Participo en mi propia convocatoria, en la que propongo que se enfrenten la IA y la estupidez natural. En mi modesta opinión, el paradigma de una historia que enfrenta a la estupidez con la IA podría ser “el aprendiz de brujo”. Señalaría que, también desde mi punto de vista, hay dos cosas que cualquier estúpido puede manejar y le hacen muy peligroso: una pistola y un teléfono móvil. No he querido llegar a este punto en mi historia y he decidido enfrentar a dos estúpidos, recurriendo a diferentes herramientas para hacer estupideces.
El cuento de la ruleta y el número premiado.
Juan Retamosa del Pradolongo tenía dos pasiones: la informática y el juego. Cuando no estaba en su despacho dándole a las teclas, estaba en el casino apostando en la ruleta. Todo era cuestión de números. Se propuso elaborar una aplicación capaz de predecir los números que saldrían en una mesa de ruleta, establecería el patrón de una mesa determinada.
Gastó mucho tiempo y dinero en hacer la aplicación; cuando terminó, preguntó a su ordenador:
— ¿Puedes establecer qué número va a salir en la mesa de la ruleta?
— Necesito una secuencia exacta de mil números.
Juan se hizo asiduo del casino y de la mesa número cuatro. Iba anotando en una lista los números que eran premiados. Tubo que empezar la lista unas cuantas veces porque siempre se le escapaba algún resultado o algún jugador le distraía o empujaba. Le llevó tiempo elaborarla.
Alimentar la máquina con la secuencia también ocupó más tiempo del que esperaba. Se saltaba algún número, pero terminó al fin.
Al clicar el indicador “calcular” en la pantalla del ordenador, la máquina pareció ponerse a pensar. Durante tres días, una línea oscilante estuvo recorriendo el monitor. Por fin arrojó el resultado:
— Después del cinco y el diez uno detrás de otro, el siguiente número premiado será el veintitrés.
Inocencio Cuadra de Medina era un superviviente que quería dar un pelotazo. Disponía de algún dinero y decidió apostarlo en la ruleta. Quería jugar sobre seguro, decidió visitar a una gitana que tenía fama de adivina. Cobraba diez euros por sus servicios adivinatorios. Le ofreció veinte por la garantía de que no fallaría su pronóstico.
La gitana barajó las cartas; el primer naipe que salió fue un cuatro de bastos.
— Deberás jugar en una mesa relacionada con el cuatro.
Arrojó otros dos naipes, un cinco de espadas y un diez de copas.
— Deberás esperar a que en la ruleta salga un cinco e inmediatamente después un diez. Si no van uno detrás del otro, no funcionará.
Siguió arrojando cartas y contando los descartes hasta que apareció el as de oros.
— Veintitrés cartas he contado; deberás apostar por el veintitrés.
Juan llevaba dieciséis horas en la mesa número cuatro del casino, esperando con paciencia el cinco y el diez a continuación. Cuando Inocencio llevaba diez minutos esperando en la mesa, la bola se quedó quieta en el escaque del cinco; en la siguiente jugada, en el del diez. A ambos se les iluminó el rostro y apostaron todo lo que tenían al veintitrés. Ambos indicaron al groupier, casi al unísono:
— Todo al veintitrés.
— Señores, todo al veintitrés... ¡No va más!
La ruleta giró y la bola iba de un lado a otro saltando entre los números; por fin se paró.
— ¡Cero! — Cantó el groupier.
Un chino, que recién había llegado a la ruleta y arrojó su ficha con los ojos cerrados, comenzó a aplaudirse.
¿De verdad, querido lector, llegó a pensar que saldría el veintitrés?
Más enfrentamientos aquí.
20 comentarios:
Pues sí lo pensé. Un beso
Muy bien ejemplo, y sobre soy sincera pensé que podría acertar, aunque si fuera cierto ambas cosas,creo que habría más millonarios.
Esto determina que necesitamos creer en algo.
