22 septiembre 2026

MIEDO

Miedo

El Rapto de Europa. ErasmusQuellinus II. 1638. Museo del Prado.

Europa mira a la derecha.

Empieza a cundir el pánico. En Alemania la AfD va escalando puestos elección tras elección; su alternativa ha sido otro partido extremista. En Francia, la extrema derecha va ganando papeletas. En Italia ya está en el poder. Han demostrado ser opciones tan válidas como las demás. Si Alemania está en recesión, no es por culpa de una extrema derecha que no gobierna. Y del declive francés no es culpable un Frente Nacional que no gobierna. En Italia no se ha hundido el mundo y su gobierno de extrema derecha es el más longevo de la democracia italiana. Esto no es ni bueno ni malo. Hay un movimiento en auge de la considerada extrema derecha en toda Europa.

En España, mal que pese, VOX es el tercer partido y tiene el peso suficiente como para obligar a que el próximo Gobierno sea de coalición. Se le intenta presentar como un partido que defiende la violencia. Pero, a la hora de la verdad, es el más agredido. Les han lanzado piedras a los mítines y han vandalizado sus puestos electorales; sus candidatos han llegado a sufrir agresiones físicas. Con todo ello, son los violentos. El mundo al revés.

Nadie se explica los motivos de este auge. Pero tras cada elección, la extrema derecha sale un poco más reforzada y los partidos tradicionales un poco más tocados. No hay truco, los resultados son producto de una votación. Se supone que el pueblo soberano es el que los quiere y los coloca donde están.

Es posible que los ciudadanos vuelvan a gritar otra vez: ¡vivan las cadenas! Entre otros motivos, porque las cadenas que ofrecen resultan más atractivas que las presentadas por los partidos de siempre. Después de todo, los de siempre muestran actualmente más desatinos que aciertos, así que la opción de algo nuevo, que todavía no ha demostrado nada, puede resultar atractiva.

Particularmente, creo que el motivo de su auge radica más en el revisionismo a que está sometida nuestra sociedad. En especial, la negación de su pasado. Esa oposición actual, que no lleva a ninguna parte, de intentar demostrar que las raíces de Occidente no tienen mucho de cristianas. Esa renuncia a que fue el cristianismo medieval el que preservó la cultura greco-romana. Ese no querer ver que la fe en Dios fue el nexo de unión de unos pueblos europeos que, a pesar de sus desavenencias, rezaban a un mismo Dios. Puede ser algo superado en la actualidad, pero es nuestro pasado. Como también lo es una expansión y preponderancia de lo europeo y occidental en los últimos cinco siglos, con sus claros y oscuros. Ese sometimiento actual a un examen de conciencia en que se nos culpa por lo que hicieron mal nuestros antepasados, aunque todos disfrutan de lo que hicieron bien.

Y creo que el hecho de que haya alguien que piense que ya está bien de tonterías, por muy fascista que ello resulte, provoca simpatías. La extrema derecha viene a suponer un punto de vista más en una discusión que, por mucho que no guste, hay que considerar en vez de hacerle el vacío.

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