El sistema en crisis.
La verdad, uno lee, ve u oye las noticias y se encuentra con un panorama desolador. La gente, incompresiblemente dado lo bien que va la economía, no vive tan bien como desearía. Unos nos dicen que los números salen y otros que están amañados. Depende de lo que cada uno se crea. Unos dicen que una agresión está justificada y otros que falta contra el derecho internacional. Unos acusan de asesinos a los que sufren un atentado y otros de terroristas a los que están oprimidos. Los que defienden el derecho internacional no respetan al nacional. Los que acusan de no querer dialogar no aceptan ninguna propuesta. Los medios de comunicación son más de opinión que de información. Todos tienen razón, pero su análisis se basa en verdades sesgadas, en la parte más interesada, obviando todo lo demás.
Cualquier evento es causa de enfrentamiento, la lucha es transversal, como en la película “todo a la vez, en todas partes y al mismo tiempo”, imposible de digerir, de asumir y de gestionar. Hoy se está juzgando al hermano del presidente y ya los analistas nos dicen que no va a haber una condena espectacular. Puede que haya una multa por evadir impuestos, pero si no hay denuncia de Hacienda... pues no pasa nada. Es posible que haya alguna pena para el que enchufó, pero ¿para el enchufado? Uno no va a la cárcel por vago, ni por aceptar un trabajo para no hacer nada. La pena es, sobre todo, moral. Si hay condenados seremos los ciudadanos que permiten la existencia de la degración de éste sistema.
No hagan culpable a Pedro Sánchez, sólo es un aprovechado que reúne las condiciones necesarias para aprovecharse de él. Los que hemos guardado silencio mientras todo se pudría hemos sido nosotros. No importa cuándo empezó, sería causa de una larga discusión y una pérdida de tiempo. Estamos como estamos y la única cuestión que queda en el aire es si esta podredumbre es reversible o no. Los intentos de “regeneración” han tenido más de degeneración tendentes a incrementar el control de la sociedad por un partido.