23 junio 2026

UNAS AVENTURAS JAPONESAS

 


Nos ha convocado en el Vadereto de este mes nuestro amigo José Antonio (Jascnet) en el que nos propone un viaje a la tierra del sol naciente. Debe invitar a la reflexión, la espiritualidad, la calma, la percepción de pequeños detalles e incluir al menos dos palabras en japonés. Mis referencias niponas son contadas y nunca he visitado el Japón, ni está en mis ilusiones. Hablar, por tanto, de este viaje no me resulta fácil. El recurso que he utilizado para ello ha consistido en un viaje interior para analizar lo que sé de este país y contar mis impresiones tras...


Unas aventuras japonesas.


Nunca logró viajar al Japón, situado casi en el norte de las antípodas de donde vivía; haciendo esta visita podía dar la vuelta al mundo en un viaje de ida y vuelta. No evitó esta circunstancia la realización de ciertas aventuras japonesas que, todas juntas, conforman una visita imaginaria a un país que también se considera una civilización.

Su primera aventura coincidió cuando empezó a practicar judo, el camino de la suavidad. No fue mal judoka, le gustó y lo practicó toda su juventud. Según mejoraba y perfeccionaba sus movimientos, como el tomoe-nague, ippon-sheonague, morote-seonague iba aprendiendo que la base de las técnicas inventadas por el maestro Jigoro Kano era meterse debajo del oponente, aprovechar su peso y su fuerza y proyectarle al suelo. Pudo ver una películas antiguas del maestro combatiendo. Había escenas que, cuando parecía que su oponente le iba a hacer caer, se movía en el aire y, casi sin esfuerzo, terminaba por derribar al oponente. Dada su privilegiada experiencia en este deporte —era bueno, pero no tanto como para ser miembro de la selección nacional— fue invitado a asistir al enfrentamiento entre los equipos de España y Japón. Le llamó la atención que los españoles, como todos los no japoneses, concebían el combate como poder contra poder y ser más fuertes que el adversario, algo que no funcionaba. También era de destacar que el entrenador español, como todos los entrenadores no japoneses, no dejaba de gritar instrucciones mientras que los compañeros del español que combatía no cesaban de animarle; por contra, el entrenador japonés permanecía callado e impasible al igual que el resto del equipo japonés. Terminó el campeonato y entendió que, mientras los no japoneses buscaban la victoria, los nipones concebían el combate como la superación de un problema. Entendió que en el mundo el judo era un deporte, pero en Japón era una filosofía consistente en la correcta aplicación de la fortaleza propia, aprovechando no sólo la fuerza, la debilidad y los errores del oponente, sino también las oportunidades que podían ofrecerse. Entendió que cada una de las artes marciales en Japón no era sólo un tipo de lucha, sino una filosofía para vivir la vida.

La segunda aventura fue vivida a través de un amigo que fue a aprender japonés, una ventolera que le dio. Hizo dos viajes a Japón y contó muchas anécdotas. Algunas de ellas ya son sobradamente conocidas, como los oshiya —los empujadores del metro— resultó más chocante cuando relató que se vió inmerso en un atasco de personas en el metro y que la única forma de salir de él fue pegarse a una pared y esperar. También nos habló de la belleza de los cerezos en flor, pero no llegó a ver ninguna cereza en los menús. Disfrutó de una comida minimalista y sabrosa, pero muy cara y algo escasa, por lo menos para él. Lo que más le impresionaba es que hubiese tanta gente moviéndose tanto y tan deprisa, que esa calma zen estaba reservada a unos pocos o, más bien, que eran pocos los que disfrutaban de ella. Eso sí, la minuciosidad y la autoexigencia en el trabajo era casi una religión. Trabajaba como ayudante en una pastelería y, recordaba que los viernes, hacían una especie de fiesta en la que todos acababan cantando una canción con una sola palabra, “yopparatte”, al son de “La cucaracha”. Luego nos dijo que esta palabra significaba algo así como “estoy borracho”. A pesar del alto nivel cultural, pocos hablan otro idioma que no sea el japonés. Todo ello se resumía en una forma de vivir diferente de más de ciento veinticinco millones de personas en menos de cuatrocientos mil kilómetros cuadrados. No había allí filosofía o cultura, sólamente una manera de vivir. Claro que generalizarlo en tantos millones de personas es un error consistente en establecer estereotipos.

La tercera aventura fue la lectura del libro “La mente del estratega”, de Kenichi Omae, una lectura casi obligada en el ámbito de su trabajo. Trata el autor en este libro los motivos del auge de muchas empresas japonesas; una de las conclusiones que nos regala es que si la adaptación es la clave de la supervivencia, la anticipación es la clave del éxito. Termina el libro analizando el caso de la empresa Japón, un país cuya historia, política y estrategia queda definida y explicada por una circunstancia: pocos recursos propios para una gran economía. Ello es parte de la formación educativa y resulta una clave para entender su civilización: siempre habrá necesidades que satisfacer y poco tiempo para disfrutar. También entendió así el éxito de las huelgas japonesas: el sentido del honor que se mantiene hace que el empresario se sienta humillado por el hecho de que los trabajadores se pongan una cinta con la palabra “suto”, abreviación de “sutoraiki” (huelga) en la cabeza y trabajen a destajo, llenando los almacenes de productos y vaciando los depósitos de materias.

