Noventa años.
Entre estar en la final del Mundial, la guerra más tonta del
siglo en Oriente Medio, las cloacas del PSOE, las declaraciones y los procesos; los periódicos contemplan como de tapadillo los noventa años de la Guerra
Civil que hoy se cumplen, la que Unamuno llamó acertadamente “guerra incivil”. Se contemplan dos
secciones dedicadas a ella en La Razón y el País, algún artículo en El Debate,
El Mundo y ABC, en los dos últimos en las páginas de opinión y sólo para
suscriptores.
Es algo de lo que tenemos que avergonzarnos y entender que
el pueblo español fue el único perdedor. Franco se mantuvo cuarenta años ensalzando
una victoria de españoles sobre españoles y Pedro Sánchez intenta vencer en el
presente una guerra que empezó hace noventa años en una especie de revancha de
españoles sobre españoles. Consiguió el régimen del 78 enterrar rencores
haciendo hincapié en una frase utilizada por el franquismo “perdonad, pero no
olvidad”.
Y no se sugería el recuerdo, el “no olvidad”, como un almacén
de rencores sino como algo que mantener en el pasado, como un depósito de
vivencias que demostrase que todos sufrieron de una forma u otra las secuelas
de una guerra a la que nos llevó una exaltación política. Ese “perdonad, pero
no olvidad” tuvo la virtud de hacer que la lucha contra el terrorismo no se
transformase en un combate en el País Vasco y que no hubiese represalias contra
los simpatizantes de los terroristas. La ley de Memoria Democrática (un nombre
más apropiado sería Ley Revancha) nos coloca en una situación de división en
que muchos de los asesinos de hace noventa años son ahora víctimas y muchos de
los terroristas de nuestra democracia son considerados, además de víctimas,
héroes por haber matado a españoles indefensos. En este caso, para aprobar esa
nefasta ley y unos presupuestos chantaje, se ha perdonado a los terroristas y
olvidado lo que hicieron.
Noventa años más tarde, debido a nuestros nefastos
políticos, la guerra incivil sigue entre nosotros, es algo más que un recuerdo,
a los nietos y biznietos de abuelos y bisabuelos que no conocieron se les
ofrece revancha. Se ofrece levantar media España para encontrar fosas y cadáveres
que no son millones y resulta que hay fallecidos de ambos bandos.
Lo peor de este revisionismo es que nos hacen contemplar con
normalidad lo que está pasando, lo pueden ver cada miércoles en los debates de los diputados
del Congreso (si trabajan y no tienen vacaciones), lo pueden constatar en las
noticias de los diarios, lo pueden comprobar en las declaraciones de nuestros
políticos y lo demuestran los programas de televisión: somos una sociedad
enfrentada y cada vez menos civil.
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