La justicia social.
Partamos de una base: la generalización trae el germen de la desinformación. Por eso creo que es conveniente advertir que de lo que se va a decir hay excepciones. También las hay, y muchas, en los que defienden esa justicia social.
La justicia social es uno de los mantras de la izquierda. Un mantra que no se explica y está sujeto a muchas interpretaciones. Se insinúa que esa justicia se asienta en una igualdad y se denuncian las desigualdades. Sería mejor llamarlas desequilibrios, hay quien las denomina brechas. Da mucho de sí, me atrevería a decir que, cuando intentamos tapar una brecha, surge otra más grande de otro índole. Los impuestos se utilizan como uno de esos medios para alcanzar la justicia social.
Y es que antes de hablar de una “justicia social” deberíamos hablar de una “justicia vital individual” fruto de las consecuencias de las decisiones que ha tomado una persona. No puedes ser abogado si no estudias derecho, no puedes estudiar derecho si no has aprobado y no puedes aprobar si no has estudiado, no puedes estudiar cuando prefieres irte de copas a preparar un examen. Un abogado con estudios cobra más que alguien que no tiene carrera y no tiene estudios.
Los que defienden la “justicia social” suelen mantener el principio de que “es justo que los que más cobran paguen más que los que menos cobran” defendiendo una progresividad a la hora de pagar. Digamos que puede ser legal, aunque pongamos en duda su justicia. Los sueldos, lo que cobra cada uno, no es una cuestión de azar. El sueldo está en función de un trabajo, esfuerzo, y una responsablidad. Uno disfruta de un sueldo gracias a un esfuerzo que ha hecho a lo largo de su vida, estudiar en vez de irse de copas, o echar unas horas en prepararse mejor y hacer mejor su trabajo. Los méritos también cuentan. En este caso parece que no hay tanta justicia en el hecho de que uno que se esloma y del que dependen otras personas tenga que pagar más por trabajar más y ser más responsable. En fin, es discutible.
Lo triste de la “justicia social” es que se considera a la situación de cada uno como fruto de la fortuna, como si esa “justicia individual” no tuviese nada que ver. Debería de basarse esa justicia social en el hecho de que todos disfruten de las mismas oportunidades. En el panorama que se dislumbra no se contemplan las oportunidades perdidas, en muchas ocasiones despilfarradas, por las personas. No son víctimas de otro más que de sí mismas. Esa justicia social que muchos defienden provoca que unos trabajen para mantener a los que no quieren trabajar. Tampoco valora los méritos, no sirven para nada.
Quizás el lema de la justicia social sea el de “todo el mundo es bueno y todo el mundo sirve para todo”, pero sabemos que no es cierto. Hay que volver a diseñar la justicia social y sus conceptos.