Entiende que estas aventuras forman una gran aventura, que es un sueño, y que no es sólo comprender una filosofía o un modo de vivir marcado por una circunstancia, sino visitar la civilización que ha moldeado todo esto.



Más viajes a Japón en el mismo enlace.

16 comentarios:

chica dijo...

Mesmo que não tenhas ido até lá, te interessaste em conhecer e até vivenciar algumas das experiências deles lá. Mas é mesmo impressionante a diferença de mentalidade e cultura!
Valeu! Gostei de te ler e quem sabe consegues ir um dia ver de perto tudo aquilo! abraços, chica

LUFERURA dijo...

Hola Chica,
La verdad es que no tengo mucho interés en ir a Japón, si despierta mi curiosidad y me anima a leer sobre su historia y costumbres, pero prefiero algo más cercano donde pueda entenderme con la gente.
Un saludo

Olá, Chica!
A verdade é que não tenho muito interesse em ir ao Japão, se isso despertar minha curiosidade e me incentivar a ler sobre sua história e costumes, mas prefiro algo mais próximo, onde eu possa entender as pessoas.
Tudo de bom!

Jose Ant. Sánchez dijo...

Hola, Luferura.
Yo tampoco he visitado Japón, ni creo que lo haga en esta vida. Así que me parece muy interesante este viaje interior imaginado, porque muestra mucho de lo que pensamos los occidentales de esta civilización. Yo siempre digo, que para entenderlo con un mínimo de fiabilidad tienes que haber vivido allí o haber pasado mucho tiempo entre ellos. Es una manera de pensar, de vivir, de sentir las cosas totalmente diferente a la nuestra.
Ha sido una buena introspección, porque creo que, como me suele pasar a mí, cuando intentamos comprenderlos a ellos, en realidad, nos estamos analizando nosotros.
Muchas Gracias por tu participación.
Abrazo Grande.

LUFERURA dijo...

Hola José Antonio,
La verdad es que cuando leí que había que dedicarlo a la Tierra del naciente pensé en Valencia o Baleares, algo que cambió cuando seguí leyendo. Creo que tienes razón que ante estos viajes que no haremos lo mejor es viajar hacia nosotros mismos. Cre que aún viviendo con ellos sólo llegaremos a entenderlos si nos hacemos uno de ellos, algo realmente difícil con el bagaje cultural que se arrastra ya a una edad, pero siempre es posible comprenderlos y adaptarse. Lo diferente no es ni mejor ni peor.
Participar siempre es un placer.
Un saludo

Ana Piera (Tigrilla) dijo...

Hola, Luferura. Me parece que has hecho el reto de una forma muy original con ese viaje interior. A mí sí me gustaría visitar Japón, también China y otros países asiáticos. He estado en otras partes del mundo (en España ya tres veces); quizá algún día lo haga. Me gustaría ir por ver cosas realmente diferentes a lo que estamos acostumbrados en Occidente. Yo creo que se idealiza un poco a Japón. La gente vive estresada por un sentido de deber productivo y, si sienten que no encajan, entra una vergüenza que puede llegar a ser incapacitante por fallarle a su comunidad. Es como dices en el relato, que lo zen está reservado para unos pocos. Aun así, creo que sería muy interesante conocerlos de primera mano. Me gustó tu propuesta, se lee con gusto. Saludos.

LUFERURA dijo...

Hola Ana,
Muchas gracias por el comentario y tu opinión. Yo siempre me animo a un viaje, pero tengo otras prioridades sobre Japón. Y siempre es bueno conocer a otra gente y que te expliquen sus punttos de vista, después de todo su arte y patrimonio es una forma de demostrar como ven las cosas.
Un saludo

Eitán el Mago dijo...

Hola, Luferura.

La parte del judo huele a tatami y todo. Los empujadores del metro, los cerezos en flor, la comida minimalista, y la gente que trabaja demasiado… todo está contado con simpatía.

Lo de que no hay cerezas en los menús me llama la atención, no lo sabía.

El libro no lo he leído, aunque sí he visto pelis de Kurosawa, que para entender el Japón tradicional ya te dan una idea aproximada.
Lo de viajar allí… pues oye, bonito será, pero tampoco está en mis planes. Con lo que cuesta llegar, casi mejor seguir con las “aventuras imaginarias”, que salen más baratas y no te empujan en el metro.
Un abrazo.

