07 agosto 2008

SEGURIDAD RIDÍCULA

Me ha llamado la atención un reportaje que publica hoy elpais.com y que se titula "¿De verdad es tan peligroso mi neceser?" , en el se analiza y protesta de la actual normativa de seguridad que hay que respetar para embarcarse en un avión. Las normas de seguridad, desde siempre, incomodan pero garantizan la ausencia de peligro en cualquier actividad. El neceser no es peligroso, pero la persona que lo puede llevar si.
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En este caso no nos encontramos que lo ridículo esté en las normas, sino en las personas. Tanto los que deben observar las normas como los que deben aplicarlas se mueven en unos márgenes muy estrictos de intransigencia. Por mi profesión me he visto obligado a viajar en avión muchas veces, demasiadas, desde el fatídico 11 de septiembre y me he encontrado demasiados ejemplos:
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En el aeropuerto de San Diego tuvieron que colocar un cartel que decía: "Lo que usted dice en broma lo tomamos en serio", es fácil deducir que las coñas de los pasajeros repetidas una y otra vez deben hacer mella en los empleados de seguridad. Pero en ese mismo aeropuerto en los sorteos "aleatorios" que deben pasar pasajeros determinados para una inspección especial, éstos suelen ser africanos, musulmanes, hispanoamericanos y mediterráneos. Tuve la suerte de que el encargado de seguridad que me pasó esta inspección especial era portoriqueño, en sí la inspección resulta un interrogatorio, qué tengo que hacer o que he hecho en los Estados Unidos, detectar si hay polvo de explosivos en cualquier parte de mi ropa o equipaje y examinar cuidadosamente mis pertenencias, líquidos incluidos. Terminé diciéndole que como madrileño y habiendo sufrido en mi ciudad más de un atentado terrorista entendía las normas pero no porqué se aplicaba con esa "aleatoriedad", su respuesta fue evasiva "no es nada personal".
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Posiblemente yo no me lo tome por lo personal, y creo que tampoco lo hará la mayoría de la gente, pero me ha parecido ver una mirada de triunfo en los encargados de seguridad cuando te hacen abrir una bolsa y encuentran una botellita de algo (en una ocasión tuve que dejar una botellita de tabasco -regalada- porque excedía de los 100 ml si se añadía el contenido de un tubo de pasta de dientes), hay casi una expresión de júbilo cuando suena el arco y sobre todo cuando han encontrado un motivo para llamarte la atención. No es que las normas sean ridículas es que las aplican de un modo ridículo.
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Lo que molesta de este tema es que entran en tu intimidad y te imponen unas normas en nombre de la libertad. Es lógico tener que dar explicaciones, pero también lo es que las atiendan. No tiene ninguna explicación no poder entrar a la terminal con una botella de licor, pero si se puede entrar al avión con todas las botellas de ese mismo licor que te hayas comprado en las "duty free". No tiene sentido que los objetos punzantes de fuera del aeropuerto no estén autorizados y los de la terminal si. No hay ninguna razón para pensar que un neceser resulte sospechoso en un aeropuerto y en otro no.
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Aguien dirá "es por su seguridad", pero mi seguridad no debe estar por detrás de los principios por los que nos regimos y los que, decimos, estamos dispuestos a defender. No soy culpable hasta que no se demuestre.

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2 comentarios:

Domingo dijo...

Nos debatimos en el eterno binomio libertad-seguridad, pero a mí me parece que en nombre de una mal llamada seguridad se están recortando nuestras más elementales libertades individuales y derechos fundamentales. No vale todo en aras de la seguridad, ni mucho menos.

Fernando Solera dijo...

El terrorismo, y especialmente el autoatentado del 11-S, se están utilizando para acabar con las libertades civiles. Lo que está pasando en Estados Unidos es, sencillamente, de traca. Pero el problema es que nosotros vamos detrás.