Nuestro séptimo pecado es nuestra ingenuidad. Es un pecado peligroso porque nos hace creer en lo imposible, nos hace fiar de soluciones falsas y de promesas huecas. Nuestra ingenuidad nos hace destructores en vez de críticos y facilita que nos creamos que los eufemismos significan algo que no es (no puedo evitar recordar eso de que el gobierno no improvisa sino que se adapta a la situación).
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La ingenuidad nos obliga a encontrar soluciones donde no las hay, a pensar que problemas seculares se van a terminar por un simple cambio de gobierno o de modelo de estado. Nuestra ingenuidad nos lleva a la credulidad y a creernos que ciertas quimeras son avances sociales (caso de la ley antitabaco) o que creando polémica se consigue progreso (caso de le nueva ley del aborto).
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Y es que, para colmo de males, estallamos al descubrirnos y nos sentimos engañados y sacamos nuestro lado más malo: el violento. Evidentemente creo que los españoles somos los que más facilidades damos para hacer realidad el dicho de “hay que cambiarlo todo para que todo siga igual”...
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La ingenuidad nos obliga a encontrar soluciones donde no las hay, a pensar que problemas seculares se van a terminar por un simple cambio de gobierno o de modelo de estado. Nuestra ingenuidad nos lleva a la credulidad y a creernos que ciertas quimeras son avances sociales (caso de la ley antitabaco) o que creando polémica se consigue progreso (caso de le nueva ley del aborto).
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Y es que, para colmo de males, estallamos al descubrirnos y nos sentimos engañados y sacamos nuestro lado más malo: el violento. Evidentemente creo que los españoles somos los que más facilidades damos para hacer realidad el dicho de “hay que cambiarlo todo para que todo siga igual”...
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