LUFERURA dijo...

Hola Eitán,
Muchas gracias por el comentario. Y creo que tienes razón, para hacer viajes a falta de dinero están las lecturas y la imaginación. Ya que mencionas lo de Kurosawa, hay muchas películas que explican algo del carácter Japonés, he visto tragedias y películas de acción pero... ¿recuerdas alguna comedia?
Un saludo

Eitán el Mago dijo...

En anime tienen comedia para aburrir: Shin Chan, Lupin III, el One Piece que ahora trae a todos los críos locos… ahí sí que se sueltan. En cine no me sale ninguna comedia. Parece que lo ligero, lo exagerado y lo descarado lo dejan para la animación; son ordenados hasta en eso. En las películas se quedaron con algo que podríamos llamar humor negro existencial, tipo Rashomon (Kurosawa). Estudia la condición humana y demuestra lo ridículos que llegamos a ser. Un saludo.

LUFERURA dijo...

Hola Eitán,
La verdad es que en el anime hay mucho humor y caricatura. Soy muy restrictivo con el anime, hay películas y series buenas, pero llega un momento que se eternizan y dejan de ser dibujos animados para ser una sucesión de dibujos. No obstante hay excepciones que me han gustado mucho.
Un saludo

Raquel Peña dijo...

Me has enseñado que a veces se puede conocer mejor un país desde la distancia, a través de prácticas, relatos y lecturas, que desde el turismo apresurado. El protagonista de tu historia nunca logró viajar a Japón, pero su comprensión de la civilización japonesa me parece más profunda y matizada que la de muchos viajeros que solo se llevan fotos y recuerdos superficiales. Esa ironía —que el conocimiento verdadero no exige presencia física, sino atención, paciencia y capacidad de conectar fragmentos— es, para mí, la gran lección de este texto. Me ha inspirado a preguntarme cuántas culturas conozco realmente a través de esas "aventuras indirectas" y cuántas veces he dado por sentado que solo la experiencia directa es válida. Y creo, que tienes razón, porque por ejemplo nunca he salido de Venezuela, pero he logrado amistar desde la distancia con argentinos, mexicanos, colombianos, españoles, italianos, dominicanos, brasileros, y me gusta más la cultura china, y a través de la lectura de la filosofía confuciana- por ejemplo, la ANALECTAS, y dramas históricos he ido conociendo sus costumbres. Abrazos virtuales y sigamos viajando por el mundo.

LUFERURA dijo...

Hola Raquel,
No sabes la alegría que me ha dado leer tu comentario, espero que estés bien y te deseo todo el ánimo posible a tí y a tus compatriotas. Te agradezco mucho tus palabras, creo que los contactos y las lecturas no suplen los viajes, pero te ayudan a hacerlos más selectivos. Intentaré explicarme, cuando fui a Roma pasé una tarde en la Capilla Sixtina, era mi primera opción, no sé qué deje de ver, pero la experiencia de contemplar cada centímetro de la capilla no me la quita nadie. Quiero decir que no suple la vivencia, pero ayuda a comprender y saber muchas cosas.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Me ha parecido muy interesante todo lo que nos has contado sobre el Japón a través de tus experiencias y las de tu amigo. Es sincero, no tratas de decir más de lo que conoces indirectamente, y sin embargo, enseña eso más que mucho de esos viajes ligeros al Japón que hacen los turistas. Por un lado tu visión del judo al observar a los mismos japoneses practicarlo, y por el otro la experiencia de vida de tu amigo.
Yo no he ido a Japón, no me atrae demasiado, pero sí su modo de pensar tan diferente al nuestro, su historia y mentalidad.
Muy bueno (y relajante!) el vídeo con flauta japonesa y buenas llaves.
Un saludo muy cordial
(Soy Maite-Volarela)

LUFERURA dijo...

Hola Maite,
Muchas gracias por el comentario. Si se trataba de viajar Japón lo mejor es recurrir a lo poco que sé ya que no creo que vaya a verlo, aunque nunca se sabe. Respecto al video estaba buscando otro, pero ya era muy antiguo y este es el más parecido.
Un saludo

Cecy (Enredados entre Libros) dijo...

Hola he disfrutado esta historia, lo que sentí al leerlo es que para conocer una cultura no hace falta coger un avión ni gastar mucho. Basta con estar abierto, con dejarse remover un poco por dentro. Porque al final, cuando aprendes algo de verdad —aunque sea en un tatami o escuchando a un amigo— ya no vuelves a ser el mismo. Y eso, creo yo, es lo más parecido a viajar, saludos

LUFERURA dijo...

Hola Cecy,
Muchas gracias por tu comentario y valoración. Creo, como tú, que satisfacer la curiosidad y el saber el por qué de algunas cosas es una forma de sustituir los viajes. Después de todo, un viaje se hace por un motivo, no siempre por turismo.
Un saludo