En esta ocasión a una máquina y una pitonisa
Luego el libre albedrío juega una parte fundamental en nuestras vidas.
Gracias, por ser anfitrión , un abrazo.
Eu duvidaria que fosse tão matemático assim... Mas o chinês de deu bem! Adorei teu conto e participação! abraços, chica e tudo de bom!
Las ruletas pueden estar arregladas: el manejador suele presionar un boton para alterar el resultado
Pedirle el resultado a una IA o a una pitonisa es el mismo desatino.
Ya la teoría del caos previene de confiar en que pueda anticiparse el número que saldrá.
Saludos.
La IA puede dar probabilidades, pero no hacer predicciones.
Un saludo.
Hola Campirela,
Creo que no es una cuestión de necesidad de creer, sino de querer sacar ventajas sobre algo tan frío como las probabilidades. Mezclar ciencia y azar no es un compromiso.
Un saludo, siempre es un placer anfirionar.
Hola Chica,
Muchas gracias por el comentario. El chino fue el único que lo hizo bien, quizás porque lo hizo despreocupadamente.
Un saludo
Olá Chica,
Muito obrigado pelo seu comentário. O rapaz chinês foi o único que fez tudo certo, talvez porque tenha feito sem se preocupar.
Atenciosamente,
Hola JC,
Desde luego hay amaños, lo que sería una ventaja para las predicciones. El azar no se puede predecir.
Un saludo
Hola Demiurgo,
Efectivamente la IA te puede dar probabilidades pero no certezas, la adivina se dedica a dar certezas infundadas. Lo único cierto es que si siempre apuestas al mismo número alguna vez tocará, pero no sabes cuando.
Un saludo
Jajjajaja, muy buena historia, me tuviste con la duda sobre lo que sucedería la final, y como siempre el chino fue el ganador.
Realmente muy buena, un placer leerla.
Un abrazo.
PATRICIA F.
Jaja... impecable forma de revelarnos las consecuencias de estos intentos de torcer la suerte y ganarle al azar. Ni martingala tecnológica ni gitana adivina, solo el buen Dios sabrá lo que nos deparará la suerte. Un abrazo
jajajaja yo misma que vivo en los mundos de colorines (a veces) jajaja pensé que le iba a quitar el premio el de la gitana.
Genial, la estupidez humana, queriendo saber el futuro.... somos así y no lo podemos evitar, por eso la IA nos ganará, tenemos esa debilidad.
Gracias por la convocatoria ;)
Hola Patricia,
Muchas gracias por el comentario. Me ha quedado un poco larga. Me alegro que te haya gustado. Realmente, menos los apostadores, todos han sacado algo.
Un saludo.
Hola Mónica,
Dices bien cada cosa sirve para lo que sirve, la IA para darnos probabilidades y las cartas para jugar. Y Dios sabe lo que nos deparará las suerte y nuestras decisiones, pero no nos lo dice ni por el ordenador, ni por los naipes... puede que leyendo los posos del café, pero ni con esas.
Un saludo.
Hola Sylvia,
Muchas gracias a ti por comentar y participar. La verdad es que la estupidez se agarra a cualquier resquicio que pueda.
Un saludo.
Jajajaja
Puestos a creer, creo más
en la gitana, jajaja .
Me ha superencantado tu cuento, creo que estoy enganchado a ellos.
El azar es el azar, y eso alguien que sepa el mínimo de estadística debería tenerlo claro *.* Además, en el Casino quien siempre gana es la Banca.
¡23!
Genial relato y convocatoria, Luferura.
Un saludo juevero
Hola Tracy,
Muchas gracias por el comentario y, sobre todo, por tu muy generosa opinión sobre mis cuentos.
Un saludo
Hola Dafne.
Muchísimas gracias por el comentario y tu opinión sobre la convocatoria, pero la calidad es la vuestra y de lo que escribís.
Y efectivamente la IA sólo puede dar probabilidades pero adivinar... mejor a los videntes que fallan igual.
Un saludo
Publicar un comentario