Secretos.
Publica hoy El Debate un artículo de Antonio R. Naranjo que
lleva por título “Moncloa ocultó las 15
reuniones secretas de Sánchez con
Zapatero confirmadas luego por Gertrudis”. Me gusta leer los artículos de
Antonio R. Naranjo, es incisivo y me hacen gracia sus comparaciones. Como ocurría
con Quevedo, es mejor tenerlo de amigo que de enemigo o que, como mal menor, te
ignore. No significa ello que siempre esté de acuerdo con él, pero es grato
leerlo, aunque piense que no tenga razón. No es este un artículo de opinión, en los que
realmente se luce nuestro periodista. Es de una investigación del que
se extraen muchas conclusiones y creo que la más importante de las mismas no es
la del titular.
Todos tenemos secretos. De las reuniones se refleja en acta
lo que previamente han acordado los participantes. Si una reunión es secreta
está claro que el primer secreto a mantener es la existencia de esa reunión, lo
que se ha tratado en ella queda así oculto. Cuando hay un encuentro sabemos lo
que nos cuentan que ha pasado. En el caso del artículo, que se revele que ha
habido hasta 15 reuniones secretas de Sánchez con Zapatero sólo deja patente
que la custodia de ciertos asuntos ha fallado por alguna o ambas partes.
Resulta irrisorio pensar que porque un presidente tenga la agenda vacía no va a
reunirse. Probablemente Sánchez dejó su agenda en blanco para una de estas
quince reuniones, posiblemente haya habido más.
Dado el personaje, a Sánchez le gusta moverse entre la
intriga y la conspiración, posiblemente haya habido más reuniones secretas
durante su legislatura que en las anteriores, pero siempre las ha habido. Los
cambios de opinión de nuestro Presidente de Gobierno, han sido tomados
descaradamente, sin consultas y sin explicaciones. Lo cual, por sí, es un
misterio para unos y un secreto que otros deben mantener, empezando por el
propio Sánchez.
¿Se creen que el cambio de opinión de Trump sobre España en
dos días ha sido porque sí? No me creo que hablasen sólo del mundial y de golf.
De algo más se hablaría… pero no nos lo van a contar, porque no interesa que se
sepa. No es un caso único. De estas cumbres nos quedan las declaraciones de los
participantes, pero ignoramos las conversaciones entre ellos. En parte
wikileaks daba un poco de luz a estas conversaciones que, por otra parte, eran
intrascendentes.
Hay otros secretos que se mantienen muchas veces por
vergüenza, recuerden eso de lavar en casa los trapos sucios. Muchas veces es
mejor mantener en secreto a un declarante que confirmar su estupidez e incompetencia.
Hoy por hoy se mantienen muchas cosas en secreto a la espera de que el tiempo
haga que las olvidemos. Ahí tienen las causas de un apagón que siguen sin
saberse o las causas de un accidente de tren que costó más cuarenta vidas. La
ausencia de una explicación oficial es como mantener un secreto.
Y es que, diferenciemos, una cosa es discreción y otra
secretismo. El secretismo fomenta la preparación de bulos y la falta de
explicación de los mismos les da credibilidad. La discreción trae consigo la
custodia del secreto y la administración del mismo, que sepa el que tiene que
saber lo que necesite saber. El secretismo consiste en que nadie sepa nada,
negar la existencia de un secreto que se
acabará sabiendo.