Antifascismo
La sociedad española está siendo testigo de manifestaciones y actividades más o menos violentas que se amparan en el grito de “aquí están los antifascistas”. El grito suena como un reto. Todo el que no esté dentro de ese grupo resulta fascista. Casi me atrevería a asegurar que todo el que no proceda o se comporte como ese grupo va a ser un fascista.
Hay ciertos conceptos que se dan por entendidos. El antifascismo es uno de ellos. Lo mismo que se da por sabido lo que es fascismo. Por eso nadie se toma la molestia de explicarlos. El fascismo, por lo que tengo entendido, es una ideología que nace del socialismo italiano y erradica su vocación internacional. Encuentra su base en el nacionalismo. No en vano el partido que le imitó en Alemania llevaba por nombre Nacionalsocialista. La abreviatura “Nazi” resulta muy conveniente. De ello no debe extrañarnos que el fascismo resulte tan autoritario como el socialismo. Por antifascismo deberíamos entender todo lo contrario.
Un antifascista, siendo todo lo contrario que un fascista, debería ser menos radical y más tolerante. Quizás debería tener una mente más abierta y ser, sobre todo, más pacífico. No parece que eso suceda. Por tanto, el antifascismo no deja de ser un recurso semántico para declarar fascista a todo el que no es antifascista. Es imponer una ideología con los mismos métodos que usaba el fascismo. El antifascismo resulta otro tipo de fascismo. Como ya dije en otro artículo: no deja de ser la clac.
¿Qué objeto tiene este movimiento? Creo que es una forma de igualar las tornas. Si los ministros son abucheados en las calles, también deben ser abucheados sus opositores. Si el PSOE se ve obligado a dar los mitines a puerta cerrada, los demás partidos también deben hacerlo. También ejerce una función disuasoria: explotar el miedo. La amenaza de que las calles sigan así si las elecciones la vencen “los fascistas”.
Llama la atención la tendencia antijudía, la misma que tenían los denunciados fascistas. Lo que indica que les es indiferente declararse de izquierdas o de derechas. Simplemente son radicales. Y ante la texitura que presentan, “socialismo o barbarie”, ellos ya han elegido: su socialismo es barbarie.













