25 septiembre 2026

LAS TRIBULACIONES DE MARI CARMEN

 Las tribulaciones de Mari Carmen


A Mari Carmen la han desahuciado de su casa. No era propietaria y pagaba un alquiler de 500€ por un piso de 92 metros cuadrados en una zona en la que se pide y se da mucho más por pisos mucho más pequeños. Los derechos de la inquilina chocan con los derechos del propietario y se ha aplicado la ley. “Dura lex, sed lex” (la ley es dura, pero es la ley) que decían los latinos. Que sea legal no significa que sea justo y ha prevalecido el derecho del propietario.

La normativa actual llega a permitir que una persona que okupe una vivienda o un inquilino que deje de pagar el alquiler se declare vulnerable para que no pueda ser desahuciado; puede también negarse a todas las “soluciones habitacionales” que le propongan dado que, mientras lo desee, podrá seguir viviendo gratis en una casa que no quiere, o no puede, pagar. Que sea legal, no significa que sea justo y que la ley esté bien hecha.

Por los motivos que sea, Mari Carmen no se ha declarado vulnerable y se ha negado a abandonar su hogar desde hace setenta años. Por motivo de su desahucio, se ha convertido en un señuelo que ha permitido meter en el mismo saco áticos, expropiaciones y política. Ha habido otros casos que han dejado en evidencia las carencias de la política de vivienda, pero se ha guardado silencio. Creo que si a Mari Carmen la hubiesen echado de una casa en Ciudad Real o en Barcelona no habría pasado nada. Pero ha sido en Madrid y hay hueso al que pinchar.

Resulta que el responsable no es el que hace la ley ni el que la aplica. Se le quiere hacer culpable al que gestiona la comunidad y el municipio. La opinión no siempre está en lo cierto. Es muy legítimo manifestarse contra una situación en la que, como nos descuidemos, una persona que quiera vivir en una ciudad acabe haciéndolo en una chabola. Hay un problema con la vivienda en el que chocan dos propuestas: la vivienda es para vivir y debe regalarse, y la de la vivienda es una propiedad y debe respetarse. Se confrontan de nuevo dos derechos y no hay una respuesta por parte de la ley.

Unos quieren colectivizar las casas, que el propietario sea el gobierno y las regale. Mientras que otros quieren garantizarse su propiedad, que para eso han ahorrado, trabajado y sacrificado. Indudablemente, la situación actual es muy mala y hay muchos responsables. Pero, para los autéticos responsables, se trata de escurrir el bulto, que su parroquia difunda su relato y mirar al de al lado.

La vivienda está sometida a algo tan capitalista y elemental como la ley de la oferta y la demanda. Si hay pocas viviendas y mucha gente buscando casa, los precios serán altos. Si hay muchas casas y menos gente buscando piso, los precios bajarán. Lo escaso es caro y lo abundante barato. La realidad nos dice que se construye poco y despacio (ejemplo: Operación Campamento, treinta años de burocracia y sólo ahora se han empezado a derribar unos cuarteles que llevan vacíos todo este tiempo). En un momento en que lo público se intenta imponer, de lo que menos se habla es de vivienda pública.

Pero, como dijo el estúpido, estar en política significa cabalgar contradicciones. Y la vivienda está resultando ser no sólo una de las mayores contradicciones, sino un auténtico fracaso de los gobiernos.  

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