CATASTROFISMO.
Hoy en la lectura de cualquier diario podemos leer un mínimo de al menos diez noticias que nos vienen a decir que esto se acaba, afortunadamente unos medios acallan a otros y aclaran que no es para tanto, que podría ser peor o que no estamos tan mal en un aspecto, pero en otro si. Depende de la perspectiva, como en todo, que magnífica o minimiza. De esta forma podríamos hablar de una perspectiva de derechas y otra de izquierdas.
Publica Luis Ventoso en El Debate un artículo de opinión que titula "Apeándose de la burra climática" en el que nos viene a decir que Bill Gates ha recapacitado y que hay otras prioridades para salvar al planeta Tierra antes que un cambio climático que siempre está cambiando. También nos da su particular visión de los tres grandes peligros que, en su opinión, están por delante de la emergencia climática. Es una buena ocasión para constatar que el mundo siempre está al borde del desastre pero que hay desastres de izquierdas y de derechas, unos compensan a los otros. Da la impresión de que somos el equilibrista en la cuerda floja mientras que los políticos hacen el papel de esa vara larga que sirve para compensar los desequilibrios.
Podríamos establecer que los desastres de derechas son colapsos que desembocan en calamidades, el último estado de las mismas el fin de la civilización o de la sociedad. No pueden evitar los conservadores anunciar el fin de un modo de vida, que califican el menos malos. La constante inminencia de una guerra, o el fin de la sociedad que conocemos. Hoy vienen argumentados ambos por el casi inminente ataque de un ataque ruso, precedido anteriormente por una ofensiva islámica o por una futura población en la que los inmigrantes son mayoría que van a pulverizar nuestras costumbres y cultura.
Los desastres de izquierdas son finales apocalípticos, el fin del mundo tras un enfrentamiento nuclear o una explosión en cadena de centrales, o el cambio climático que nos llevará a un final marcado por inundaciones, incendios, sequías, calor en unos sitios y frío en otros. Un cambio climático que facilita la propagación de enfermedades.
No se trata de quitar importancia a los asuntos, pero si de restarle el elemento emocional y hacerles frente con sentido común. Entender que un embalse es una mitigación de la sequía y no un atentado medioambiental. Entender que el principio de se quieres la paz prepara la guerra tiene su validez en tanto que haya alguien que esté preparando la guerra, y que los asuntos deben ser abordados con la prioridad necesaria, es mejor que un ciudadano emita CO2 a que se asfixie.
Por eso debemos descubrir que hay una anatomía de desastres que tiene el denominador común de meternos el miedo en el cuerpo para llevarnos a un redil determinado. Así que desconfíemos ante el fin del mundo, antes de este será el de la humanidad y posiblemente anterior a este será el de la civilización.
3 comentarios:
El mundo sobrevivirá sin o con nosotros. Nos quieren asustados. Un beso
Efectivamente, al fin del mundo le precederán muchos finales,
Un saludo
gracias
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