la mano (o darla a besar, no me acuerdo muy bien) de mi jefe. A este servidor de ustedes ni los buenos días, literalmente. O sea que de los cuatro hombres de negro ninguno fue capaz de desear buenos días, no tan siquiera saludar, parece ser que las bendiciones resultan caras en los tiempos de crisis.
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Creo que si los cuatro hombres de negro se visitiesen de rojo obtendríamos a cuatro personas parecidas al Inocencio X de Velazquez, anclado a su trono, digno pero sin afabilidad con un rostro que invita a mantener las distancias... Y precisamente es de eso de lo que se queja la Iglesia, de que los feligreses se distancían, que no quieren nada con Dios y, como ha pasado a lo largo del siglo XX, se equivocan, los creyentes nos estamos distanciando de la Iglesia (y gracias a los prelados y sus actitudes) a la vez que cada vez pongo más en duda no sólo su capacidad e idoneidad como representantes de Dios, sino también su necesidad. Hay veces que creo que Dios no sabe a quien tiene empleados.
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Respecto a lo del otro, es un caso realmente especial, no dijo quien era, fue incapaz de presentarse a nadie y en todo el rato que estuvo sólo le vi hablar una vez... con un teléfono móvil.
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3 comentarios:

Fernando Solera dijo...

Es que hay muchos de los que tú mencionas que se creen Dios, pero Dios está en todas partes y en cada uno de nosotros. Sin embargo, ellos se piensan que tienen el copyright divino, y no es así.

Afortunadamente la metafísica y la física cuántica están demostrando que existe una energía universal de la que todo está hecho, y a la que todos pertenecemos. A Dios gracias esa energía que se puede llamar como se quiera, algunos la llaman brahma, y va mucho más allá del mensaje de los curas.

Perdón por el sermón. Un abrazo.

Domingo dijo...

En este país, de siempre, los uniformes han marcado distancias y cualquiera que lleve unos galones o una túnica, y no te digo nada ya si se trata de una sotana, se cree capitán general, aunque sólo sea un conserje o un bedel, sin ánimo de ofender.

Armando Alonso dijo...

Hace un mes, me tocó ir a una misa (no soy practicante y cada día mas escéptico) en un pueblo de Cantabria: Lamadrid; fui por puro compromiso. La "parroquia" la constituían gentes sencillas del lugar y algunos veraneantes de "cierto nivel". El cura, un tipo de unos 35/40 años, trataba no ya de acercarse a las gentes, sino de acojonarlas con la idea del demonio y del infierno, que manejaba constantemente. Además, no perdió la oportunidad de descalificar fuertemente nuestra democracia y nuestras Instituciones (Parlamento, Gobierno, etc.). Vamos, era un verdadero defensor de la teocracia y de lo más rancio que yo recuerdo.
No pude contenerme, y al finalizar aquéllo, mientras los parroquianos conversaban a la puerta de aquella ermita, me acerqué a la sacristía para hablar con aquel señor. Le dí mi opinión sobre su homilía, y a vez de tildarle de manipulador, le traté de exponer una serie de razonamientos diferentes a los que él defendía. Entonces me soltó la perla del día: "Vd. debe de ser de una secta del Maligno". A partir de ese momento, confirmé lo que ya presumía oyéndole en su homilía: me encontraba ante un perfecto "talibán"; alguien irracional, y lo que es peor, con un púlpito desde el que poder seguir manipulando a gentes de buena voluntad. Eso sí, en nombre de Dios.
Perdón por la extensión, pero el cuerpo me pedía contar mi pequeña y reciente experiencia.
Un abrazo.