Sobre la natalidad.
Leo en la Newsletter que me remite ABC, el siguiente texto:
La caída global de la natalidad ya no se explica solo porque las parejas tengan menos hijos, sino porque directamente hay menos parejas. Un extenso análisis del Financial Times, '¿Por qué las tasas de natalidad están cayendo en todas partes al mismo tiempo?', vincula el fenómeno con el impacto de los smartphones y las redes sociales sobre la vida sentimental y la socialización presencial. Según el diario, el desplome de la fertilidad forma parte de una tendencia más amplia de soltería, aislamiento y deterioro emocional entre los jóvenes adultos. En paralelo, The Economist describe el auge de los llamados 'passport bros': hombres occidentales que, gracias al teletrabajo, buscan en Asia o Latinoamérica parejas «más tradicionales» y obedientes, cansados -afirman- del mercado amoroso occidental. La nueva autonomía femenina aparece así como una de las grandes transformaciones culturales detrás del invierno demográfico, aunque resulte más cómodo culpar a los teléfonos.
Primera parte, la culpa es de los smartphones y las redes sociales.
Segunda parte, la culpa es del feminismo y del empoderamiento femenino.
Descartes proponía descomponer cualquier problema en sus partes, que son problemas menores e ir solucionándolos para acabar con el problema general. Este método cartesiano se ha ido aplicando incluso antes de que naciera el filósofo francés. No siempre funciona, dado que hay problemas muy complejos. Sus causas son, a su vez, problemas igual de complejos e interrelacionados. Son soluciones a otros problemas o su solución puede causar problemas mayores.
Ya se sabe que mal de muchos consuelo de tontos, de forma que no es una satisfacción constatar que la caída de la natalidad es global. Y no creo que sea sólo por culpa de los móviles o de que a las feministas les haya dado por no tener hijos. Puede que ambas circunstancias influyan, pero hay muchas más.
En mi opinión un hijo acaba siendo una satisfacción, pero también es un cúmulo de problemas que absorbe nuestras atenciones, sobre todo cuando son pequeños. Luego nos damos cuenta de que firmaríamos por los problemas que ocasionaban cuando tenían cuatro años al compararlos con las inquietudes que originan durante su adolescencia. Cuando son adultos los desvelos que han causado se contemplan como una inversión en educación y formación. Las relaciones entre padres e hijos mejoran, aunque no siempre.
Somos víctimas de nuestro tiempo. Y fruto de nuestro presente es el que un diario trate de explicar la causa de un problema muy complejo, no en un artículo, sino en unas líneas. Tampoco somos una sociedad muy sesuda. Queremos la noticia rápida y, sobre todo, la opinión impactante. Nos decepcionamos en un mundo que no es como queremos que sea y que, más veces de lo que creemos, pensamos que se debe adaptar a nosotros en vez de adaptarnos a él.
Podríamos añadir muchas más causas que expliquen la crisis de la natalidad. Quizás un hedonismo exagerado; la falta de ilusión; el sentimiento de que le no le hacemos un favor al niño que traigamos a este mundo; la idea de que no hay que superpoblar mucho más este mundo; que los cuidados que debemos dedicar al niño van a afectar a nuestro potencial éxito profesional; y muchos más, entre ellos los móviles, nuestra dedicación a las redes sociales y el empoderamiento femenino. Añadamos también que podemos encontrar muchas excusas para no tener hijos.
Pero la paternidad es una aventura. Tan incierta como el mundo en que vivimos. Los niños pueden venir con un pan debajo del brazo, pero sin manual de instrucciones. Lo que funciona para uno, no funciona para otro. Las personas somos así y los críos son pequeñas personas. Son el futuro, así que nosotros sabremos qué futuro queremos hacer.
— ¡Qué mundo heredarán nuestros jóvenes!
— ¡Qué jóvenes va a heredar nuestro mundo!
4 comentarios:
Lo que està claro es que sin niños no hay futuro. Un beso
Ese es el intríngulis. Nosotros sabremos que futuro queremos construir.
Un saludo
Si nos remontamos al llamado baby boom de los años 60 y70 los jóvenes buscábamos un trabajo mas o menos estable para poder casarnos, la mayoría de las mujeres permanecía cuidando a los hijos y los matrimonios eran duraderos.
Hoy los jóvenes evitan compromisos estables, influyen muchos impedimentos, los trabajos estables, los salarios mal remunerados y el problema de los precios y escasez de viviendas.
Hola Matías
La sociedad ha cambiado mucho desde entonces. Sobre todo las prioridades, la idea de la familia, los valores y la normativa. Aunque parezca una tontería, ahora las casas están sometidas a muchas normas y licencias. Si a ellos juntamos los precios del suelo y los "ajustes medioambientales" que se van a imponer todo va a ser mucho más caro. Entre los cambios de comportamiento de las personas y los cambios sociales todo está mucho más difícil. Como dices en los 60 y 70 no es que se viviese muy bien, pero las familias tiraban adelante con la entrada de un sueldo y con hijos. Ahora nos dicen que vivimos muy bien, pero sigue estando, por lo menos, igual de difícil con dos sueldos y sin hijos. Confluyen muchos problemas y hay muy pocas soluciones, y las medidas que se toman son insuficientes. También admito que si supiese identificar las causas de los problemas y darles solución sería presidente o ministro.
Un saludo.
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