20 enero 2016

SOLEDADES O SOLILOQUIOS

Tras un paseo por la actualidad no he encontrado nada que comentar. En realidad miento, hay tantas cosas para comentar que la sobredosis me podría afectar. Ante una situación como la actual, algunas veces es mejor parar y abstraerse de esta vorágine. El caso es que por las mañanas voy a trabajar solo y en el metro, la verdad es que el camino obliga de vez en cuando a dejar volar la imaginación y a divagar sin más interlocutor que mi persona. A mi me gusta llamarlo soliloquios. La verdad es que es algo que he ido perdiendo con el paso del tiempo, la verdad es mi forma de vida y mis costumbres no lo facilitan. La verdad es que cada vez están más espaciados esos breves momentos en que el mundo encaja. Pero hoy ha habido uno de esos momentos...

Ha sido al leer las Soledades de Lope de Vega, no sé si el lo escribió cuando él estaba viviendo un soliloquio de los suyos, si así fue, fue sublime. Lo que dice no tiene desperdicio, en cuanto al contenido debería tenerlo en cuenta más de uno de los padres de la patria, y más de uno de los españolitos que aquí vivimos, tener en cuenta que a la verdad "tal la pusieron los hombres que desde entonces no ha vuelto" y también aprender a guardarse de los peligros de un necio.

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Pero debo admitir mi admiración hacia el arte que hicimos en nuestro Siglo de Oro, a pesar de lo mucho que se habla de Shakespeare y de su obra de teatro, pocos tienen en cuenta que los autores llevaban al escenario cuestiones tan delicadas como cuáles eran los límites de un rey o los de un gobernador, no tengan duda el embrión revolucionario que portaban "El alcalde de Zalamea" o "Fuenteovejuna" tuvieron que esperar casi al siglo XIX. Los consejos que da Don Alonso Quijano a Sancho Panza para gobernar la Isla Barataria es algo de lo que debería aprender muchos de nuestros gobernantes. Las críticas al rey de Quevedo y las sátiras al dinero añaden cierta inquietud social a la obra del siglo de oro. Y si quieren discusiones de calidad, leánse los cruces epistolares entre Góngora y Quevedo. En cuanto a imaginarnos cómo era la vida en aquella época, disfruten de nuestros pintores. 

Pero lo que más me sorprende, admiro y envidio es que sean capaces de contar tanto, tan elegantemente y tan brevemente. Disfruten de ellos, en internet es gratis.

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